lunes, octubre 29, 2018

Mi primer lunes con 43







Aquí estoy, mi primer lunes con 43.
Inicié esta nueva vuelta al Sol con una luna llena que me puso a tope de power. Esa noche la Mariposita y yo hicimos una cheesecake. Creo que es la cuarta o quinta que hacemos, y tengo que decir que nos estamos profesionalizando. Esta vez, de la tarta completa a las migas, pasaron apenas minutos. 
Mamá me trajo flores, y LaMariposita estaba a punto del infarto con la emoción. Me hizo unos dibujos y una carta, que creo que son mi posesión de más valor en estos momentos.
Los pajaritos del backyard se pusieron en filita, y me cantaron desde bien temprano.
Y ya, para rematar, llegaron las Vanesas de los Cardos. Cienes, miles. Están por todas partes.
Sé que es un acontecimiento, con una estupenda explicación científica, pero hoy, recién estrenando mis 43, voy a tomarlo como una señal de confianza. De todo es posible. De tranquitronca, lo tienes al alcance de la mano.
Si pudiera volver atrás, cuántas notas de esperanza le hubiera dado a la Violeta del pasado. Si se hubiera podido imaginar lo que estaba por venir, no hubiera pasado ni un solo cumpleaños  encerrada en modo mejillón... Qué bien la vida.
Que alivio la vida.

sábado, octubre 20, 2018

París era una fiesta










La primera vez que pisé París fue en 1996, y ya cuando me metí en el avión de regreso a casa, tuve la certeza de que volvería.
La segunda vez fue en 2009, y aunque tengo todo el viaje como en una nebulosa, porque mi cerebro ha decidido prescindir  de esos recuerdos, si que tengo clara la misma certeza al regresar.
La tercera vez fue en 2016, y tengo ese viaje fresquito en el recuerdo y todas las emociones que experimentamos.
Acabamos de volver de mi cuarta vez en París.
No sé si me une algo físico, o místico y todavía sin descubrir, con esa ciudad. Pero la realidad es que desde que pongo un pie allí me siento florecer. Me invade la fé, y me creo que todo, absolutamente todo es posible. NotreDame me cambia la energía, y me deja sumida en un estado que me resulta muy difícil definir, pero que se le acerca bastante a lo que siento determinados días frente al Atlántico.
Sus calles, sus parques, y la majestuosidad de sus edificios me atrapan por completo.
Esta vez nos fuimos a patear París. Sitios típicos, y sitios reservados para los parisinos. Con un guía de excepción, y con una niña ávida de descubrimientos.
Yo me quedé enamorada, una vez más, del otoño y los árboles.. a Emma le encantan las pirámides del Louvre, y la Torre Eiffel. Se pasa el camino buscándola entre los tejados. Sorprendiéndose cada vez que la encuentra.
Paseamos por el Sena, y comimos los mejores macarons de París, que no son los de Ladurée como se dice por ahí.
Volvimos a EuroDisney, y volvimos a dejar a un lado los complejos y los prejuicios (míos sobre todo), y saltamos y brincamos como si las dos tuviéramos la misma edad. Tengo que reconocer que en esto Emma no tiene ningún mérito. Y volvimos a emocionarnos con el espectáculo nocturno.
De este viaje me traigo la capacidad de expresión que tiene Emma. Es capaz de verbalizar sentimientos y emociones, y de hacerlo sin dificultad. Nunca había reparado en ello con atención, pero en este viaje mi di cuenta de que tal vez esto puede no darse siempre, y de ahí derivarse algún que otro problema.
Nos volvimos a casa, y ya en el avión, decidimos que en cuanto llegáramos, lo primero que haríamos, sería poner la hucha para volver.

lunes, octubre 01, 2018

Música, punto y cheesecake






Es lunes, y primero de mes. Estoy flipada? Estoy flipada.
Vete para atrás, y lee, que lo he dicho un montón de veces. Me flipo con la hoja en blanco.
A estas horas, ya tengo tachada la mitad de la agenda de hoy. Cómo cambian las cosas cuando las acometo con ganas.
Aprovecho el descanso para venir aquí y dejar unas letras. Que hemos vivido otro fin de semana de esos de mucho hacer de todo.
El viernes tocó Guineo Colectivo, que si no lo has escuchado, no sé a qué estás esperando. Encima lo hizo en un escenario que tiene que ver con parte del trabajo que he hecho este verano. Es reconfortante ver que lo que hago no solo se queda en los papeles. Y ciertamente, el montaje quedó espectacular.
El concierto fue estupendo, como siempre. Los pies se te van solos, y ver a LaBajista ahí dándolo todo me llena de orgullo y satisfacción, como decía aquel.
Aprovechamos el paseo por el recinto para que MiMariposita se diera una vuelta por la fiesta. Siete años tiene, los mismos que ha estado sin ir a "los cochitos". Aquí tengo un puesto de honor en la lista de malamadre. O eso me dice todo el mundo. Yo creo que ha vivido perfectamente y feliz, sin haber pasado por aquí.
Encontramos a una amiga suya, y sirvió de excusa para probar algunos, tampoco te creas que se flipó mucho. Mostró "interés colectivo" que suelo decir. No sé si esto sentará precedente, o pasará sin pena ni gloria. Espero, que más lo segundo que lo primero, por mi bien mental.
El resto del fin de semana entre otras obligaciones y paseos, hicimos una cheesecake de chocolate. Por deseo expreso de la pinche. He conseguido un molde pequeño, y con el libro de Alma Obregón de recetas, esto es coser y cantar, o cantar y cocinar, mejor dicho.
He visto lo entusiasmada que estaba Emma cocinando, y las ganas con las que se comió su trozo de tarta. Esto me ha dado una idea maravillosa, para conseguir que pruebe más comidas. No entiendo cómo no se me ha ocurrido antes.
Y ayer con silencio, calma y mucho bienestar, he terminado mis nuevos calcetines. Los he llamado Carabela Portuguesa. Los empecé hace unas semanas, y en tres días hice el primero y toda la pierna del segundo. Solo me quedaba el pie del segundo calcetín. Lo retomé, más pendiente de la serie que del patrón, y continué por donde no era. Me di cuenta al llegar a la puntera, y esta vez, y sin que sirva de precedente, no tiré de la hebra. He decidido salir de mi zona de confort, y abrazar mis errores. No sabes lo que me está costando, si te digo la verdad.
Es un gran patrón, y pese al fallo, estoy contentísima con el resultado y deseando estrenarlo.