sábado, septiembre 15, 2018

El día de Isabel Pantoja









Ayer fue día de fiesta aquí, aunque realmente el día de la fiesta es hoy. Esas cosas que se hacen desde los despachos para quitar días laborales.
Se celebra el día de la Patrona de la isla. La Vírgen de la Peña. Que si nunca has oído hablar de ella, te invito a que le preguntes a Google. El sitio es bonito de ver. La tradición dice que hay que ir vestido de romero, y en romería. Subir una montaña, bajarla, y luego caminar en llano unos cuantos kilómetros. Durante todo el día van llegando romeros o ciclistas. Ayer más los últimos que los primeros.
Yo lo de las aglomeraciones lo llevo mal, pero el paseo no me lo pierdo. Así que vamos en coche, y por la mañana, cuando todavía no hay demasiada gente. Hasta que MiMariposita tenga ganas de ir andando, que cuando llegue ese momento, no me voy a poder librar.
Ayer fuimos, cumplimos con el resto de la tradición, y nos volvimos a casa.
Antes, pasamos por la finca de los primos y nos llevamos como 6kg de mangas, con permiso por supuesto, que eso de robar fruta está muy feo.
Estando allí, me reafirmé en la necesidad que tengo de tener jardín, árboles, huerto, y el abrir la ventana y ver tierra. Todavía queda un poco para eso, pero mi jubilación la tengo clara, en cómo y en dónde.
Ya en casa, como cada viernes: pasta y helado. Y siesta.
Normalmente no duermo siesta. Nunca. Y MiMariposita tampoco. A los 18 meses decidió que lo de la siesta era una pérdida de tiempo y nunca más. Así que a medio día en esta casa, unas leemos, o tejemos, y otras juegan sin descanso. Pero ayer, el paseo mañanero, el calor, la pasta... pues me dormí. Tranquila y plácidamente. Y qué bien sienta la siesta, la verdad.
Cuando me desperté tenía la merienda preparada, con todo lujo de detalles.
Realmente me doy cuenta de cómo ha pasado el tiempo por nosotras por estas cosas. Que yo me duerma una siesta y que ella venga a dejarme cosas  al lado, mientras me respeta el sueño. Siete años nos han traído hasta aquí. Y creo que antes era tal vez más cansado, pero menos difícil.
Estos días me sorprendo ante preguntas a las que tengo que darle cuarenta vueltas antes de responder. Y creo que peor la mejoría. Ella tiene una curiosidad infinita, me pregunto de quién la habrá heredado (ironía), y aunque responder en plan Capitán Fantastic me parece ir muy lejos, sí que no quiero caer en mentiras, falsedades o inventos. Por eso me planteo cuarenta veces cada respuesta.
Y en medio de estas cuestiones me da por poner la tele en el ordenador, que la tele de verdad está completamente monopolizada, para empezar a tejer mientras me distraigo con ruido de fondo. Y pongo telecinco, y veo que Isabel Pantoja está hablando en directo. Y les veo las caras a los comentaristas. Y la oigo decir que la hija no la llama porque ella la va a regañar porque no le gusta cómo la hija maneja su vida. Sigue hablando. Desahogándose. Y yo ya no oigo a Isabel Pantoja, estoy oyendo a una madre que está triste, angustiada, y muy desesperada. Y encima no es algo que ella sola sepa, o en su círculo, sino que un tema público en el que todo el mundo opina.
Y no voy a entrar en si cobran o no cobran, en si se lo merecen o no.. no me importa nada de eso. Lo que me paraliza es que una madre sienta eso. Qué puede ir pasando a lo largo de la vida de una relación madre-hija para que se llegue a esto.
Entro en el debate interno horrible de que si haces las cosas de una manera consigues unos ciertos resultados, o si lo haces de otra, otros. Y de pronto caigo en la cuenta de que puede que todo eso de igual. Las cosas a veces no son como uno quiere/pretende, y nada puede hacerlas cambiar. Somos personas distintas, los hijos de los padres, cada uno tiene su carácter, su ego, su manera de funcionar. ¿Y si no nos entendemos?. Se me hace un nudo en la garganta y en la barriga. Me pasa una gota de sudor frío por la espalda imaginando a una Mariposita rebelde, inconsciente, con mala vida, y sin nada que hacer para evitarlo.
Isabel Pantoja termina de hablar. Le ha regalado 1hora y 20 minutos de supergloria al programa que probablemente sea el que peor la trata. No tengo muchas dudas de que esto tarde o temprano terminará añadiendo ceros a su cuenta bancaria. No me importa. Hoy, Isabel Pantoja, a mi me ha descubierto una posibilidad que hasta ahora no contemplaba, y es que aunque lo hagas muy bien o muy mal con los hijos, nada te garantiza los resultados que pretendes. Puede que ahora esté entendiendo lo que dice mi madre con mucha frecuencia: qué te queda, confiar en ellos (los hijos) y rezar. Pues va a ser eso.
Yo apago la tele, y me pongo a Fredi Leis, que estos días me hace mover los pies, y me despierta las mariposas, y tejo, tratando de entrar en el modo piloto automático, que Isabel Pantoja hoy me apagó.

lunes, septiembre 03, 2018

Lunes de plantas y lentejas
















Lunes, el primero de septiembre.
Lunes, de madrugón, de rutina, y de lentejas.
A mi me gustan los lunes, me gusta el principio de cada mes, y por supuesto septiembre. Cualquier cosa que me ponga el en modo "comenzar" me motiva. Esa sensación de la página en blanco para poder empezar de cero, es pura gasolina para mí. No porque pretenda hacer arder todo, sino en el sentido de combustible para mi motor natural. Vamos, que a mi, septiembre y lunes, me pone.
Ayer, mientras estaba en casa, y hacía trabajo mental para empezar la semana con ganas, me dediqué a hacer cuidado de plantas. Nunca pensé que esto pudiera reportarme alegría y contentura.
Cuando era chica, mis abuelas, ambas dos, tenían porches en sus casas llenitos de plantas. Cada una de ellas tenía su especialidad, y hacían multiplicación botánica (que le dicen ahora) de muchas especies. Ahora me doy cuenta de lo que las motivaba a tener tan cuidados jardines caseros. Será que estoy madurando.
Cada vez que volvemos de vacaciones, a medida que nos acercamos a casa, voy pensando en las bajas que voy a tener que contar. Porque aunque se quedan con agua y necesidades mínimas cubiertas, siempre tengo la sensación de que les falta la música y el movimiento que nosotras les damos. Yo qué sé, flipaduras mías.
Este año tuve la suerte de no tener que dar de baja a ninguna. No solo eso, sino que alguna me ha recibido con mucha alegría.
Hace meses que compré la planta de la primera foto, en el Lidl. Lo hice sin mirar etiqueta y sin más información. Ya en casa, y viendo que estaba adaptada y feliz, le vi la etiqueta: Monstera Deliciosa. Y pensé: sí claro. Pero luego me quedé dudando, y la sabiduría de la red me confirmó que así era. Esperando a que se le rompan las hojas estoy.
De entre las plantas que tenía en casa, está un potos colgante, que ha crecido como loco, y al que le voy enredando las lianas de hojas sobre sí mismo, porque ya casi puede llegar al suelo. Puede que sea el momento de ir cortándole algunas ramas.
Por estos lares soy un poco famosa por esta manía que tengo de ir robando esquejes. Igual es el espíritu de mis abuelas que me llevan a recordarlas mientras intento reproducir plantas. Este verano solo he robado unas pocas plantas: un potos (que sigue en un bote con agua) de la consulta de la dentista, un romero, (que parece que está contento y va a pegar) de casa de mi tío Juan, una lengua de tigre de casa de mi madre; por último, a principios de verano me llevé esta Tradescantia (he googleado el nombre, y lo mola todo), que parece que se multiplica rápidamente, de los jardines de un hotel. Robé también un hijo de un aloe vera, pero tardé en meterlo en tierra y murió. Minuto de silencio. Volveré a intentarlo, porque una casa sin aloe es como un jardín sin flores. Y ya que viene al caso, revisando los bulbos, veo que las calas están brotando nuevamente.
Tengo que confesar mi amor eterno a los bulbos. Tu los dejas ahí, aburridos y olvidados en un tiesto, y cada año, cuando los planetas se alinean, ellos brotan. Me encantan.
Y ya con el jardín arreglado, nos vamos a las lentejas. Ya sabes, lunes y lentejas. 
De un tiempo a esta parte tengo que poner toda mi energía en la comida, porque tengo aquí una comensal de lo más exigente. Exige no salirse del menú que tiene conocido y probado desde que empezó a comer sólido, y yo estoy más aburrida que una ostra perlera de comer siempre lo mismo. Así que desbordo creatividad para engañarme y camuflar los platos de siempre y que no me aburra soberanamente. Porque hacer dos menús está totalmente fuera de toda posibilidad. 
Hoy, crema de lentejas, con rúcula, yogur griego y semillas. Las cremas admiten tantos ingredientes que son caballo ganador.
Y ya con las plantas atendidas y las lentejas en postpandrial, me voy a leer trabajar un rato. 
Buen lunes! Buen septiembre!