jueves, junio 28, 2018

La nostalgia









Esta mañana me levanté al alba, para hacer las cosas con calma, y dejar preparado el almuerzo. Es cierto que normalmente lo hago por la noche, pero un error en la agenda de descongelación de las materias primas no me permitió dejar el potaje hecho anoche. 
Sí potaje, porque una cosas es luchar contra el calor y otra la supervivencia. Y si hay que alimentar una niña ciertamente problemática para comer, y lidiar con las miles de cosas que tengo que hacer, mejor ir sobre seguro. Le sacas un plato de potaje con un poco de queso tierno, y sabes que está alimentada. Es como la leche con gofio del desayuno. En fin, que me pierdo.
Esta mañana mientras preparaba la verdura, en el momento de pelar la primera papa, me invadió la nostalgia. Me vino a la mente un recuerdo, la verdad es que me pasa siempre que pelo papas, pero normalmente estoy atenta, y con ágiles movimientos de despiste, consigo apartar dicho recuerdo rápido.
El recuerdo es como todos los que te muerden el corazón de pronto, con esa sorpresa y dolor de lo inesperado, un movimiento rápido y certero, y te queda el cuerpo como si hubiera recibido un zarpazo.
No soy capaz de saber cuántos años tendría, pero calculo que sobre 10 o 12, fue en Antigua, en casa de mi tía connombredepaísbajo. En su casa eran ocho a comer cada día, seis niños con uno o dos años de diferencia entre cada uno. Una casa donde se comía lo que se cultivaba, y se trabajaba de sol a sol. Me encantaba ir a casa de mía tía connombredepaísbajo, mi tía hacía el mejor caldo de papas del mundo, con cilantro y huevo. Pelaba papas, un montón de papas. Y las iba depositando en uno de esos cubos de hierro galvanizado que ahora están tan de moda. El recuerdo es justo esta imagen. La cocina de mi tía, ella sentada a la mesa, frente al cubo, mientras pelaba papas.
Cuando iba de visita, y veía el cubo en la mesa de la cocina, hacía todo lo posible por quedarme a comer, y sentarme a su vera mientras llenaba el cubo de papas peladas y partidas. 
Mi tía connombredepaísbajo hablaba poco, pero se reía mucho. Se asombraba por casi todo, y crió seis hijos que hace dos años dejó huérfanos de madre. La mayor parte del tiempo no me acuerdo de que ya no está. Entonces se me cruza una papa que pelar por el camino, y la certeza de su ausencia duele más que si me hubiera cortado el dedo mientras mondaba la papa. 
Esta mañana dejé que la nostalgia de su recuerdo se instalara en mí, y he pasado todo el día con una penita en el centro del cuerpo que no he podido evitar.
Esta tarde, le planté cara, y aunque lo que realmente me pedía esta tristeza era hacer un caldo de papas, encendí el horno, e hice unas medias noches. Las hice pensando en que iban a ser un fail, pero para mí sorpresa, han sido un éxito total, y casi ha caído la bandeja entre la cena y la merienda. Seguí la receta de la Sr.Webos en thermomix.
Y de vuelta al sofá, en esta larga tarde de últimos de junio, nos hemos puesto a leer, últimamente viene siendo muy habitual. Se apaga la tele y cada una coge su libro, antes de iniciar la rutina de noche. 
En un momento que he levantado los ojos de mi lectura, he visto a Emma tan concentrada en su libro, y he pensado en lo mucho Emma habría disfrutado en casa de mí tía  connombredepaísbajo.

viernes, junio 22, 2018

Allá va primero de primaria




Cada vez que algo se termina, y yo siento que ha sido muy rápido, se me viene a la mente el "allá va Bill", de Alicia en el País de las Maravillas. Donde Bill, sale disparado de la chimenea, dejando una estela de hollín. 
Hoy, en lugar de Bill, lo que salió disparado fue Primero de Primaria.
Empiezo a entender que cuánto más mayor me hago, más deprisa me parece que pasan las cosas. No es que ya sienta que estoy en tiempo de descuento, pero sí que siento que éste se acerca peligrosamente. El escalofrío que me recorre la espalda es inevitable cada vez.
Así han acabado las playeras. Me gusta verlas. Son playeras usadas, vividas. Tienen encima un montón de carreras, de saltos, y de caídas. Nueve meses de uso ininterrumpido, que han mantenido sus pies a salvo durante todo el tiempo.
Estos últimos días cada vez que las limpiaba, les hablaba bajito, al estilo Marie Kondo: por favor, aguanten hasta el último día, que no estamos ahora para comprar unas nuevas para tres días que faltan de curso. Y afortunadamente me han hecho caso.
Este año, ha sido emocionante, sobre todo por los avances. Emma lee perfectamente, y ha dejado de leer cuentos, para leer novelas. Literalmente. Dicho por ella. Y viene a ilustrarme, "las novelas tienen capítulos, mamá". Y acto seguido pone es cara de suficiencia de "es que tengo que explicártelo todo".
A mí me da entre risa y asombro. Porque farruca (que se dice por aquí) me ha salido un poco.
Este año han empezado también los "cuentos", interminables, de todo lo que pasa en el recreo:... fulanita trajo para el desayuno cereales, y entonces menganita le dijo que le compartiera uno, que ella no los había probado nunca, y.. ¿sabes qué le dijo?, que no.. eso es de ser egoísta... y bla bla bla..
Las vueltas a casa vienen siempre con la misma banda sonora: mamá, ¿y sabes que?.
Puede repetir esta pregunta doscientas cuarenta veces, con el mismo entusiasmo que la primera vez.
Las matemáticas empiezan a interesarle, sobre todo para hacer cuentas, que se pasa el día sumando y restando. Resta días para salir corriendo para NuestroNorte, suma frutas que come durante la semana, y así en bucle. Empezando de cero cada lunes.
Durante el curso ha ido de excursión al campo y la playa, a la biblioteca y a unas cuantas obras de teatro. Han habido estupendas actuaciones, algo que este cole se toma muy en serio, y yo me he puesto en modo MadrePantoja cada vez. Pensaba que con el tiempo lo iba a llevar mejor, pero nada que ver. 
También este año, di un paso al frente y pasé a formar parte del equipo del ampa, y no solo me ha supuesto un gran trabajo, me ha dado la oportunidad de entender el funcionamiento del centro desde dentro, y de colaborar a mejorarlo. He tenido la gran suerte de dar con gente estupendísima, que me han enseñado un montón. Y ahora se me acercan por la calle, y por los pasillos, a la voz de "oye, tu que eres del ampa, no podrían mirar esto de aquí". Siendo "aquí" cualquier cosa.
Atrás dejamos un montón de horas extraescolares de inglés, y todos esos kilómetros para llegar a la sala de danza. 
Ha sido un año agotador, para qué nos vamos a engañar. Y tengo la pequeña sensación de que esto no será más que el principio, así que cogemos el verano con ganas, muchas ganas. 
Repondremos fuerzas. Comeremos más fruta. Nos daremos baños de mar. Y nos iremos a ver algo de mundo.

lunes, junio 18, 2018

Feliz cumpleaños blogueril








Hace 14, a esta hora más o menos, se me cruzó por la mente la idea de abrir un blog.
Fue un pensamiento fugaz, pero que dejó una huella en forma de estela, que aún hoy recuerdo con alegría y cosquilleo en la barriga.
Vengo menos de lo que me gustaría, y tengo autocensuras que me limitan mucho las palabras. A veces sueño con soltar un "a la mierda con todo". Pero luego encuentro cada una de las razones de esas mordazas, y se me pasa ese sentimiento kamikaze.
Ponerme delante del teclado y dejar respirar los dedos es mi terapia. No te creas que por no ver mis letras aquí, es que ya no escribo, nada más lejos. Ahora acumulo libretas, y gasto bolígrafos.
En estos catorce años han pasado muchas cosas. Ha pasado la vida.
Se han eliminado personas, unas las ha borrado la vida, a otras las he borrado yo (Gracias a Dios).
Soy mucho más feliz ahora, claro que sí. Y también mas segura, y más serena, y sobre todo más pasota. Ya no dudo de que saldremos adelante. No dudo de mis fortalezas, y mi mantra es: Todo pasa.
Mis miedos han mutado, y aunque he vencido algunos, otros siguen intactos. Sigo siendo gatufóbica, y la vida me ha regalado a una niña que es la amante de los gatos número 1.
Sigo tejiendo mucho, veo amor en cualquier esquina, encuentro magia en mi Atlántico sonoro, y la paz en una taza de CaféCafé.
Después de todas las entradas de desesperanza que hay por aquí, encontrarme así ahora, me reconcilia con la vida.
Benditos todos los muertos de mi armario, si cada uno de ellos contribuyó a que hoy estuviera aquí.
Brindo por las letras, por los posts de canciones, por los cafés virtuales, y por seguir encontrando la forma (a pesar de la censura) para llegar hasta aquí.