lunes, abril 16, 2018

Yo me alineo los chakras tejiendo









Lunes. Lunes de esperas y sin noticias.
Recuerdo cuando era joven y delgada, como dice siempre mi compadre, siempre estaba esperando. No recuerdo bien qué esperaba, pero siempre estaba ansiosa y esperando algo. Bueno, malo, quien sabe. Esperando.
Desde que no soy tan delgada pero un poco más mayor, (y madura, espero, o no tanto, no sé), no espero. Nada en general, de nadie, de nada. No espero nada de nada. Me va mucho mejor, o eso creo.
Pero hay lunes, que espero noticias. Y todo ese arte zen que cultivé concienzudamente durante el fin de semana se va al garete, y se me desalientan los chakras, y se me altera el chi.
La cosa es que desde el viernes sabía que el lunes iba a ser uno de esos lunes ansiosos, y por tanto, me dediqué a construir una atmósfera zen. Que traducido del violeto, significa comer bien, tejer mucho y amortizar netflix.
Este fin de semana tejí una barbaridad. Tengo que reconocer que he ido adquiriendo con el tiempo una velocidad con las agujas de la que me siento muy orgullosa, para qué te voy a contar lo que no es. Mi amiga del alma, salía hoy lunes con su bebito de viaje, y me pidió encarecidamente unos gorros. Ella me facilitó la lana, y yo puse la mano de obra. En un par de horas gasté los dos ovillos que me trajo en dos gorros de esos de satisfacción inmediata y doble, porque ahora sé que este niño lindo está recorriendo Granada con sus orejas a cubierto, para dejar de lado todo tipo de gérmenes y viruses. Si no lo sabes te lo explico: los virus entran con el frío que te da en las orejas y en la boca. Esto es un conocimiento ancestral que se te desarrolla de manera espontánea en cuanto te reproduces.
Fíjate cuando hay un poco de aire fresco y hay niños, vas a escuchar a las madres y a las abuelas decir: boca cerrada boca cerrada, para que no te entre el frío. Bueno, pues si lo has oído ya sabes por lo que es.
Después de un par de cafés, y con la velocidad en los dedos, retomé las pinwheel jackets. Deberíamos salir a hacernos una sesión de fotos digna, pero es lo que tienen las prisas y el poco tiempo. Y también por ahorrarle el suplicio a Emma, que cada vez que le voy a poner algo que le tejo para sacarle una foto,  me pone una cara de sufrimiento y hastío que me come la moral. De momento y con la subida progresiva de temperaturas que estamos teniendo, creo que se van a quedar sin estrenar hasta el próximo invierno. Tengo que decir que han sido una labor maravillosa, por lo fácil, y la cantidad de ovillos que he quitado del medio.
Seguí tejiendo, porque aún debió de quedarme algún chakra por ahí mal puesto, y haciendo un grandioso esfuerzo, no empecé nada nuevo. Retomé la Umaro Blanket, y ya no es que me tape con ella, es que directamente me envuelvo. Ya tiene un tamaño más que aceptable, pero en el instante de la foto, me quedaban aún dos ovillos por usar. Me planteé dejarla así, pero claro, que iba a hacer luego con los dos ovillos restantes. Así que nada, tiré p'alante. En estos momentos me queda solo un ovillo, y la manta ya da para cubrir todo el ancho de la cama. Va a ser una manta manta, de las de hacerse un churrito.
Y todo esto lo tejí viendo toda la quinta temporada de The Americans, que la tenía por ahí aparcada. No sé si ya he dicho la especie de ternura que me producen estos espías cambiando constantemente de aspecto físico, y sin teléfono movil o cualquier otra tecnología.
Hay días que me parece que va a llegar el apocalipsis o un ataque nuclear, y entonces me dedico a cocinar todo lo que tengo en la cocina. Resultado de estos ataques son los cuatrocientos tuppers que van llenando el congelador, y que para días como los de este fin de semana me aligeran tanto el trabajo. Estos días saqué un caldo de esos que hice en invierno a baja temperatura en la crokpott. Maravilla de aparatito. Va llegando el momento de otro ataque de estos porque este era el último tupper de caldo. Acompañado de pan de centeno, y queso majorero.
¡Ah! el pan de centeno, otra cosa que tienes que probar si no lo has hecho ya. Fuerte cosa buena. Y el chucrut con puerro y cúrcuma, mucha cúrcuma. Cuando lo hago me parece que he hecho un montón, cuando se va acabando siempre pienso: ¿por qué no hice más?.
Y hoy, que sabía que iba a ser un día de ansiedades varias, salí a la calle con la chaqueta que MiLoli me tejió. Cuando tengo días así, busco cosas para tener a la gente que quiero, cerca. Las personas que me abrazan y me reinician como dicen por ahí. Esa gente que me encantaría tener cerca pero que están lejos.
Y pasó el día, y la chaqueta hizo su función, y la alineación de los chakras, pues casi que también.

domingo, abril 08, 2018

Ni un jardín sin flores, ni una Semana Santa sin semla








Pues justo eso. Aprendí lo que era un semla hace como tres año, testimonio gráfico del 2015, 2016, 2017, y desde entonces forma parte de esas pequeñas constantes que se están convirtiendo en tradición en nuestra vida.
Me gustaría que cuando Emma fuera mayor e independiente, lo que se le venga a la mente de su infancia fueran las largas partidas de parchís, las canciones que bailamos y cantamos, los libros que leímos y el aroma de todo lo que sale del horno, entre muchas cosas.
De los semlor poco más puedo contar, porque lo llevo haciendo desde hace unos años, lo de contarlo, digo. Solo que merece la pena hacerlos, el momento atorrijamiento es tocar el cielo, de verdad de la buena.
Esta Semana Santa, también hemos sido fieles a nuestras tradiciones, MiNorte, aunque cero playa, porque fresco hace un rato, y este invierno que hemos logrado superarlo sin fiebres ni toses, no voy a ser yo la que ponga en riesgo esta salud que tenemos. Como digo, la playa la hemos visto de lejos, contando los días de frío que quedan para ir a remojarnos felices, que ganas tenemos unas pocas.
Bollos atorrijados para merendar o desayunar, libros a media tarde, y muchas agujas.
Después de la merienda, entre la ducha y la cena, hemos ido cogiendo la costumbre de leer. Parece increíble que estemos en este punto, cada una con su libro, y compartiendo el rato de silencio en el sofá. Emma está leyendo historias de grandes mujeres, y yo he vuelto al lado de la literatura latina, que hacía mucho tiempo que no me rondaba por este estilo, y casi había olvidado lo mucho que me atrapa.
En las agujas he tenido estos días una Camila Blanket, que ha sido un proyecto muy llevadero y apetecible durante estos días. Lo he tejido casi en piloto automático. Satisfacción casi inmediata.
La banda sonora ha corrido a cargo de Estalactitas, en casa, en el coche, en cualquier momento.
Así ha sido nuestra Semana Santa, tradicional, y tranquila.