viernes, septiembre 22, 2017

Yo no quería, no todavía, pero ya que estamos.... Bienvenido Otoño






Son las casi ocho y media de la tarde. Es viernes. Y en casa estamos ya cenadas, duchadas y con el pijama puesto. No es de noche, pero ya está oscurecido. No hay manera de evitarlo, así que llegados a este punto, me hago como rama de árbol y me vuelvo flexible. De nada vale cuadrarse.
Si, ya sé, la mayoría está contento con eso de la llegada del Otoño, bueno, más que del Otoño, la bajada de temperaturas, aunque sea unos graditos, y si puede ser, algo de fresco con lluvia.
Pero mira, qué quieres que te diga. Yo no. Que sí, que el Otoño es bonito (aquí nos lo imaginamos) y que qué bien que llega octubre, y con él mi cumple y bla bla bla..
Pues no. A mi me gusta el calor, y andar con las piernas al aire de día y de noche. Y las cholas. ¿Se ha inventado un calzado mejor que unas cholas?
Llevo desde mayo sin ponerme un vaquero o unos zapatos cerrados, y solo de pensar en ese momento me dan ganas de llorar. Seguiré resistiéndome a ello unas semanas más.
En fin.
Tendré que conformarme con seguir yendo a la playa cuando me apetezca, que nunca hará tanto frío seguido como para no poder hacerlo y por lo menos no estarán llenas de gente. No tenemos árboles naranjas, pero tenemos playa todo el año, algo es algo.
Esta semana, por ir metiéndome en situación y que el trance fuera más llevadero, encendí el horno. Que aquí el termómetro apenas ha bajado, se nota algo por la mañana, pero poco.
Este verano, volví a hacer acopio de nata de leche de cabra. Mi tío estuvo todo el verano trayéndonos lechita recién ordeñada, que Emma bebió con gusto cada día. Después de hervir la leche retiraba la nata y la fui congelando. Estos días cuando la saqué del congelador tenía casi medio kilo de nata.
Las galletas de esta nata son simplemente un manjar. Me puse a amasar y cuando fui a darme cuenta tenía un kilo de masa de galletas. Pura felicidad.
Dividí la masa en tres partes. Una para la hornada en curso y las otras dos para el congelador.
Las galletas son tamaño galleta maría, y con los recortes, hago otras chiquitas, para el café a media mañana.
Y me pongo la novela, que no hay nada más motivador que las malas de las novelas. Estoy enganchada a la novela de la primera. Bueno, igual enganchada es mucho... pero eso, que pongo un capítulo tras otro mientras cocino o limpio. Y está bien, porque no pasa nada si pierdes el hilo durante minutos, todo sigue más o menos igual.
Y ya que tengo el horno encendido, aprovecho y hago granola. La granola casera es otra de esas cosas que una vez que las empiezas a hacer, es para toda la vida. Y ya con esto, tienes la casa oliendo a canela y a especias, y bueno, vale... igual no está tan mal el Otoño.

viernes, septiembre 15, 2017

Puente de excursión y buena comida








Hoy es festivo en la isla. Es el día de la Patrona: la Vírgen de la Peña. Es más que probable que ya haya hablado aquí de esta fiesta. Donde la gente (toda la gente o su gran mayoría), se pone un calzado apropiado y sale caminado desde donde esté, hacia la Vega de Río Palma. Debería ser una romería, e ir adecuadamente ataviado de romero, y bla bla bla... La realidad es que desde esta mañana bien temprano, hasta mañana por la mañana los majoreros y visitantes, van llegando a la Vega, unos en mejor estado que otros. Los que celebran el día, fueron hoy tempranito caminando. Los que se van a pegar la gran juerga, van a ir esta noche. Y los ciclistas que van a medir sus fuerzas y la paciencia de los conductores, van durante todo el día. El camino que sigue la gran mayoría sale desde Antigua, sube y baja una montaña, por un pequeñito sendero, y luego se caminan unos cuantos km por carretera hasta que se llega a la iglesia. Una buena pateada sí.
Aquí una que ya tiene unas cuántas décadas, empezó yendo con sus padres, solo el tramo de carretera. En los años siguientes hizo el camino entero desde Antigua, con padres y familia por la tardecita. Un poco más tarde, lo hizo con amigos durante la noche cerrada. Y las últimas veces que fui caminando lo hice bien temprano por la mañana. Desde que tengo a Emma, voy por la mañana temprano, pero en coche, y siempre y cuando, me lleven. Porque la carretera es de esas estrechas, de subir y bajar por la montaña, con un millón y medio de curvas.
Este año, fuimos temprano. Hicimos una parada técnica para asentar estómagos, y coger aire. Nos sacamos unas fotos con Guize y Ayoze, y Emma pudo regodearse leyendo todos los carteles informativos que se encuentran en el mirador... y llegamos a la Peña.
La plaza siempre la encuentras llena de los peregrinos del camino. Aunque tanto el año pasado, como este, queda patente la moda ciclista que llena la isla. Este año la plaza y la iglesia estaban tomadas por ciclistas, para mi completo asombro.
Allí nos comimos unos roscos de naranjas, que no dio tiempo ni a sacarles las fotos, nos refrescamos con agua. y emprendimos el camino de vuelta a casa.
Ya que estábamos fuera, y que nos llevaban, fuimos a uno de los restaurantes más típicos de la isla. Casa Frasquita. Está en Caleta de Fuste, un sitio completamente turístico, con una playa medio artificial medio natural, que acaban de arreglar, con un dudoso resultado. Vamos, que nosotras ahí no nos bañamos. Pero que al turista europeo parece que le vale.
Bueno, pues en medio de todo ese conjunto turístico se encuentra este restaurante. Yo recuerdo ir de pequeña, y me gusta el recuerdo que me trae a la mente, porque es el último que tengo de mi Padrino, antes de que enfermara y se fuera.
Ahora el restaurante está recién reformado y acaba de abrir puertas hace apenas un par de meses. Es curioso, que aún no teniendo nada que ver con lo que fue, estéticamente hablando, el comida es la misma. Y es muy buena.
Pescado fresco, fresquísimo. Tomates de Tiscamanita, que saben a tomates de verdad, aliñados, y escaldón de gofio.
Una buena escudilla de gofio escaldao, que como manda la tradición se come con cebolla. Y está rico. Riquísimo. Es probable que tarde en digerir todo lo que comí un par de días, pero ha merecido totalmente la pena.
Y ahora, a disfrutar de dos días de fiesta que aún tenemos por delante.

viernes, septiembre 01, 2017

El Puchero





Es 1 de Septiembre. Para los que hemos pasado casi la mitad de nuestra vida enredados en los libros, este día es cuando realmente empieza el año. He intentado ser una personal normal y adulta, y transformar mis biorritmos. Entender realmente que el año empieza en Enero, pero oye, los hábitos arraigados cuestan mucho de erradicar. Y cuando va llegando Septiembre a mi me entra prisa y ansia. Por poner a punto la mesa de estudio, por ponerme a hacer ejercicio, por empezar a leer, vamos, lo que viene siendo una lista intensa y enorme de nuevos propósitos. Ya no lucho por evitarlo. Es más, me deleito en estos momentos.
A esta hora ya he hecho una planificación minuciosa del mes, que probablemente la semana que viene me la esté pasando por la peineta, y ande corriendo de un lado a otro para llegar a todo. Pero hasta ese momento, aquí estoy, contenta e inspirada.
Estoy aprovechando un descanso para actualizar mi bloguito. Que como no puede ser menos, también está en mis propósitos: actualizar más a menudo. Veremos.
Acabo de poner el nuevo disco de Marwan, que por fin ha salido. Ya había agotado el número de reproducciones posibles del único single que salió antes del disco. Si no lo has oído, corre a Spotify!
Me he puesto a ver fotos, y me encontré con las fotos del Puchero. Y me he dado cuenta de que nunca he hablado del puchero. Nuestro puchero.
El puchero es el plato típico de fiestas de pueblo. Es decir, cuando se celebra el día del Patrón o la Patrona del pueblo, de cualquier pueblo, del tuyo, por ejemplo; la comida de celebración es el Puchero. Y da igual que sea una comida hipercalórica y grasa, típica de los días fríos. Si la fiesta es en Agosto, se mata una cabra, se prepara el caldero y se hace un puchero, porque así se celebraba antes, y ahora se celebra de igual manera.
Mi pueblo, es MiNorte, ya todo el mundo lo sabe. La Patrona de MiNorte es la Virgen del Buen Viaje. Aquí te lo voy a decir, es una coincidencia (o tal vez no, tendría que investigar sobre este hecho), que el pueblo con gente más viajera, tenga de patrona a la Virgen del Buen Viaje. Y es curioso, porque la mayor parte del pueblo, de los nativos en él, han salido. Se van, y se seguirán yendo en algún momento de sus vidas. Pero el tercer domingo de Agosto, da igual donde residas, donde te encuentres, o que planes tengas. Ese día vuelas, o nadas, para estar allí.
Y si has llegado a tiempo, esto es, el viernes, es probable que el domingo sobre las 12, estés en la terraza del Antiguo Bar Playa (ahora El Callao), de la Vaca Azul, o la del Mirador... pasando la resaca de la acumulación fiestera de dos noches seguidas de verbena y playa. 
Previamente, el sábado a la tarde noche, en casa se ha preparado un montón de verdura: calabaza, zanahoria, calabacín, col, habichuelas, papas. Se ponen los garbanzos en remojo. Y se sala la carne de cabra. Sobre las 5-6 de la mañana, se enciende el fogón grande, que en la mayoría de las casas se encuentra en el garaje, donde se establece el centro de operaciones. Se pone el gran caldero al fuego con la carne y los garbanzos primero, y algunos condimentos (una cabeza de ajos, una cebolla con clavos, un puerro). Cuando estén los garbanzos sacando el ombligo (así le decía mi abuela), se añade más agua si hiciera falta, y toda la verdura. Cuando ya esté cerca de estar terminado de guisarse, se saca caldo, mucho caldo, y se hace la sopa. A esta hora, rondará el medio día, y a quien se ha encargado de hacer todo este trabajo, le da tiempo justo para apagar el fuego, darse una duchita rápida y salir corriendo a rendir homenaje a la Patrona, en solemne función religiosa.
La función consiste en ir a la iglesia, y acompañar a la Virgen al muelle. Allí, se reúnen resacosos, visitantes, los que hicieron el puchero, y todos los invitados que van a comérselo.
Se sube a la Virgen a un barco, y se le da un paseo por el muelle chico y el grande. Algunos aprovechan el paseo para darse un baño refrescante, que el calor y el puchero de después no hacen más que multiplicar el calor ya de por sí, normal en pleno Agosto. 
Y mientras suben la Virgen al barco, Yolanda, se encarga de dar su típico grito: Viva la Virgen del Buen Viaje, y todo el mundo le contesta: Viva. Tres veces seguidas, siempre igual, desde hace, no sé... probablemente desde antes de los años que yo tengo. Y fíjate que MiNorte no es un pueblo especialmente católico, ni cristiano, más bien todo lo contrario, pero a la Virgen del Buen Viaje, no hay gato que no la vitoree.
Y se hace el silencio, en el que supongo que todos hacen lo que yo: pensar bajito y para dentro. Y Yolanda vuelve a gritar. El barquillo zarpa, y da su recorrido por la bahía. 30 minutos más o menos dura la travesía, momento aprovechado para refrescar gargantas y cuerpos.  Y el barquillo vuelve, y la Virgen con él. Se repite el mismo ritual. Yolanda volverá a gritar tres series de tres gritos. Y los presentes responderán. Luego se genera un aplauso largo, y continuo, que dura hasta que la procesión sale del puerto, de camino de nuevo a la Iglesia.
Todos los presentes empiezan a dispersarse. Se dirigen todos a la tarea ahora de degustar el puchero, que ha reposado y estará en su punto.
En mi casa este año comieron 17 personas, y fue uno de los años que menos. Hasta 25 han llegado algunos años. La terraza es el sitio perfecto para degustar este suculento almuerzo. Con una sobremesa que pasa entre licores, aguas con gas, y anécdotas varias. Se empata con el café y los dulces de media tarde, y así hasta las 7-8 de la noche, en que la gente se va retirando. Los invitados vuelven a sus casas, y los anfitriones ponen al fuego el puchero otra vez para hervirlo, y preservarlo.
Los que nos quedamos, rezamos fuerte para que el puchero haya sido bien calculado, y no sobre demasiado. Porque eso significa estar comiendo tumbito tres días. Por suerte, mi madre, que ya tiene harta práctica haciendo puchero, tiene la medida cogida, y solo un día más para tumbo nos dio.
Y se lavan los calderos, se guarda el fogón, y hasta el año que viene.