sábado, abril 01, 2017

Si quieres bailar, te llevo donde haga falta







El año pasado, Emma se puso en modo perreta para que la llevara a ballet. Se inició así un período de investigación y visita por todas las academias de ballet y danza, de nuestro pueblo.
Y así, dimos con la mejor profe de danza contemporánea del lugar. Nos hizo el favor de admitir a Emma en sus clases, ya que la edad mínima para entrar era 5 años, y no los había cumplido por entonces.
Empezó en ese momento una relación de admiración y cariño total hacia la profe, y un profundo gusto por el ballet.
Tengo que aclarar en este punto, que a mi el ballet: meeeee.
Es más, en todas esas afirmaciones que uno hace antes de reproducirse, o recién habiéndolo hecho, decía yo, que una hija mía a ballet no iría. Que ¿por qué decía eso?. Yo que sé. Porque no me gustaba el ballet, supongo.
Pero este ha sido el proceso, a medida que Emma alternaba el contemporáneo con el clásico, e iba aprendiendo el relevé, el plié, y otros... Yo los iba aprendiendo con ella. Y las dos íbamos dejándonos atrapar por el arte de la danza, cada una de una manera distinta.
Y llegó el momento en el que las dos, experimentamos un profundo crush con Sergei, al punto de que hemos visto el video el 50% de las visualizaciones que tiene ahora mismo.
Con este primer año de clases, Emma ha pisado 5 escenarios, teniendo un solo en 2 de ellos. Prueba superada con nota  todas las veces.
Y como la vida te lleva por caminos raros como canta Kike González, cuando más centrada estaba Emma con las clases, la mejor profe de danza contemporánea de este lugar, tiene que dejar las clases, y su sustituta no llega ni a la sombra de lo que era la profe titular.
Así que nos vimos este principio de año, buscando clases alternativas. Y que no encontramos, y que la niña quiere bailar, y que la madre se frustra porque no encuentra dónde.
Me puse a tejer frenéticamente unos calentadores, en busca de ideas y soluciones. Calentadores que Emma llevaba pidiéndome desde el año pasado. Los tejí en dos tardes con medio ovillo de Katia Merino Classic, y siguiendo este patrón.
Pero siempre, siempre, hay soluciones. Y fíjate que esta vez, tengo que afirmar rotundamente que este pequeño problema que se ha presentado, ha sido una gran forma de atraer a nuestra vida un montón de cosas que nos estaban esperando. Ha sido como una carambola de esas de una partida de billar.
Encontramos las clases, a unos 15km. Lo que me supone a mí, ir quitándome todos esos miedos ridículos a no querer conducir. Las clases son de ballet clásico, puro y duro, lo que ha hecho que Emma se concentre, se supere, y se acostumbre a la disciplina y a no ser la protagonista de las clases. (una cura de ego totalmente recomendable a su tierna edad de 5 años). Pero es que encima, he empezado a salir de mi caparazón, supongo que motivada por la brisa marina que baña el lugar, y me he dado grandes paseos por la avenida que hay cerca, y me he dejado impresionar por el Atlántico, una vez más. Y más tarde, cambié los paseos por los cafés. Con un camarero que al segundo día ya me trae el café tal como lo quiero sin pedírselo, que me llama cielo, y que me deja tranquila mientras leo. Y días más tarde, compartí la mesa del café con otras personas, y no me sentí incómoda. La cosa es que he hecho nuevas amistades, y me he apuntado a un club de cenas y libros.
En un primer momento, esperaba las clases de ballet con cierta ansiedad, por ir enfrentando todo lo nuevo, ahora las espero con alegría y ganas. Y como me he propuesto seriamente celebrar todo lo que nos va pasando, he cocinado un pollo con arroz y salsa, que es la bomba, y que debería acompañar a toda celebración de cuestiones mundanas.
Si esto no es un gran avance en nuestras vidas, no sé yo lo que es.

4 comentarios:

Chitin dijo...

¡Cuánto me alegro! mi peque también tuvo un berrinche para que la apuntáramos a lo q aquí llaman "iniciación al ballet", pero a ella no la ha gustado o no ha visto colmadas sus espectativas...no lo sé.

Desgraciadamente mi horario de trabajo no me permitía ni llevarla, ni recogerla, con lo cual no he podido hablar con la profe, ni acudir a la jornada de puertas abiertas.

Ella decía que no la hablaban las otra niñas, que no la hacía nadie caso. Como la idea era que ella lo disfrutara y no era así, sólo ha ido un trimestre.

Betsabé RG dijo...

lo de salir de tu caparazón lo entiendo perfectamente. Me sorprende cómo este año me he vuelto tan sociable, y más me sorprendo entablando conversación con personas que en seguida me cuentan historias y me cogen cariño. Y la verdad es que es enriquecedor, ir por la vida dejándose llevar y ofreciendo una sonrisa a los que nos miran.

por cierto, esa niña promete!

un besote.

José dijo...

Soy profesor de instituto, Violeta, y....esta entrada no podía dejar de comentártela: mis alumnos del instituto Cervantes, en Madrid, alumnado de los conservatorios de danza....son los mejor que he tenido en mi vida, en todos los aspectos, por su esfuerzo, por su disciplina, por su educación, por su arte...desde que he trabajado con ellos, mi visión de la vida, del arte, del esfuerzo, de la disciplina, de la libertad, del trabajo, de todo...se ha modificado notablemente; nunca podré pagarles de ninguna manera, todo lo que aprendí y ap`rendo de ellos, cada día.
Un beso.

Adijirja dijo...

Ay... una bailarina y un gimnasta de rítmica. .. menuda pareja!!!!
Son curiosos los derroteros d la vida. Sabio Kike.