martes, octubre 10, 2017

Siéntate porque la historia es larga


Un llavero con dos llaves es el final de una historia que empezó hace un poco más de 27 años. Pero para llegar a este final, mejor vamos a empezar por el principio.
Hace 35 años alguien muy apegado a mi familia, y a mí en concreto, compró una casa. Para ello, nos solicitó ayuda económica. De forma que la casa finalmente la compró mi padre y ellos vivían en ella.
En esa casa se hizo una obra importante, y de ser una casa, se convirtió en dos. Ambas casas habitadas por un señor y su hermana, cada uno en su espacio, aunque las casas se comunicaban por una escalera interior.
Este señor, era soltero y sin hijos. Y supongo que la relación laboral que lo unía a mi padre, me convirtió en su ahijada. La cosa es que en casa, mis tres hermanos le decíamos Padrino, aunque padrino solo era mío. Ella, su hermana, soltera y sin hijos, nos adoptó como ahijados también.
Tengo muchísimos recuerdos de él. Me enseñó a llevar un libro de cuentas, a hacer nóminas, a rellenar cheques, y a controlar pagos y cobros. Era alto, socarrón, bromista.
Llamaba a mi casa por teléfono, y yo contestaba: Diga. A lo que él siempre respondía: Digo.
Tengo el teléfono ahora conmigo, y cada vez que lo veo, me acuerdo de ese saludo inicial.
Recuerdo el día de reyes con ellos. Cómo se esmeraban en hacernos unos regalos estupendos, que yo supongo que compraba la hermana. A ella la traté menos, aunque lo poco que la traté, hoy mirando atrás, puedo decir que marcó muchísimo quien soy, casi sin darse cuenta. Ella fue la primera que me habló del yoga, cuando yo apenas tenía 10 años. Me acuerdo de estar con ella viendo un libro en blanco y negro con una señora en posición, haciendo el árbol o el guerrero. No conservo ese libro, pero sí un guarda agujas de punto, que un día me regaló cuando le dije que me iba a hacer un jersey. Un tubo lleno de agujas de punto rectas. El yoga y el punto, dos pilares fundamentales en mi vida. Me regalaron la primera guitarra que entró en casa. En la que yo difícilmente saqué una isa, pero que mi hermano aprendió a tocar, y con la que mi hermana quedó seducida completamente por la música.
Unos pocos años después enfermó, también fue él el primero que me enseñó los efectos de la quimioterapia, que casi lo mata, pero que le dio una tregua de unos pocos años más.
Tenía tan solo 63 años cuando murió, la hermana unos pocos años menos. Hace 27 años de eso.
Y entonces vino lo que suele pasar cuando las personas no hablan, no expresan sus temores, y encima ese momento lo viven envueltas en el duelo de haber perdido a alguien a quien se quería mucho.
Hubo carrera de papeles, y abogados que redactaron documentos, y hasta un notario que dio fe de que un señor bajo la morfina (el día antes de morir) estaba en su plena facultad para cambiar su testamento. Y todo eso fue para dejar las cosas como estaban porque no podían ser de otra manera.
Solo hubiera hecho falta hablar. Sentarse y hablar. Pero no se hizo. Ella se asustó, se imaginó sola y en la calle, y prefirió cerrarse en banda.
Ella lo contaba a amigos y vecinos: la casa no es mía, pero yo voy a vivir aquí hasta que muera.
Y así fue.
Nunca la molestamos, nunca nos molestó. Y en abril de este año, también se fue.
Cada vez que pasaba por la puerta, tenía ganas de tocar y preguntarle cómo estaba. Pedirle permiso para entrar, y ver la casa de MiPadrino. Yo tenía 14 años cuando se murió. Me acuerdo perfectamente de él, pero había un huequito ahí que no he sabido rellenar. Hoy pienso que si yo hubiera sido un poco más mayor, y ella hubiera estado menos asustada, hubiéramos mantenido el trato.
Pero no fue.
Yo he seguido teniéndolo presente a él. De hecho, lo vinculo a mi trabajo. Cada vez que sueño con él, me llega algún cambio laboral importante. Y las vueltas de la vida, la penúltima vez que soñé con él, me llamaron para ofrecerme un trabajo peculiar, que consistía en revisar el estado del cementerio donde está enterrado él. Si esto no es coincidencia, no sé yo.
Hace tres años, conseguí la llave de la casa de él. Y no te puedo contar todo lo que pasó en ese momento de abrir la puerta. Todo en estado lamentable. 27 años cerrada, una casa de hace 40. Creo que puedes imaginártelo. Pero allí había parte de sus cosas. El teléfono por el que me llamaba, entre otras. Y pequeños detalles: el llavero que llevaba siempre en el cinturón. Sus libros de cuentas. Sus papeles con su letra.
Hace tan solo quince días que tengo la llave de la casa de ella. Está mucho mejor, ya que ha estado habitada hasta hace poco. Aún así, necesitan obra de reforma y abrir mucho las ventanas para que se renueve la energía.
Ahora tengo dos casas unidas que me llenan la cabeza de proyectos y posibilidades. Es muy posible que me pase los próximos meses cargando materiales y volviéndome loca con instalaciones y revestidos, porque la reforma es de tamaño considerable. Es muy posible que se intuya en el horizonte una mudanza.
Las obras empiezan el viernes, y ya sí que se acaba esta historia.

viernes, septiembre 22, 2017

Yo no quería, no todavía, pero ya que estamos.... Bienvenido Otoño






Son las casi ocho y media de la tarde. Es viernes. Y en casa estamos ya cenadas, duchadas y con el pijama puesto. No es de noche, pero ya está oscurecido. No hay manera de evitarlo, así que llegados a este punto, me hago como rama de árbol y me vuelvo flexible. De nada vale cuadrarse.
Si, ya sé, la mayoría está contento con eso de la llegada del Otoño, bueno, más que del Otoño, la bajada de temperaturas, aunque sea unos graditos, y si puede ser, algo de fresco con lluvia.
Pero mira, qué quieres que te diga. Yo no. Que sí, que el Otoño es bonito (aquí nos lo imaginamos) y que qué bien que llega octubre, y con él mi cumple y bla bla bla..
Pues no. A mi me gusta el calor, y andar con las piernas al aire de día y de noche. Y las cholas. ¿Se ha inventado un calzado mejor que unas cholas?
Llevo desde mayo sin ponerme un vaquero o unos zapatos cerrados, y solo de pensar en ese momento me dan ganas de llorar. Seguiré resistiéndome a ello unas semanas más.
En fin.
Tendré que conformarme con seguir yendo a la playa cuando me apetezca, que nunca hará tanto frío seguido como para no poder hacerlo y por lo menos no estarán llenas de gente. No tenemos árboles naranjas, pero tenemos playa todo el año, algo es algo.
Esta semana, por ir metiéndome en situación y que el trance fuera más llevadero, encendí el horno. Que aquí el termómetro apenas ha bajado, se nota algo por la mañana, pero poco.
Este verano, volví a hacer acopio de nata de leche de cabra. Mi tío estuvo todo el verano trayéndonos lechita recién ordeñada, que Emma bebió con gusto cada día. Después de hervir la leche retiraba la nata y la fui congelando. Estos días cuando la saqué del congelador tenía casi medio kilo de nata.
Las galletas de esta nata son simplemente un manjar. Me puse a amasar y cuando fui a darme cuenta tenía un kilo de masa de galletas. Pura felicidad.
Dividí la masa en tres partes. Una para la hornada en curso y las otras dos para el congelador.
Las galletas son tamaño galleta maría, y con los recortes, hago otras chiquitas, para el café a media mañana.
Y me pongo la novela, que no hay nada más motivador que las malas de las novelas. Estoy enganchada a la novela de la primera. Bueno, igual enganchada es mucho... pero eso, que pongo un capítulo tras otro mientras cocino o limpio. Y está bien, porque no pasa nada si pierdes el hilo durante minutos, todo sigue más o menos igual.
Y ya que tengo el horno encendido, aprovecho y hago granola. La granola casera es otra de esas cosas que una vez que las empiezas a hacer, es para toda la vida. Y ya con esto, tienes la casa oliendo a canela y a especias, y bueno, vale... igual no está tan mal el Otoño.

viernes, septiembre 15, 2017

Puente de excursión y buena comida








Hoy es festivo en la isla. Es el día de la Patrona: la Vírgen de la Peña. Es más que probable que ya haya hablado aquí de esta fiesta. Donde la gente (toda la gente o su gran mayoría), se pone un calzado apropiado y sale caminado desde donde esté, hacia la Vega de Río Palma. Debería ser una romería, e ir adecuadamente ataviado de romero, y bla bla bla... La realidad es que desde esta mañana bien temprano, hasta mañana por la mañana los majoreros y visitantes, van llegando a la Vega, unos en mejor estado que otros. Los que celebran el día, fueron hoy tempranito caminando. Los que se van a pegar la gran juerga, van a ir esta noche. Y los ciclistas que van a medir sus fuerzas y la paciencia de los conductores, van durante todo el día. El camino que sigue la gran mayoría sale desde Antigua, sube y baja una montaña, por un pequeñito sendero, y luego se caminan unos cuantos km por carretera hasta que se llega a la iglesia. Una buena pateada sí.
Aquí una que ya tiene unas cuántas décadas, empezó yendo con sus padres, solo el tramo de carretera. En los años siguientes hizo el camino entero desde Antigua, con padres y familia por la tardecita. Un poco más tarde, lo hizo con amigos durante la noche cerrada. Y las últimas veces que fui caminando lo hice bien temprano por la mañana. Desde que tengo a Emma, voy por la mañana temprano, pero en coche, y siempre y cuando, me lleven. Porque la carretera es de esas estrechas, de subir y bajar por la montaña, con un millón y medio de curvas.
Este año, fuimos temprano. Hicimos una parada técnica para asentar estómagos, y coger aire. Nos sacamos unas fotos con Guize y Ayoze, y Emma pudo regodearse leyendo todos los carteles informativos que se encuentran en el mirador... y llegamos a la Peña.
La plaza siempre la encuentras llena de los peregrinos del camino. Aunque tanto el año pasado, como este, queda patente la moda ciclista que llena la isla. Este año la plaza y la iglesia estaban tomadas por ciclistas, para mi completo asombro.
Allí nos comimos unos roscos de naranjas, que no dio tiempo ni a sacarles las fotos, nos refrescamos con agua. y emprendimos el camino de vuelta a casa.
Ya que estábamos fuera, y que nos llevaban, fuimos a uno de los restaurantes más típicos de la isla. Casa Frasquita. Está en Caleta de Fuste, un sitio completamente turístico, con una playa medio artificial medio natural, que acaban de arreglar, con un dudoso resultado. Vamos, que nosotras ahí no nos bañamos. Pero que al turista europeo parece que le vale.
Bueno, pues en medio de todo ese conjunto turístico se encuentra este restaurante. Yo recuerdo ir de pequeña, y me gusta el recuerdo que me trae a la mente, porque es el último que tengo de mi Padrino, antes de que enfermara y se fuera.
Ahora el restaurante está recién reformado y acaba de abrir puertas hace apenas un par de meses. Es curioso, que aún no teniendo nada que ver con lo que fue, estéticamente hablando, el comida es la misma. Y es muy buena.
Pescado fresco, fresquísimo. Tomates de Tiscamanita, que saben a tomates de verdad, aliñados, y escaldón de gofio.
Una buena escudilla de gofio escaldao, que como manda la tradición se come con cebolla. Y está rico. Riquísimo. Es probable que tarde en digerir todo lo que comí un par de días, pero ha merecido totalmente la pena.
Y ahora, a disfrutar de dos días de fiesta que aún tenemos por delante.

viernes, septiembre 01, 2017

El Puchero





Es 1 de Septiembre. Para los que hemos pasado casi la mitad de nuestra vida enredados en los libros, este día es cuando realmente empieza el año. He intentado ser una personal normal y adulta, y transformar mis biorritmos. Entender realmente que el año empieza en Enero, pero oye, los hábitos arraigados cuestan mucho de erradicar. Y cuando va llegando Septiembre a mi me entra prisa y ansia. Por poner a punto la mesa de estudio, por ponerme a hacer ejercicio, por empezar a leer, vamos, lo que viene siendo una lista intensa y enorme de nuevos propósitos. Ya no lucho por evitarlo. Es más, me deleito en estos momentos.
A esta hora ya he hecho una planificación minuciosa del mes, que probablemente la semana que viene me la esté pasando por la peineta, y ande corriendo de un lado a otro para llegar a todo. Pero hasta ese momento, aquí estoy, contenta e inspirada.
Estoy aprovechando un descanso para actualizar mi bloguito. Que como no puede ser menos, también está en mis propósitos: actualizar más a menudo. Veremos.
Acabo de poner el nuevo disco de Marwan, que por fin ha salido. Ya había agotado el número de reproducciones posibles del único single que salió antes del disco. Si no lo has oído, corre a Spotify!
Me he puesto a ver fotos, y me encontré con las fotos del Puchero. Y me he dado cuenta de que nunca he hablado del puchero. Nuestro puchero.
El puchero es el plato típico de fiestas de pueblo. Es decir, cuando se celebra el día del Patrón o la Patrona del pueblo, de cualquier pueblo, del tuyo, por ejemplo; la comida de celebración es el Puchero. Y da igual que sea una comida hipercalórica y grasa, típica de los días fríos. Si la fiesta es en Agosto, se mata una cabra, se prepara el caldero y se hace un puchero, porque así se celebraba antes, y ahora se celebra de igual manera.
Mi pueblo, es MiNorte, ya todo el mundo lo sabe. La Patrona de MiNorte es la Virgen del Buen Viaje. Aquí te lo voy a decir, es una coincidencia (o tal vez no, tendría que investigar sobre este hecho), que el pueblo con gente más viajera, tenga de patrona a la Virgen del Buen Viaje. Y es curioso, porque la mayor parte del pueblo, de los nativos en él, han salido. Se van, y se seguirán yendo en algún momento de sus vidas. Pero el tercer domingo de Agosto, da igual donde residas, donde te encuentres, o que planes tengas. Ese día vuelas, o nadas, para estar allí.
Y si has llegado a tiempo, esto es, el viernes, es probable que el domingo sobre las 12, estés en la terraza del Antiguo Bar Playa (ahora El Callao), de la Vaca Azul, o la del Mirador... pasando la resaca de la acumulación fiestera de dos noches seguidas de verbena y playa. 
Previamente, el sábado a la tarde noche, en casa se ha preparado un montón de verdura: calabaza, zanahoria, calabacín, col, habichuelas, papas. Se ponen los garbanzos en remojo. Y se sala la carne de cabra. Sobre las 5-6 de la mañana, se enciende el fogón grande, que en la mayoría de las casas se encuentra en el garaje, donde se establece el centro de operaciones. Se pone el gran caldero al fuego con la carne y los garbanzos primero, y algunos condimentos (una cabeza de ajos, una cebolla con clavos, un puerro). Cuando estén los garbanzos sacando el ombligo (así le decía mi abuela), se añade más agua si hiciera falta, y toda la verdura. Cuando ya esté cerca de estar terminado de guisarse, se saca caldo, mucho caldo, y se hace la sopa. A esta hora, rondará el medio día, y a quien se ha encargado de hacer todo este trabajo, le da tiempo justo para apagar el fuego, darse una duchita rápida y salir corriendo a rendir homenaje a la Patrona, en solemne función religiosa.
La función consiste en ir a la iglesia, y acompañar a la Virgen al muelle. Allí, se reúnen resacosos, visitantes, los que hicieron el puchero, y todos los invitados que van a comérselo.
Se sube a la Virgen a un barco, y se le da un paseo por el muelle chico y el grande. Algunos aprovechan el paseo para darse un baño refrescante, que el calor y el puchero de después no hacen más que multiplicar el calor ya de por sí, normal en pleno Agosto. 
Y mientras suben la Virgen al barco, Yolanda, se encarga de dar su típico grito: Viva la Virgen del Buen Viaje, y todo el mundo le contesta: Viva. Tres veces seguidas, siempre igual, desde hace, no sé... probablemente desde antes de los años que yo tengo. Y fíjate que MiNorte no es un pueblo especialmente católico, ni cristiano, más bien todo lo contrario, pero a la Virgen del Buen Viaje, no hay gato que no la vitoree.
Y se hace el silencio, en el que supongo que todos hacen lo que yo: pensar bajito y para dentro. Y Yolanda vuelve a gritar. El barquillo zarpa, y da su recorrido por la bahía. 30 minutos más o menos dura la travesía, momento aprovechado para refrescar gargantas y cuerpos.  Y el barquillo vuelve, y la Virgen con él. Se repite el mismo ritual. Yolanda volverá a gritar tres series de tres gritos. Y los presentes responderán. Luego se genera un aplauso largo, y continuo, que dura hasta que la procesión sale del puerto, de camino de nuevo a la Iglesia.
Todos los presentes empiezan a dispersarse. Se dirigen todos a la tarea ahora de degustar el puchero, que ha reposado y estará en su punto.
En mi casa este año comieron 17 personas, y fue uno de los años que menos. Hasta 25 han llegado algunos años. La terraza es el sitio perfecto para degustar este suculento almuerzo. Con una sobremesa que pasa entre licores, aguas con gas, y anécdotas varias. Se empata con el café y los dulces de media tarde, y así hasta las 7-8 de la noche, en que la gente se va retirando. Los invitados vuelven a sus casas, y los anfitriones ponen al fuego el puchero otra vez para hervirlo, y preservarlo.
Los que nos quedamos, rezamos fuerte para que el puchero haya sido bien calculado, y no sobre demasiado. Porque eso significa estar comiendo tumbito tres días. Por suerte, mi madre, que ya tiene harta práctica haciendo puchero, tiene la medida cogida, y solo un día más para tumbo nos dio.
Y se lavan los calderos, se guarda el fogón, y hasta el año que viene.

viernes, agosto 25, 2017

6 años y MiMariposita que ya vuela






Llegó Agosto, y con él, el momento más esperado por MiMariposita. Su cumpleaños es un acontecimiento importantísimo para ella. Cumplir 6 años no es cosa de broma. Ya es muy independiente para casi todo, jugar, comer, asearse, pensar.. Esta es una de las mejores partes de verla crecer. Observar cómo razona, y cómo conforma sus opiniones sobre cualquier cosa, y sobre la vida en general. Sigue siendo una niña, mi niña, pero cada día da un paso más para convertirse en persona.  Este año, celebró con sus supercompis y con la familia. Sopló velas, cantó, bailó y abrió regalos. Y dio buena cuenta de una bandeja de cupcakes, que resulta que le encantan.
Finalizando la fiesta, ella misma hizo su maletita, y decidió que ya estaba lista para irse de vacaciones. Están siendo unas vacaciones de verdad, no solo para ella, sino también para mí, que por fin he tomado la firme determinación de poner el cartelito de "Cerrado por Vacaciones". Una también va madurando en según qué cosas.
Estamos dándonos unos paseos increíbles a primera hora de la mañana, y se puede decir que nos pasamos el día a remojo, en varias playas. Cafés y colacaos a media tarde, charlas trascendentales a media mañana, y muchos libros. Apenas he tocado las agujas, porque voy a necesitar reponer los cables de mis knitpicks, que decidieron romperse todos en la misma semana y aún me dura el enfado. He aprovechado para sacar las fotos a Emma con uno de las últimas prendas que he tejido para ella. Tengo que subir detalles al ravelry, pero eso será cuando encuentre las ganas, que de momento, solo me dan para ir poniendome el bikini, y salir pitando para El Charco.

viernes, agosto 04, 2017

Tejer, coser, leer









¿Te acuerdas de la película de Julia Roberts?, pues la estoy versionando.
Aquí cada una se busca sus vías de escape, o sus momentos zen, porque si no, la vida te arrastra por lugares poco recomendables, en donde manda el señor dinero, dirigido por el señor reloj, y controlado todo por el señor estrés. Y como ya he estado ahí, y no me ha gustado nada el paseo por cierto, ando poniendo muy en claro los caminos que recorro.
Cuando voy acercándome a un agujero negro de esos de ansiedad y agobio, respiro pausadamente y ATPC.
Tengo que reconocer que es una de las técnicas más efectivas que conozco. Te voy a explicar cómo hay que hacerlo, porque todo requiere su técnica. Imagina uno de esos momentos en los que el plano que estás terminando, está casi listo, y te llama el cliente, y te dice que mejor el baño en la otra esquina, y que la entrada.. que no sabe aún, que la dejes pendiente. Y todo lo que has hecho no vale para nada. Y caes en la cuenta de que es viernes, que son las 11 de la mañana y que llevas tres horas delante del ordenador que no han servido para mucho. Bien, ese es el momento. Cierras todo lo relacionado con el trabajo. Abres el spotify. Respiras profundo. Mantienes. Y cuando sueltas el aire, lo haces diciendo: atomarporculo. 100% efectivo. Te lo aseguro.
Cada vez que venga un pensamiento relacionado con el estrés laboral a tu cabeza, repites esta depurada técnica.
El lunes va a estar todo en el mismo sitio que lo dejaste, y total, te habrás llevado un fin de semana tranquilo y relajado.
¿Y qué voy a hacer el fin de semana?. Bueno, este no me sirve de ejemplo porque tenemos planes.. pla-nes, que ya te contaré el lunes. Pero te puedo contar lo que he hecho los anteriores, porque te voy a decir, cada viernes repito lo mismo.
Como te cuento, estoy con mi tejer, coser, leer. Que debería ir a partes iguales, pero últimamente es mucho leer, poco tejer, y poquitisimo coser. Pero estoy trabajando en equilibrar las partes.
Me he comprado unas telas africanas maravillosas, que se convertirán en un vestido y una falda en algún momento de este año. Espero, y deseo que sea pronto. También he sacado de su bolsa del reposo mi building blocs. Lo dejé parado porque le cogí miedo al brioche stitch. Y ahí estuvo, durmiendo el sueño de los justos. Hace unos días lo pillé por banda, después de un gran ATPC y oye, ni tan mal. Hasta me ha gustado la técnica, y no descarto volver a coger algún proyecto que la tenga.
También me he hecho con unos ovillos para unas chaquetas para mí y para Emma, y también calcetines. 
Y leer. Parece que todo el tiempo que saco libre lo estoy dedicando a leer. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo. Leyendo en general, de todo. En mis propósitos de año nuevo, esta acción ocupaba un lugar de privilegio. Y voy cumpliendo con lo que me propuse en aquel momento. Me he hecho un perfil en goodreads  que me ayuda a llevar un control y curiosear. Sí, curiosear mucho.
Estos seis son los que me gustaría leer este verano. Aunque ya he acabado con alguno de los que están ahí. Y seguro, añadiré alguno más.
Y nos vamos corriendo, que mañana una niña cumple 6 años, y hay mucho que organizar. 

domingo, julio 16, 2017

De cuando la tierra brilló como una joya







Transcurren los días lentos, y llenos de cosas.
El secreto mejor guardado desde hace unos meses es un proceso de organización y planificación minuciosa, que hasta deja espacio previsto para la improvisación posible.
No siempre es fácil, pero si no lo intentas siquiera, pues ya ni hablamos. Los domingos son el día de hojas y libretas, de decidir menús, actividades, y de balance de tareas laborales. Todo queda encajado como una escaleta.
Cuento a favor, con los días claros, largos y calurosos. Me gusta el calor. Me siento feliz con 30º y con no tener que ir cargando con una rebeca o un chal, porque por debajo de esta temperatura siempre tengo frío. Siempre.
Y con los días así, y la luz... la maravillosa luz de esta tierra, hace que mires, y te fijes. Y a la hora del crepúsculo, parece que todo se transforma en oro, y la tierra brilla.
El encanto de una tierra que brilla cuando se va el sol, que la aridez de todas las montañas transforma la tierra en un reflejo que hace daño a la vista, de la hermosura que desprende.
No hace falta nada más para celebrar, porque ya esto en sí, es una gran razón para hacer una reunión de cuatro y que terminemos en fiesta. Como decía García Márquez, en Noticia de un secuestro.
Hemos caído, de pie en un grupo de gente que mantiene firme este espíritu celebrativo, y que improvisa asaderos y mojitos en un santiamén. Y también esto es un motivo para celebrar. Descubriendo como descubro, muy a mi pesar, de lo carente de sentido que tienen algunas cabezas.
Y ya hoy, domingo de planificación, he montado la semana próxima, y la encaro con alegría y esperanza. Porque la esperanza se ha renovado este fin de semana.
Volvió mi amigo, uno que estaba aquí, pero estaba perdido. Muy perdido.
Pero volvió, y me trajo un mensaje de amor, esperanza y fé, que es como si me hubieran reseteado, y hasta ahora no me daba cuenta de lo mucho que lo necesitaba.
Y me voy corriendo, que me acaba de sonar la alarma del rato de cosquillas y risas, y estas cosas, no se pueden retrasar.

martes, junio 13, 2017

Make up experience 2017 GC









Todo empezó el año pasado por esta misma época, cuando LucíaBe, sacó el RedMonday. Ana Albiol hizo una review del labial y del esmalte de uñas. Y ahí conocí a Ana, y ahí mismo sufrí un crush total por ella. A tal punto que empecé a seguirla en redes, YouTube, Facebook e IG. Y el crush no ha hecho más que crecer en estos meses, casi el año. Porque, te iba a decir qué de cosas estupendas tiene Ana, pero lo mejor es que vayas a su canal de YouTube y la miras, y luego me dices.
Pero así a grandes rasgos, puedo decirte que Ana es una profesional del maquillaje, que comunica como pocas Youtubers, y que encima está muy interesada en que no solo nos veamos bien por fuera, sino que te impulsa a que te cultives por dentro, y a mí eso, pues me tocó. Porque si no lo sabes, te lo digo, soy una constante aprendiz de todo aquello que me puede aportar por dentro. Ya sea una práctica de yoga, una sesión de coaching, o una meditación guiada.
En otro momento te voy a contar todo lo que me ha pasado con mi cara, mi rosácea, y todo lo que me ha costado llegar a un punto de equilibrio con ella. Ahora mismo estoy en un punto muy bueno, y los brotes están controlados, casi.
Siempre he tenido muy interiorizado lo de cuidarme la cara, y maquillarme. Y desde el año pasado, por fin, puedo volver a salir con mi base de maquillaje y la pestaña pintada.
Después de ver los videos de Ana, compré su curso de automaquillaje, que habré visto unas cuantas veces. Y fue este febrero cuando Ana inició su Make up Experience 2017, y anunció que una de los sitios a donde iba a ir era Tenerife. Dos de mis neuronas colapsaron, y empezaron a aplaudir dando saltitos a la voz de: vamos! vamos! vamos!.
Y me marqué el día en la agenda en que salían las plazas de los cursos a la venta. Y entre un día y otro, se empieza a hacer patente una demanda interesante, del curso en Gran Canaria. A los pocos días, se hizo oficial, y el curso sería también en Las Palmas de Gran Canaria. Ahí lo tuve claro: quiero ir! quiero ir!.
El día en cuestión, salieron las plazas y yo llevaba dandole a "refrescar" la página, casi una hora antes. Ni siquiera sé bien qué angelito estuvo al lado mío, pero pude conseguir una plaza. De las 16 que se pusieron en Gran Canaria. No me lo podía creer.
Desde que conseguí la plaza, hasta el momento del curso, cada vez que lo pensaba me ponía nerviosa. Primero no podía creer la suerte que había tenido de coger una, y segundo, iba a ver a Ana en persona. Ya sé que esto es de muy friky-fan.. y mira, bien contenta que estoy con ello.
La cosa es que llegó junio, y llegó el día. El curso duró 5 horas prácticamente, en las que Ana no paró de hablar, y nosotras de escucharla. Ana es una apasionada del maquillaje, y se nota en cada una de sus palabras, y eso, es lo que hace que te llegue de verdad. Aprendí lo que creí que no iba a ser capaz de aprender, y me llevé unos tips maravillosos, que ya he puesto en práctica desde entonces.
Y ahora vamos a lo práctico. Probé allí la famosa Pure Radiant, la Hot Sand, y el Jungle Red. Todo de Nars, y ya lo tengo en la lista de mis próximas compras, cuando vaya agotando lo que tengo. Yo he usado siempre los productos de BobbiBrown. Me acuerdo de cuando solo lo encontraba en Madrid, y  de la alegría tan grande cuando pusieron un stand en El Corte Inglés de Mesa y López. Recuerdo que allí había un maquillador, al que le he perdido la pista, pero que se llamaba Ángel Márquez, y que me maquilló un par de veces, con resultados maravillosos y que yo nunca pude reproducir.
Una de las cosas que me ha quedado clara a la hora de maquillarme es la necesidad de que la cara esté muy hidratada. Fíjate que yo me ponía mi crema, y esperaba a que se absorbiera bien, luego me ponía el primer, y volvía a repetir la misma operación. Con este curso he aprendido a poner la base encima de las cremas, y que la cara esté como húmeda. El resultado es espectacular.
Otra cosa que pude probar, y a la que hasta ahora no le había dado demasiada importancia: el rizador de pestañas, concretamente el de la marca Surratt. La diferencia es tan notable que merece la pena cada euro que vale. Esta semana, sin darle muchas vueltas lo he pedido, junto con una brocha tipo Yachiyo, que es versátil y muy necesaria.
Por primera vez en mi vida, me maquillé las cejas, y oye, pues sí que se nota, y marca diferencia. Y por primera vez también me hice un eye-liner. Que tendré que practicar hasta el infinito para poder hacerlo bien.
Otra cosa que aprendí, y que no me ponía por miedo a parecer Donatella Versace, es los polvos bronceadores, el iluminador y el colorete. Todo en su justa medida y en el punto exacto donde va. También pude comprobar la importancia del sellado del maquillaje con los polvos traslúcidos, a los que hasta ahora les tenía como manía, porque me parecía que me taponaban la cara.. Pero nada que ver, solo hay que elegir un buen polvo, y controlarlo... ¡como casi siempre, en la vida!.
Salí del curso y pude darle un abrazo rápido a mi amiga Adi, que me llevó corriendo para el aeropuerto, y cuando llegué a casa, aún tenía esa cara. La Pure Radiant aguanta perfectamente todo el día. Y da una cara muy natural, que me dejó totalmente flasheada. No me quedaba carmín ya, pero a quien le importa a las ocho de la noche. La única tristeza que tenía, era que me tenía que desmaquillar.
Me llevo un recuerdo maravilloso de esta experiencia, que repetiría sin dudarlo un segundo.

sábado, junio 10, 2017

WWIPD 2017




Un año más, llega el día de tejer en público. El espíritu de este día es sacar las agujas a la calle, y no tejer escondida en casa, por el miedo a sentir el dedo acusador de: tejes!!! como una abuela.
Es una especie de día del Orgullo, pero del orgullo tejedor.
La cosa es que desde ayer, hay un virus extraño en esta casa, que nos pide estar cerca de un aseo. Así que dadas las circunstancias, en lugar de tejer en el exterior, voy a tejer en el interior, pero con público. Emma va a ser mi público hoy.
Después del almuerzo, pusimos Ratatouille y a darle al calcetín que tenía a medias. El momento tremendo lo puso Emma, al preguntarme cuándo iba a ser el momento en el que ella pudiera coger las agujas. Exploté instantáneamente ante su pregunta, me repuse rápidamente, y le dije que pronto, que cuando ella quiera. Ella, muy juiciosa, ha dicho que el próximo fin de semana, que éste está concentrada en la actuación de mañana. (Mañana actúa con su nueva clase de ballet)
Para ser honesta, tenía la bolsa de las labores perdida. No toco una aguja desde hace por lo menos mes y medio. Varios son los motivos, pero el fundamental ahora mismo, es que siento necesidad de leer. Y estoy devorando con fruición casi todo lo que tengo en el kindle.
A finales del año pasado, y rompiendo una de esas barreras ridículas que tengo en mi cabeza, me apunté a un club de lectura virtual. Gracias a él, leí una serie de títulos que no hubieran caído en mis manos de forma normal. Y la experiencia estuvo bien. Pero luego llegó el comienzo de año, y el trabajo se enloqueció, o bueno enloquecí yo, y me di cuenta de que no iba a poder cumplir con el compromiso que requería el club. Así que me desapunté. Pero me quedó el gustillo de la buena experiencia, y las ganas de retomarla, a ser posible en la vida 1.0
Y como el Universo tiene como premisa lo de Your wish is my command.. A finales de marzo, me propusieron formar parte de un club de lectura. Físico, y que se reúne una vez al mes. Formado por mujeres, que después de hablar del libro que hayan elegido, se van a cenar. Imagínate mi cara: libro y cena... ¿dónde me apunto?.
Hasta ahora, los libros elegidos, son relecturas para mí, pero que he disfrutado muchísimo. Y este es el libro para el mes de Junio. Aún no lo he empezado, porque justamente ayer terminé de leer La noche que no paró de llover. Que me enganchó desde la primera página, y que he disfrutado hasta la última.
Así que hoy, nos hemos hecho unos polos de batido de frutas, que ya empieza a hacer acto de presencia el calor, y vamos a seguir dándole a las agujas y a las letras... Alternándolo con la cantidad de canales nuevos que tenemos, que esta mañana vino el señor de movistar a instalarnos la fibra, y aún no hemos sido capaces de ver la cantidad de cosas disponibles que tenemos para visualizar.

martes, mayo 30, 2017

Día de Canarias fuera de estándares






Hoy estamos celebrando el día de Canarias, y desde anoche se oyen isas y polcas con más frecuencia y volumen de lo normal. Un día vamos a tener que hablar de "lo normal".
Porque lo normal en el coche de mi padre es oír siempre folklore canario, en el mío no, claro.
Entonces lo normal hoy, es que toda la música que se oye por las esquinas sean isas y seguidillas.
Y en las casas, se come hoy sancocho, o puchero, o costillas con papas y piñas; o si vas deprisa, un bocadillo de chorizo de Teror con un trozo de queso tierno.. Y se bebe clípper de fresa, y de postre frangollo.
Y anoche aquí se montó un fiestón. Y todo el mundo se atavió con sus ropas de "canario", y cargados con cestas con huevos duros, papas arrugadas y mojo, se fueron al Baile de Taifas, y allí se dieron a la comida y a los quintillos. Y seguro, que casi todos se "echaron una pieza" con quien se le puso al lado. Y cada tanto, en la radio, suena esta canción. Pues eso, que con lo poco que nos cuesta aquí hacer una parranda, imagínate una fiesta donde se ensalce todo lo canario, vamos, es la fiesta del año, si me apuras.
Emma ayer se vistió de canaria para su cole, y jugaron al palo, y vieron lucha canaria, y comieron pellas de gofio. Así que ella tuvo ayer su día canario. Cuando le dije que por la noche nos volvíamos a poner los trajes y salíamos al baile, me dijo, literal: ni de broma.
Así que ni baile, ni piezas, ni papas compartidas. Nos quedamos en casa. Y hoy pues tampoco estábamos más canarias que otro día. Iba a contribuir con la música, por ambientarnos y eso, pero los vecinos se han encargado de ello. Han torturado ambientado al barrio completo.
Total, nos hemos quedado en casa, pintando, ganchilleando y cocinando.
Otra vez una caja de restos, y una manta a largo plazo. Esta vez, son restos de los ovillos de lana de calcetines. Durante un tiempo hacía los calcetines a media pierna, y me sobraba bastante del ovillo, casi como para hacer otro calcetín. Así que cuando fui cogiendo más práctica, fui alargando los calcetines, hasta casi convertirlos en medias, y no sobrándome más de un metro de lana. Pero de esos restos, fui haciendo mini granny squares. A día de hoy tengo 159 cuadraditos. Muy variados, y sin idea clara de cómo los voy a unir entre ellos. Eso será algo que resuelva la Violeta del futuro.
Y en lo que a la cocina se refiere, pues muy canarias, no estábamos. Hacía tiempo que le oigo a mi prima decir que ella las judías compuestas las hace con atún, en lugar de chorizo o bacon. Y yo que en cuanto a cocina se refiere, todo me gusta probarlo, pues allí que me he puesto hoy. Y tengo que decir, que a partir de ahora mis moros y cristianos van a ser siempre con atún. Qué ricas, y mucho menos pesadas.
Y ya de postre, brownie, con ésta receta. Y sí, es la-receta. Directa a mi libreta. Me estoy sintiendo como casi siempre, desubicada. Todo el personal comiendo bienmesabe, y yo tirando a los internacionalismos.
Venga va, sube los altavoces, que vamos a ponernos un poco en situación.


jueves, mayo 25, 2017

Hygge, Love, Sense8



El domingo pasado, tuve un día zen.
Mi coach (sí, ahora tengo una coach, ya te explicaré un día para qué), me trajo estas letras de regalo.
Y como si se hubiera desatado un encantamiento, desde que coloqué las letras sobre el mueble, se desparramó un aire de amor total por el piso.
Nos podemos poner todo lo incrédulos que quieras, pero la energía está ahí, a veces se puede hasta tocar.
Con ese ambiente tan propicio, una niña de excursión, y una madre con necesidad de silencio e introspección, me hice varios litros de té, otros tantos de gazpacho, y me coloqué delante del iPad con mi big square granny.
Esta colcha la empecé hace ya unos cuantos años, y surgió de la necesidad de ir quitando del medio un montón de restos de algodones. La cosa va así: voy haciendo cosas, y los algodones que me van sobrando, los pongo en una cesta. Cuando ya hay unos cuantos miniovillos, retomo la colcha y el ganchillo. Le doy como poseída hasta que se me acaban los restos. Entonces la meto en una bolsa bien cerrada para que no me de un super ataque de alergia cuando la vuelva a abrir.
En estos días tenía un montón de ovillos que emplear, así que el domingo me pareció una fabulosa tarea para acometer.
De mientras, hice una re-visión de la primera temporada de Sense8. La recomiendo, mucho, muy fuerte.
Es una serie bonita. Llena de amor. Llena de sentimientos.
Terminé la primera temporada, seguí con la segunda. Y me quedó un sentimiento de orfandad total. Así que el domingo y para aplacar un poco estos sentimientos, me dispuse a volver a verla. Y después de acabar la primera temporada, por segunda vez, me reafirmo en profesarle amor total a cada uno de los 8 personajes protagonistas.
Así fue mi domingo zen. No ha podido ser mas hygge.