viernes, julio 08, 2016

La biciclista con su Flora top






La Violeta tejedora, este año tenía una misión: tejer todo lo que estaba a medias en la cesta de las lanas.
El año empezó con demasiadas cosas a medias, tantas, que casi no me quedaban agujas libres para poder seguir empezando trabajos.. estaba en un punto sin retorno. No me quedaba otra que empezar a terminar cosas para liberar agujas.
Me puse en piloto automático sin casi pensar, solo seguir el patrón y rematar cosas.
Después de llegar al ecuador del año, puedo estar muy contenta con mi propósito y casi casi puedo decir lo de mission acomplished. De aquella cesta llena hasta el borde, solo quedan dos proyectos a medias.
Así que me he dado un respiro, y he empezado (y terminado) un proyecto nuevo.
Hace tiempo que sigo en secreto y con total admiración los patrones de Paelas. Tanto me gustan sus patrones que me he planteado seriamente aprender noruego.
De momento me sigo conformando con lo que está en inglés, ahora que ya tengo un certificado que me acredita que tengo un nivel intermedio del mismo (estoy más contenta que unas pascuas con mi certificado.. tanto que igual el año que viene vuelvo a examinarme).
El segundo proyecto de Paelas que he tejido es este Floratopp. Utilicé unos ovillos de katia missouri que tenía en mi stash, cumpliendo con el objetivo de ir reduciéndolo.
Me ha gustado muchísimo tejerlo, aunque tengo que ser honesta, los patrones no son muy aptos para cualquier nivel de tejedora, porque no te dan indicaciones concretas sobre la realización del proyecto. Hay muchas cosas que vienen a ser:  búscate la vida. Aún así, estoy muy conforme con el resultado, y creo que he resuelto bien estos puntos sin orientación.
Estamos aprovechando lo largas que están siendo las tardes para dar paseos en bicicleta, y ayer además del paseo también aprovechamos para hacer la sesión fotográfica.
Emma dice que es una biciclista estupenda. Y quien soy yo para decir lo contrario.
Esta capacidad que tiene de ir adaptando el lenguaje, me tiene fascinada.

domingo, julio 03, 2016

El tiempo como la arena





Algunas tardes, antes de empezar con la rutina de noche, es decir, el baño y la cena, solemos bailar.
Ponemos nuestra lista de verbena, no es que sea una lista de verbenas de fiestas populares, es nuestra lista personal de bailar en casa.
Unas canciones las bailamos en el estudio, otras recorriendo el pasillo, y otras cojo a Emma y las bailamos agarradas.
Yo no sé cuánto tiempo llevamos haciendo esto. Probablemente desde que nació.
Esta semana, al llegar a una de las canciones que bailamos juntas, la cojí en brazos, as usual, y ¡ay!
Casi no puedo con ella ya.
Y de pronto se me agolparon un montón de pensamientos que me sacaron fuera de la canción, por lo menos mi cabeza se salió. Mi cuerpo siguió moviéndose con ella en brazos al ritmo de la música.
Pero mi cabeza se volvió loca. ¿De verdad ya casi no puedo con ella? ¿A dónde se fue el tiempo? ¿Por qué agujeros se me escurrió?.
Tengo la sensación de que tan solo hace dos días la tenía todo el día pegada a mí. Kangureándola constantemente. Pero los ratos con ella en brazos, van llegando al ocaso, es un hecho.
Me sentí invadir por la nostalgia, y también por una calma triste. No puedo evitar echar de menos a mi bebé.
Es decir, estoy refeliz de ver la niña en la que se ha convertido. Razona acertadamente, saca su carácter cuando cree que debe hacerlo, y ha aprendido a respirar hondo y controlar lo que a veces la asusta. Como las piscinas muy profundas. Traga aire y me dice: voy a intentarlo.
El viernes fuimos al Hospital a que le hicieran una analítica de control. El jueves le expliqué tranquilamente lo que iba a pasar, y crucé los dedos para que el trance fuera lo más ligero posible.
Cuando llegamos allí me dijo que estaba un poco nerviosa y que tenía miedo.
Me puse a su altura y le volví a explicar todo lo que iba a pasar.
Llegado el momento, siguió las indicaciones del enfermero y las mías, y todo fue fácil, tranquilo y rápido.
Cuando salimos yo me deshice en elogios para ella por lo bien que había afrontado el momento.
Ella, con mucho orgullo en el tono de voz me reconoció que había tenido un poco de miedo, pero que se acordó de lo que yo digo: que los miedos hay que superarlos.
Imagínate, casi salí del hospital levitando. Primero por su razonamiento y segundo porque he podido comprobar que me escucha.