sábado, febrero 20, 2016

Violeta y el Rosal







Tenemos en casa un libro que se llama "El viejo y la Margarita".
Me encanta este libro. Y suelo leérselo a Emma con bastante frecuencia.
Es el tipo de cuento que va repitiendo lo de la página anterior.
El Viejo tiene una Margarita a la que no se cansa de contemplar y cuidar. Pero un día la flor le cuenta que está llena de pulgón. El Viejo se monta en la bicicleta y llega hasta la biblioteca para saber cómo puede limpiar a su Margarita de estos pulgones. Allí descubre que lo mejor para eliminar el pulgón son las mariquitas. Pero para eliminar una plaga de pulgón, necesitó una plaga de mariquitas.. y así sucesivamente.
El libro pasa mientras el viejo va descubriendo como ir deshaciéndose de la plaga anterior, ocasionando siempre, nuevas plagas.
Más o menos lo mismo me ha pasado a mí estas semanas.
Me gustan las rosas. Me gustan mucho.
Y siento en mi interior que mi vida no va a estar plena hasta que no tenga unos cuantos rosales.
Leo sobre estas fascinantes flores, y en todos lados dice: planta de EXTERIOR.
Lo que supone un grave problema para esta intención que tengo de tener una vida estupendosiosa.
Necesito un rosal en el que recrearme, pero no tengo ningún exterior en el que hacerlo.
Cada vez que voy al vivero, paso deprisita por la zona de los rosales, porque las ganas de traerme unos cuantos para casa son bastante incontrolables.
Pero hace unos meses fui al Lidl, y ahí estaban. En oferta. Fabulosos rosales Carcassonne.
Lo lógico hubiera sido leer dos veces la palabra Exterior que venía en negrita y bien grande, y pasar de largo. Pero no, yo lo miré levemente, vi el precio y lo metí en el carro.
Cuando llegué a casa, conté la cantidad de flores que tenía en promesa y se me hicieron los ojos chirivitas.
Lo puse en la mini terraza que tengo, con la ventana abierta. Sin duda alguna, esto es el exterior.
A los 15 días se le cayeron aproximadamente el 99% de las promesas de flores que traía, y 15 días más tarde, empezó a sufrir su otoño particular.  No me quedó otro remedio que aceptar que tal vez, el exterior era otra cosa. No sé, una maceta enorme, o directamente plantado en el suelo, con la bajada de temperatura de la noche, y el solajero del medio día; y no esta especie de invernadero que se crea en la terraza.
Dispuesta ya a asumir que en este piso, no hay exterior y no voy a poder disfrutar de un rosal y en consecuencia no tener una vida plena, (vaya tragedia la mía), me acerqué al rosal, por si tenía algo que decirme. Fue en ese momento de acercamiento, en el que me di cuenta. Miles, qué digo miles.. millones de bichitos paseaban campantes por sus hojas, las pocas que le quedaban.
Me vi totalmente reflejada en el cuento, y me dispuse rápidamente a buscar soluciones.
Yo no fui a la biblioteca, yo fui a Tuiter. Allí encontré varias soluciones.
Primero usé un producto específico del vivero, que no hizo absolutamente nada.
Después usé una infusión al 10% de tabaco. Al cabo de unos días los pulgones se habían reproducido, las hojas eran menos, y si me acercaba mucho, tenía la sensación de oír: danos más de esta mierda.
¡Maldita sea! Eran pulgones fumadores.
Por último, y ya pensando que tendría que llevar al rosal al contenedor, usé una disolución de alcohol de romero al 10%. Y ¡ajá! Los pulgones eran fumadores pero no bebedores.
Después de una semana pulverizándolo con la solución, el pulgón quedó completamente eliminado, y a los pocos días ya noté cómo el rosal empezaba a coger fuerza.
Ha pasado un mes desde que logré el exterminio de la plaga, y estos días luce así. Una flor completa, y varios capullos.
Sigo siendo consciente de que esto no es el exterior, pero mientras tanto, disfrutaré de las rosas que me de.

miércoles, febrero 17, 2016

Realismo mágico pendejo


Hay días en los que me tengo que subir al coche, recorrer 38km, y hacerme una foto, para darme cuenta de que todo está bien, que todo está en orden.
Tengo suerte, mi aliviadero psicológico lo tengo a tan solo 38 km, y bueno, no tengo escoba, pero tengo un mililitro que me lleva donde quiero, o a veces donde quiere él.
Y así las cosas, después de una semana de ataques de ansiedad, de nervios incontrolables, y de noches de insomnio, llegar a MiNorte, respirar, dejar que el viento me revuelva el pelo, y cerrar los ojos... todo está en su sitio.
No es fácil tomar según qué decisiones, y mucho menos, impedir que en la cabeza los pensamientos se me hagan bola. Lo único que sí es asequible a mi alcance, es coger el mililitro y ponerme en MiNorte en 25 minutos, es mi digestión rápida de la bola.
Antes, me deshacía en llanto, y entonces era más bien como una gastroenteritis, porque salía todo en torrente.
Ya no, ya no me sale llorar.
Conmigo, mis padeceres han ido mutando, y por eso tengo que buscar otras formas de aliviarlos. No es fácil, nadie dijo que lo fuera, pero es cierto, que en esta época de realismo mágico pendejo, como dice Orín Dupeyrón, llega un momento que pierdo la perspectiva, y me creo que todo está al alcance de mi mano. Y no.. No todo está a mi alcance.
A veces, me tengo que poner frente al Atlántico y respirar para darme cuenta de lo insignificante que soy, y que aún así, todo está bien.

jueves, febrero 11, 2016

Rigidez mental y el horno encendido





Hace ya tiempo que me dí cuenta de que mi cerebro es poco dado a los cambios, y muy rígido para las rutinas.
Pueden ser cosas simples y sin mayor trascendencia, pero que alterarlas suponen un descoloque total de mi existencia.
Por ejemplo, siempre me siento en el mismo sitio en la mesa; las cosas en la nevera siempre están en la misma posición; abro los regalos buscando la cinta adhesiva, sin romper el papel; salgo de casa por la mañana a la misma hora (9:43). Cuando compro algo para ponerlo en casa, durante los primeros días lo voy moviendo sutilmente por varios sitios, hasta que encuentro el lugar adecuado. Me lo pienso un poco antes de ubicar cualquier cosa, pero es más que posible que ahí se quede por siempre jamás. Así, a grandes rasgos, se podría decir que tengo un TOC bastante acentuado, y bueno, no voy a ser yo quien lo niegue rotundamente.
Soy de esas personas que de forma espontánea no tiende al caos. Qué le voy a hacer.
Ya sé que está de moda ser un "desastrillo", tender al caos, y no ser organizada. Es muy cool, en estos días.
Así que he asumido que de momento estoy old fashioned. Mi agenda tiene entradas diarias y prácticamente todos mis movimientos están cuidadosamente planeados, desde las cosas relacionadas con el trabajo a los menús diarios.
La cosa es que, a veces, me doy cuenta de que cuando las cosas no son como suelen ser, me quedo desubicada. Hace unos días, llegué a clase de yoga, y la profe había cambiado totalmente la distribución de la sala. Me quedé parada, intentando reprimir las ganas de volver a ponerlo todo como estaba. Respiré hondo y me dispuse a la práctica con cierta ansiedad.
Me vine a casa pensando que igual la rigidez me está ganando terreno, así que he tomado cartas en el asunto. Pequeños actos, grandes consecuencias.
Me he comprado el conocidísimo "Destroza este diario". No sabes lo que me cuesta. Romper y destrozar por gusto es un esfuerzo titánico para alguien como yo. Sin embargo, después de destrozar algunas páginas, soy capaz de ver el lado positivo, incluso de encontrar satisfacción. Me ha servido para darme cuenta de lo mucho que tengo recortada la espontaneidad, y por extensión la creatividad.
Otra cosa que he hecho es un asado, un martes. Porque en mi cabeza los asados se hacen los domingos, como que las lentejas se comen los lunes. ¿Por qué? pues ni idea, pero así esta fijado en mi cerebelo.
Y ya para rematar, he hecho un roscón de reyes en febrero! En plenos carnavales.. Vamos, un despiporre.

viernes, febrero 05, 2016

Sal pa'la calle, dile a la gente...









.. que esta noche hay fiesta!!!

Se me ha roto la radio del coche, y ahora mismo solo puedo escuchar la autonómica.
La sintontía del Carnaval, es esta.. Y claro, estas canciones están hechas con mucha idea. Se te quedan instaladas de forma permanente en el cerebelo. La radio contribuye poniéndola cada media hora... En fin, un despropósito general. Perdóname por ponértela, que ya sé que esta música no me representa en absoluto, pero oye, si yo estoy aquí sufriéndola, ya sabes también, que soy generosa, y pues eso, que aquí te la comparto.
La cosa es que así estamos ya, en plenos Carnavales.
Mira que lo intento, pero no. No me termina de enganchar. Y pensar en disfrazarme y que me empiece a dar un parraque es todo uno. Pero esto es de los últimos 20 años, que también tuve un tiempo allá por los 18-20, en el que nos reuníamos todas las amigas, en una casa, con un montón de cosas cogidas cada una de la suya, y nos arreglábamos unos buenos disfraces... Parece que fue en otra vida, y casi que así es.
Para Emma el Carnaval es lo más, en eso sale a las tías y los padrinos. La batucada, la purpurina y los tules le parecen algo maravilloso.
Este año no hubo disfraz común en el cole, así que nos tuvimos que poner a improvisar.
Porque que no me guste el Carnaval a mí, no significa que Emma no lo vaya a disfrutar. Nada más lejos de mi intención. Es más, si algo tengo muy claro en este viaje que estamos haciendo, es no trasladarle nada de mis fobias-miedos-dislikes que dirían por allá..
El tema del Carnaval local es "Mitos y leyendas". Así que después de intentar explicárselo a ella, decidió que iría de hada de las hojas. Ajá.
Con estas premisas nos fuimos al chino del barrio y compramos goma Eva, un tutú, y silicona para la pistola.
Recorta por aquí, pega por allá y listo. Lo hicimos entre las dos, y la verdad, lo pasamos estupendamente.
Eso me gustaría inculcarle, porque en casa siempre ha sido así: el Carnaval es para reciclar, pasarlo superbien mientras se idea un buen atuendo, y salir pa'la calle.

Y tu qué? Ahora te toca ponerte el antifaz o quitártelo?