lunes, enero 11, 2016

El miedo

Ayer tuve un ataque de miedo. Y desde anoche casi no he podido parar de pensar en todo lo que pasó.
Hace menos de un mes en mi isla hubo un asesinato.. ni violencia de género ni otras cosas: a-se-si-na-to.
Un tipo con una mala mezcla de química cerebral mató a su ex pareja.
Igual ni siquiera tenía mal la química, y solo era mala persona.
La realidad es que asesinó a sangre fría a una chica, y ha dejado huérfano a un niño de 6 años.
Ayer, mientras Emma y yo bailábamos como locas en nuestro estudio, empezamos a oír gritos.
Gritos pidiendo ayuda en la escalera del edificio.
Tuve un ataque de inmovilización de mis extremidades inferiores.
Quería salir a prestar ayuda, pero el miedo no me dejó.
No sabía qué estaba pasando realmente, pero solo se me venía a la cabeza la chica asesinada hace un mes.
Sentí un miedo horroroso a que estuviera pasando algo similar a medio metro de mí, y no hacer nada.
Entonces oí la voz de otro vecino, que mide 1.80 y es un tío.
Él si salió de su casa.
Y ya cuando lo oí a él, salí yo.
Un chico del edificio estaba sufriendo un ataque de.. "algo", estaba semi inconsciente, rígido y no parecía reaccionar. Su madre no sabía qué hacer. Solo gritaba. Tenía miedo. De ese miedo paralizador de todas las extremidades, en su caso.
Llamé a Emergencias, me acerqué al chico, que ya el otro vecino tenía acomodado de lado en el suelo del zaguán del edificio.
Me atendió un médico, me dio las primeras indicaciones, y el chico reaccionó. Respiró, volvió a abrir los ojos, aunque parecía desorientado.
Los minutos pasaron, 15 exactamente, la ambulancia que tenía que llegar no llegó, y tuve que volver a llamar para anularla, y trasladar nosotros mismos al chico al hospital (Esos recortes que dicen que no eran nada).
La mamá del chico, seguía en estado de absoluto pánico.
Yo me volví a mi casa, a abrazar a Emma y a hacerme una tila.
Más tarde el chico volvió a casa, con su madre aún temblorosa, y dándome las gracias por haber llamado a emergencias. Me sentí cobarde y miserable.
Yo antes no tenía miedo. Hace cinco años no me hubiera pensado lo de abrir la puerta o no.
Nunca antes había echado tanto de menos, medir 20 cm más.
Y justo ayer leí esto, igual va a ser eso.. Ser madre me ha hecho cobarde.

viernes, enero 08, 2016

Estaba de parranda




Eso es.. Mucha parranda ha habido este último mes.
Diciembre nos devoró el tiempo entre las actividades del calendario de Adviento, las comidas, las meriendas y los paseos.
No he tenido tiempo de sentarme con tranquilidad a dejar constancia de todo lo que estábamos viviendo, ni tampoco para hacer el balance final de año que tanto necesito hacer. Bueno, necesitaba.
Porque esta vez, la falta de tiempo para estas pequeñas cosas, no me ha estresado.
Hemos pasado las fiestas nosotras, y todos aquellos que son imprescindibles para nosotras. No ha faltado ninguno. Y ahora tenemos casi otros 366 para cruzar dedos y pedir que para las próximas estemos los mismos, y los que llegarán pronto.
En medio de la preparación de la cena  de fin de año, conseguí apartar el tiempo justo para hacer los propósitos de año nuevo, porque la cabra tira para el monte, y porque para mí los propósitos son más importantes que las uvas.
Este año tengo tres modelos de organización entre manos, a saber: la agenda (donde anoto todo lo referente a lo laboral y escolar de Emma), un BulletJournal (donde anoto los propósitos mensuales, los menús, y todo lo relativo a la casa y a las cuestiones personales), y también tengo un cuaderno Kakebo (este año pretendo hacer varias inversiones, y este método de ahorro me va a ayudar).
Y de todos los propósitos que tengo, que como la hoja no se acababa y la letra la hice chica, son muchos, hay tres que voy a involucrarme a fondo por verlos materializados.
1.- Muchos cafés, tés, infusiones. Que traducido no es más que tiempo compartido con los que están cerca o lejos, y con los que tan bien sienta hablar. O tiempo a solas, para oír el silencio.
2.- Excursiones. Ver atardecer o ver amanecer. Deleitarme con la naturaleza. Conocer más a fondo el lugar que me ha visto nacer, y que me sorprende en cada esquina.
3.- Bailar. Bailar y cantar. Como dice mi padre: romper los zapatos bailando.
Y ya de último, venir a contártelo todo aquí.