domingo, abril 10, 2016

El café nunca solo













Debería estar planchando, pero no encuentro las ganas.
Es mi cita ineludible de cada domingo: la plancha y John.
Cada domingo tengo una cita con ambos, John me hace más llevadero el momento. Pero hoy, ni eso.
Puede ser que las cuatro horas que he pasado en la cocina en labores de intendencia, tengan algo que ver.
La cosa es que aquí estoy, tomándome un café y escuchando Born and Rised, y dejando que mis pensamientos hagan su tarea favorita: encadenarse.
Así y sin saber cómo, llego a la cuestión de la compañía del café.
¿Te digo un secreto? No me gusta compartir el café. Me encanta sentarme sola delante de mi taza, y hacer justo lo que hago ahora, dejar fluir los pensamientos.
Sin embargo, aunque no me guste la compañía humana en el café, sí que me gusta acompañarlo de algo más que disfrutar.
Unas galletas de avena, chocolate y frutos secos, son una gran elección para un domingo por la tarde, o cualquier mañana. Pero si tienes más bien prisa y poca hambre, sólo el gustillo por masticar algo, una granola casera podría satisfacer ambas necesidades.
¿Sabes cuál es una de mis palabras favoritas?: Atorrijarse.
Y esto me recuerda a la cantidad de cosas con las que acompañé el café esta pasada Semana Santa.
Torrijas en todas sus versiones.Torrijas típicas, que saben mejor si las hace mamá. Pudin de pasas o fresas, del libro de Ibán Yarza y Alma Obregón. Aunque claro, el primer puesto de postres que se atorrijan, lo tiene el semla.
Otra de las cosas de las que me gusta acompañar el café, es de lectura. Ahora mismo, Julio Basulto es una lectura obligada para todos aquellos que nos hemos reproducido, y que queremos saber un poquito más sobre lo que le damos de comer a nuestra descendencia.
Y con el gusto dulce en la boca aún, y arañando los minutos de descanso, las agujas.
Estoy haciendo un boceto de París, de mi propio París. Porque hay sitios, que sin saber cómo forman parte de nuestro día a día.

4 comentarios:

Mirichan dijo...

A mi también me gusta acompañar el café, sobre todo con cuatro o cinco galletas maría fontaneda. Así es como me lo daban para merendar cuando era pequeña, en aquellos tiempos en los que los niños podían tomar café con leche para merendar y el mundo seguía girando (y siguió, que nadie me eche a mí las culpas de haber parado el mundo!).

Ahora me he hecho mayor y hay que recortar galletas... por suerte no recorto en cafés.

Fan de tu Paris, sólo le falta una señal del Metro.

Lolita Blahnik dijo...

Esos acompañamientos culinarios geniales, los literarios mmm... no tanto. Estoy enfadada con Basulto y a esa Obregón le he cogido manía. Bueno, mejor lo discutimos en persona ;)

Nieves dijo...

Mi café siempre lo acompaño de un trocito de chocolate. Me encanta ver como haces en la cocina y tus siempre tan originales manualidades.
Veo que te has buscado una magnífica ayudante...

:)


Mil besos!!!

glaramknits dijo...

Madre mía, suerte que yo con el horno no me llevo, proque si acompaño asi el café, luego no hay quién se meta en el bañador. Me conformo con ver esas dulces tentaciones en tus fotos. Lo de Basulto, yo aún no lo he leido, mis hijos no comen, deboran. Llevamos peor lo del sueño, pero creo que no hay libro que lo arregle a estas alturas.