miércoles, noviembre 11, 2015

Noviembre y ser agradecido









Se celebra en Noviembre el famoso Thanksgiving en el país de los estates.
Y mira, es otra de esas celebraciones que molaría mucho copiar, copiar su filosofía y su finalidad, se entiende. Porque me parece un ejercicio estupendo para poner los pies en el suelo y darse un baño de realidad. Tenemos un montón de cosas por las que sentirnos agradecidos cada día, pero es mucho más fácil dejarse llevar por lo que no tenemos, y porque lo que parece que no termina de llegar. Esta majadería de ver siempre el vaso medio vacío. El ejercicio de agradecer es siempre mucho más satisfactorio que el de pedir.
Desde que Emma llegó, tuve una imperiosa necesidad por acotar los regalos, (tarea muy ardua con dudoso resultado), aún así, sigo erre que erre, en que lo importante no son los regalos sino el tiempo.
Hay un vídeo maravilloso de José Mujica, que lo explica estupendamente. Y eso es lo que intento explicarle a Emma cada día.
Pero llegó su cumpleaños y aunque yo actué intentando frenar la marea de regalos, fue agotador y poco efectivo.
He aprovechado noviembre para intentar concienciar de todo lo que tenemos y por lo mucho que debemos sentirnos agradecidas. Me di una vueltita por Pinterest, y ahí encontré algo que me podía ayudar en mi idea.
Me puse manos a la obra con lo que tenía en casa. Solo compré una pieza de cartón piedra de color negro.
30 sobres de los marrones, papeles de scrap, imprimí los números, y un poco de cordoncillo rojo.
Y con estos materiales, un buen té, mucho pegamento, mucha tijera y manos a la obra.
Tengo que decir que estoy super contenta con el resultado. Y es algo que vamos a usar cada año, como el calendario de Adviento. Además, será genial, ir guardando todos esos papelitos de agradecimiento de año en año.
Luego vino la tarea de explicarle a Emma qué teníamos que hacer con este tablero.
Le expliqué, y aunque inicialmente me dio la sensación de que no entendió mucho de qué iba esta vaina, la lección me la llevé yo desde el primer día.
El primer día, cogí mi bloc de notas, y le dije que tenía que decirme algo que hubiera hecho/sentido en el día, por lo que daba gracias. Se quedó muy seria, y a los pocos segundos me dijo: Mamá yo sonrío hoy por el rato que he pasado jugando con mi prima Olivia.
El segundo día me dijo: Mamá hoy sonrío porque tengo una madre estupenda.
Yo aquí, imagínate, casi exploto.
Me hizo mucha gracia el cambio de frase, en lugar de dar gracias, ella sonríe.
Y me pareció algo muy gráfico, siempre sonreímos cuando damos gracias desde el corazón.

domingo, noviembre 08, 2015

La excursión del Domingo, el Sábado (IV)














Desde el jueves se está celebrando en el Norte  de la isla, el festival de Cometas. Ya hace algunos años que se celebra, pero aquí la menda lerenda, no había pisado la arena durante el festival ni había disfrutado de ese espectáculo.
Este año no dejamos escapar la oportunidad, y allá que nos fuimos. Tres madres, tres niños.
Ha sido uno de esos días de comprobar que disfrutar de la vida es bien, pero hacerlo en compañía es mejor.
Yo no me creo mucho eso de la necesidad de los bebés por socializar, y que esa sea la razón principal por la que llevarlos a la guardería. Pero sí que he comprobado que llegado a los 3-4 años, no existe necesidad, pero sí mucho disfrute al compartir el tiempo y las experiencias con otros niños. Así que esa sí que es una de mis principales razones por las que moverme.
Lo tengo asumido, me cuesta moverme. Me gusta mi entorno, mi zona segura. La actividad fuera de mi casa me cuesta, aunque una vez en camino, soy consciente de lo bien que me sienta.
Echamos rumbo norte, con la cámara en mano, y disfrutando de la música infantil y una conversación a cuatro voces.
Inicialmente el cielo se presentaba gris, con nubes espesas que nos hizo coger chaquetas, y que presagiaban viento y frío.
Pasado Parque Holandés, ahí se alza Montaña Roja. Que según las niñas, no es roja. Sus cabecitas están amueblándose con las particularidades del lenguaje, todavía no entienden los matices, y las acepciones de las palabras. Y es toda una experiencia verlas argumentar.
Las lluvias pasadas, una vez más, ya han dejado presencia, y un manto verde se empieza a ver por todos los bordes de las carreteras de la isla. La magia del agua en esta tierra es ya en sí, un auténtico espectáculo.
Pasada Montaña Roja, ya se ve Isla de Lobos y un poco más allá: Lanzarote. Qué complejo explicar que en la isla no hay ya Lobos, y que a Lanzarote no podemos llegar en coche.
En cuanto llegamos a las dunas, ya se veían las cometas. Muchas cometas que surcaban el cielo. De todas las formas y tamaños. De miles de colores.
Pudimos aparcar sin demasiada dificultad. Y en cuanto pusimos a los niños en el suelo, fue como si hubieran estado atados mucho tiempo y de pronto pudieran echarse a correr sin ningún tipo de impedimento. Correr duna abajo, correr duna arriba.
Recuerdo hacerlo de pequeña, y la sensación de libertad es absoluta.
Recomiendo esta experiencia a cualquier niño, adolescente o adulto.. Echarse a correr por la arena es terapéutico.
Las nubes fueron despejándose, y el cielo se presentó limpio y azul. Entre eso y la carrera, entramos todos en calor rápido, y nos deshicimos de chaquetas y zapatos. Tuvimos la oportunidad de construir nuestra propia cometa, y de echarla a volar.
Emma tomó su cometa, su cuerda, y solo necesitó una escueta demostración gráfica para hacerlo ella misma. Y de ahí se lanzó a correr, a seguir corriendo por toda la arena. Solo paraba para coger aire, verificar que la cometa seguía en el cielo, e intentar hacer unas pocas volteretas.
Pasamos el día entre arena, cometas y el alisio.
A la vuelta a casa, el Sol se iba poniendo e iba bañando de esa luz dorada tan típica de esta tierra en esta época del año. Las niñas venían ya quedándose dormidas con el ronrroneo del coche en la carretera. Las madres, también cansadas, pero con cara de felicidad.
Ciertamente el día no podía haber sido mejor.
Es fácil ser feliz así. Es fácil ser feliz aquí.

domingo, noviembre 01, 2015

Halloween, Finados, o cualquier excusa me vale






Hace ya unos cuantos años, que dejé de ser una grinch de cualquier fiesta. Y tengo que decir, que ahora soy mucho más feliz, y me lo paso mucho mejor.
Antes me ponía en modo "gente gris"  como canta Luis, y dejaba que las fiestas se me escaparan de los dedos, mirándolas de lejos y poniendo cara de disgusto. Menos mal que todos esos modos quedaron atrás con la treintena.
Ahora cualquier atisbo de fiesta, me pone en marcha de preparativos, y en predisposición de pasarlo bien.
Así que con los ojos en el calendario, me sumergí en el armario donde tengo todo lo que puede ser útil para inventar. Con un poco de tela, y unos patrones a mano alzada, construí la corona de la puerta. La inspiración, como siempre, gracias a la inestimable ayuda de Pinterest.
Todas estas fiestas son un filón para los centros comerciales, que desde una semana antes sacan todo su arsenal de adornos y dejan el centro como cualquier escenario de peli B. También aprovechan para atraer al pobre consumista que se ha quedado despistado por ahí, sin tener conocimiento de que lo que tiene que hacer durante el fin de semana, es ir al centro comercial y sacar a pasear la tarjeta. Para esos despistados, el centro llena la tarde de actividades infantiles. Yo, tengo un truco, voy a todo lo que anuncia, dejando la cartera en casa. Me sale mucho más a cuenta.
El viernes, la agenda marcaba un cuento de piratas teatralizado. La verdad es que estuvo muy entretenido y original. Emma, se lo pasó muy bien. Se desconecta de lo que pasa alrededor en cuanto le comienzan a contar una historia. Luego, nos dieron la posibilidad de pisar el escenario y andar por el medio del tesoro y el barco pirata.
Y para merendar, otra vez volviendo al cajón de cosas compradas años ha, unos muffins con cara de calabaza terrorífica. La idea era decorarlos después de que se enfriaran, pero no llegaron a tiempo.
Y para cuando estaban fríos ya estaban formando parte del proceso de digestión. El año que viene volveremos a intentarlo.