martes, octubre 27, 2015

40.







Llegaron.
Por primera vez puedo decir que los esperé con alegría.
Llegaron con un montón de lluvia que hizo correr barrancos, llenar gavias, y limpiar todo el ambiente.
Desde hace semanas tenía ganas de hacer algo diferente en este día. Fue fácil organizarlo, porque mi prima-comadre, cumple años el día antes que yo. Casi sin pensarlo mucho organizamos una paella en su casa, para convidar a los que nos aguantan el resto del año, esto es mis padres-hermanos, sus padres-hermanos, y los tíos de ambas.
Nosotras lo pensamos poco, pero ellos lo organizaron mucho.
Cuando llegamos a la casa, al abrir la puerta, nos encontramos un montón de globos, flores, guirnaldas de felicidades.. Casi nos caemos al suelo del susto y de la risa.
El día nos acompañó, con intervalos de sol entre tanto chubasco.
Y lo pasamos bien, muy bien, ¡qué caramba!.
Madre mía, 40.
No ha sido fácil llegar hasta aquí, es más, hubo momentos en que dudé seriamente de si llegaría.
Ya ves, qué de cosas absurdas pasan por la mente durante la treintena.
Pero aquí estoy, y ahora sí que es fácil seguir. Me enfrento a otros dilemas y brego con otras cuestiones, pero también es verdad que las herramientas con las que cuento ahora, son mucho más efectivas.
Supongo que no he cambiado tanto, sigo teniendo muchísimas inquietudes, algunas ilusiones, una meta clara, y un camino que de vez en cuanto me aterroriza. Pero lo que tenía y sigo teniendo es la firme voluntad de seguir andando.
Ahora soy la señora de las cuatro décadas, utilizo carmín rojo, y me río hasta de mi sombra.
Estoy convencida de que esta nueva década va a ser legen (wait for it) daria

viernes, octubre 23, 2015

Último día en la treintena, y un golpe con la realidad







Ayer por la noche nos declararon en alerta naranja. Más o menos al mismo tiempo que empezó a llover.
Al poco rato se suspendieron las clases de hoy.
Y sobre la marcha empecé a improvisar planes.
Tengo la suerte de ser una jefa comprensiva a la par que permisiva, así que me di el día libre ipsofácticamente.
Tenía una cita ineludible por la mañana, para lo que mi madre, (¡ay! las abuelas) me echó una manita.
Mi cita tenía poco de agradable y mucho de necesidad. Hace poco más de un mes que supe que iba a llegar ese momento, y no por ello se hizo más fácil.
Es curioso cómo se entrelazan las personas, y las historias. Con la escolarización de Emma, se han cruzado grandes personas en nuestro camino, y con la vista hacia atrás, me doy cuenta de lo mucho que me alegro de que esto haya pasado. La cita de hoy tenía que ver con una de estas personas. Que aunque hace relativamente poco que nos relacionamos, desde el principio he sentido una cercanía especial. Así que hoy era obligación moral estar junto a ella y a sus familiares.
Ojalá tuviéramos una forma mágica de aliviar o consolar a los que nos importan, cuando pasan por estos momentos. Solo podemos estar y acompañar.
Se me hace difícil parar los pensamientos, y no seguir divagando en que más tarde que pronto, o eso deseo, todos pasaremos por allí. Llegará el momento en el que me tenga que despedir de los que me vieron nacer y crecer. Trato de parar estos pensamientos, una, dos y hasta tres veces. Pero en días como hoy me resulta harto complicado.
Es entonces cuando respiro, y me paro.
No puedo cambiar lo que está por venir, no puedo alterar lo que pasó, solo me queda hoy.
Y hoy, tengo una niña en casa con necesidad de mucho entretenimiento, un día lluvioso, y el recordatorio en la nevera de que hoy será el último día que tenga 39.
Así que lo he dedicado a hacer lo que más me gusta hacer, y a recrearme en esos pequeños detalles que me hacen la vida feliz.
El horno encendido, flores y mi mini huerto, y un buen revolcón entre hilos, telas y y patrones.
Esta semana he germinado semillas de cilantro y de algodón.
Esto empieza a resultar un poco problemático. Tengo seis limoneros, un aguacatero, y siete algodoneros. Lo del huerto se me está escapando de las manos. Debería no plantar nada más hasta tener una finca a la que trasladarlos después. Supongo que esta es la manera de  mandarle mensajes subliminales al universo, a ver si espabila un poco.
Hemos acabado el día entre telas e hilos. Intento traer a Emma hacia el lado oscuro de estas labores, aunque de momento a ella le motiva más coger los retales y llevarlos al aire mientras corre por el pasillo. Unas veces son velos, otras capas, y otras "estelas".
Me ha dejado patidifusa cuando me lo ha dicho ella misma con esa palabra.
- Mira mamá, estoy dejando una estela.
Me pregunto de dónde saca esas palabras. Lo que me hace ponerme en guardia, porque me reafirmo en que es una auténtica esponja que absorbe todo lo que ve o escucha.
Y mientras Emma dejaba estelas de telas por el pasillo, yo terminé unas piernas de bruja.
.. Y mañana,.. mañana cambiaré de década.

sábado, octubre 10, 2015

La excursión del domingo (III)








Está a punto de llegar otro domingo, y aún tengo la crónica del pasado por transcribir.
Así no llegamos a ningún lado.
Tengo una excusa perfecta, el trabajo se ha impuesto esta semana, y he estado totalmente absorbida por un nuevo proyecto que se asoma a mi puerta. Se supone que está todo atado, pero falta una notificación, así que de momento, sigo mirándolo de lejos y con cautela.
El fin de semana pasado fue el finde grande de las fiestas de nuestro pueblo.
Había un programa lleno de actos.
El sábado se hacía la clásica ofrenda a la Vírgen, a la que acudimos como el año pasado, porque el cole de Emma tiene rondalla, y ella quería ver a sus profes bailando y cantando.
De allí, y aunque hice grandes esfuerzos por escurrirme, llegamos a la fiesta de cochitos, es decir al recinto ferial, con sus luces, sus atracciones y ese tufillo resultante de la mezcla de la carne de cochino frita, los perritos calientes y el algodón de azúcar.
Tengo ya asumido mi malignidad como madre a estas alturas de película, y haciendo gala de la misma, no había llevado nunca a Emma allí. Es decir, que nunca se ha montado en ninguna de estas atracciones multicolores y ruidosas.
Emma no sabía donde parar la atención, así que me dijo que primero quería ir a dar una vuelta por todos para verlos bien.
En mitad de la vuelta, recibí el mensaje de mi prima artista, invitándonos a una exposición de sus acuarelas, y al monólogo que haría después. Le pregunté a Emma si quería ir, y la mirada que me devolvió, pareció que se alegraba infinito de tener una excusa para salir de allí.
La exposición fue genial. Parte de mi familia arropábamos a mi prima, y disfrutamos a partes iguales de sus láminas y de los monólogos de después.
Llegamos a casa, cansadas, pero contentas. Emma no paraba de hablar de todo lo que habíamos hecho y de lo tarde que era. Creo que es la primera vez que se le hacen las 10 de la noche y está en la calle. Estaba fascinada.
El domingo por la mañana acudimos a una exposición de coches antiguos que hay en el municipio. Los coches antiguos tienen algo que me dejan hipnotizada. Ver el mimo con el que sus dueños los cuidan y los arreglan, me llega hasta emocionar. La simplicidad de la mecánica de esos motores, y el lujo de los detalles, los hacen piezas únicas.
Y por la tarde, fue nuestro momento. Emma está yendo a ballet, cosa que merece una entrada aparte. La cuestión es que el domingo actuaron, dentro de la programación de actos infantiles.
Cualquier cosa que ponga aquí ahora va a ser insulsa, en comparación a la cantidad de sentimientos que se me despertaron.
Ella dice que lo pasó muy bien. Y que le gustó estar en el escenario delante de tanta gente. Yo no sé bien cómo tomármelo, aunque todavía me cuesta recordar el momento sin que el orgullo me llene y las lagrimillas inunden mis ojos.