domingo, septiembre 27, 2015

Out of control



Lo he dicho tantas veces que corro el riesgo de aburrir, pero eso también forma parte de mi.
Cuando algo me pica la curiosidad, o cuando algo me interesa mucho, inicio un proceso de investigación que me resulta imposible de parar, ni tan siquiera controlar.
Eso me pasó con la fermentación.
Todo empezó hace un par de años cuando fui capaz de hacer masa madre, (que esta semana pasada cumplió dos años, y que sigo refrescando y usando cada vez que hago pan).
Luego seguí con el chucrut, el kimchi, y el ketchup.
Y entonces leí sobre el kéfir y la kombucha.
Me pateé todos los herbolarios de mi pueblo, intentando buscar a alguien que me cediera una colonia.
La búsqueda fue sin éxito, hasta hace un mes.
Mi herbolario de confianza, tomó nota de mi búsqueda, y cuando tuvo "los bichos", me hizo la esperada llamada.
El kéfir no tiene ningún misterio. A los nódulos le añadimos leche (yo le pongo leche semidesnatada), lo dejo dentro del bote 24h, en uno de los armarios de la cocina. Pasado este tiempo, cuelo la leche kefirada, y vuelvo a repetir el mismo proceso de añadir la leche a los nódulos. Al principio la colonia era pequeña, y la leche resultante tenía poco espesor, aunque sí mucho sabor. Ahora consigo colar un vaso de consistencia igual a la de un yogur.
Llevo un mes tomando cada noche un vaso de esta leche kefirada. Unos días la tomo sola, y otros días lo meto en la batidora con un plátano.
Para preparar la kombucha, seguí el procedimiento que describe el blog de evamuerdelamanzana.
Después de la primera semana, colé todo el líquido obtenido, y lo embotellé. De momento sigo haciéndolo así, sin darle sabor en una segunda fermentación.
La kombucha la tomo cada mañana antes del desayuno, un vasito.
Después de un mes, tengo que decir que me siento mejor. Antes tenía siempre la sensación de estómago lleno, sobre todo por las mañanas, como si la digestión de la noche se hubiera parado.
Ahora no tengo esa sensación, y me levanto con el estómago vacío, y con ganas de desayunar.
También he notado, que la kombucha me da como un subido de energía, como cuando te tomas un café fuerte. Pero sin los efectos secundarios que me suele generar el café: ansiedad, temblor de manos, y finalmente irritabilidad.
Ahora ando a la búsqueda y captura de nódulos de kéfir de agua, para hacerme unos "vinos".
Y como ya va llegando el fresco, estoy preparando mis botes para empezar a hacer chucrut.
Mi casa se convertirá en los próximos meses, en un gran almacén de fermentación.

jueves, septiembre 24, 2015

La excursión del domingo (II)









Despertarse el domingo, y tener un cielo completamente despejado, que te obliga a ponerte encima cualquier cosa y salir a la calle. La amenaza de los cielos grises, los días más cortos, y el fresco, están ahí, llamando a la puerta. Estos últimos días de verano, me urge  salir,  tirarme en la arena, y disfrutar de estas temperaturas casi con obligación.
Primero nos dimos una vuelta por  el mercadillo, y nos aprovisionamos de aceite local, y de galletas de gofio y plátano. Las preferidas de Emma.
Y luego nos fuimos directas a refrescarnos.
Las playas urbanas se convierten en un sitio de absoluto asombro para mí. No sé que me producen más si aversión o atracción.
Me he criado en la playa. Pero en playas donde no hay pasarelas, ni papeleras, ni tampoco socorristas.
Y no tener este mobiliario urbano, no suponía ningún problema. La arena estaba limpia, la playa cuidada, y todos hacíamos un uso responsable de ella.
Este verano, descubrí con asombro lo sucia que estaba la arena de MiNorte. Tanto así, que en menos de un cuarto de hora, mis hermanas y yo fuimos capaces de reunir más de una veintena de colillas. Mientras la sangre te hierve y la ira te inunda.
Ahora las playas tienen papeleras, pasarelas, bancos.. Y es cuando más sucia está. No nos hacen falta estos accesorios para educar y para ser respetuosos, pareciera lo contrario, cuanto más intentamos urbanizar la naturaleza, más salvajes nos volvemos nosotros.
Esta playa urbana a la que fuimos el domingo, está limpia, pero no porque sus usuarios sean más limpios que los que van a MiNorte, porque aquí la población es la misma, y usa una u otra según sean las ganas de hacer kilómetros, la diferencia es que una tiene servicio de limpieza y la otra no. La basura se sigue dejando en la arena.
Y como esto, todo lo demás, la base está en la educación. ¿Pero a quien tenemos que educar, a los mayores o a los chicos?

miércoles, septiembre 16, 2015

En algún momento


Pensando, estaba pensando... como cantaba Jorge.
Y para pensar, nada mejor que una infusión, y unas galletas artesanas.

Hace dos semanas, que volví a LaTrinchera. Bueno, más bien, LaTrinchera volvió a mí.
Y pude constatar que está todo como lo dejé, aunque ahora nos separe un hemisferio.
Sigue dándome calor, sigue dándome refugio, sigue dándome seguridad. Y sigue dándome horas de conversación incansable, con distintos puntos de vista, y con mucha sabiduría.

Pero tampoco esta vez, es un sitio en el que pueda quedarme.
Todavía no es el tiempo.
Y no puedo evitar preguntarme si alguna vez, en algún momento lo será.

Y de fondo, en algún lugar de mis recuerdos, surge aquella canción de Eddie Vedder

domingo, septiembre 13, 2015

La excursión del domingo (I)












Ha empezado el colegio, y con ello la rutina. Nos ha costado un poco fijarla, aunque creo que después de una semana está más o menos instaurada. Y hemos vuelto a los sábados de mercado y limpieza, y a los domingos de excursiones y paseos.
La temporada ha quedado inaugurada con una excursión a Betancuria y a la Vega de Río Palmas.
Me da vergüenza admitir, que hay muchos rincones de esta bendita isla que conozco poco. Siempre pongo rumbo norte, por lo que el sur, por momentos se me hace desconocido. Pero es algo a lo que  me he propuesto poner remedio. En este primer domingo de excursión, pusimos rumbo a Betancuria, para allí hacer una pequeña parada (próximamente volveremos con más tiempo y con más información). La iglesia de allí me dejó con la boca abierta.
Siempre que entro a un edificio se me hace imposible no mirar hacia arriba. Voy siempre buscando el techo. En esta ocasión, el descubrimiento de los techos ha sido increíble. Son fascinantes.
La iglesia tiene un montón de historia para saber, pero como fue una visita imprevista, no íbamos preparados. Por eso, volveremos. Por eso, y para probar la cafetería Santa María.
Seguimos en carretera hasta llegar a la Iglesia de la Peña, en la Vega de Rio Palmas. Es la patrona de la isla, y próximamente se celebra la romería en su honor. Hace más 15 años que dejé de ir en romería, pero me gusta ir de vez en cuando fuera de esta fecha, lejos de aglomeraciones y algarabías. Es una iglesia pequeña, con también un montón de historia. Después de poner el pie en la entrada, y de encender un par de velas, dimos gracias, cualquier sitio y lugar es bueno para hacerlo.
Y luego, nos tomamos un café en una cafetería que tiene un típico patio canario, lleno de plantas y hasta palmeras. Aquí también se me hace necesario mirar hacia arriba. Aquí, el techo es el cielo.
En el camino de regreso, volvimos a hacer otra parada. Emma empieza a acusar los trayectos en carretera con un ligero mareo. Así que a cada tantos kilómetros paramos a coger aire y a estirar las piernas.
Esta última parada la hicimos en el mirador de Guise y Ayose. Desde donde se puede ver hasta casi MiNorte, y donde la luz del sol reflejada en el rojizo de la tierra, puede causarte un daño permanente en las retinas, por la belleza que se desprende.
En sitios como este, sabes que la tierra que llevas dentro, siempre te va a marcar. Es en estos momentos donde siento de verdad la raíz, mi raíz estará siempre aquí.