domingo, mayo 31, 2015

El Baile de Taifas, y puede que un poquito de madurez







Hace ya 15 años que se celebra el Gran Baile de Taifas en mi pueblo, para festejar el día de Canarias.
En sus primeras ediciones, me pareció  ridículo. Me encerré en mi postura de grinch, y no fui a ninguna de las ediciones. Mi primer Baile de Taifas fue cuando estaba esperando a Emma, hace cuatro años, y por cuestiones de causa mayor que hoy prefiero almacenar en esos cajones que anualmente sufre una borrada masiva de datos, como los Ayuntamientos en estos días. Total, que hasta este año no me había ni planteado volver a vivir la experiencia.
Este año, me prometí a mí misma, ir desmenuzando prejuicios y ver el origen real de éstos, entre otras cosas por no hacerlos extensibles a Emma. Así que aquí ando, en pleno trabajo de análisis, rompiendo barreras y saliendo de mi zona de confort.
Con el Baile de Taifas, creo que lo que era ridículo en estos días, era mi postura. No tenía una razón real más allá del sentido del ridículo que me afloraba al pensarme vestida de algo que no sentía ser yo. De hecho, siempre dije que ponerse esos trajes era disfrazarse. Es maravilloso ver que pasa el tiempo, y va cambiándome mi forma de pensar. Madurez, se le puede llamar a estos cambios.
Este año, después de darme cuenta de ésto, me planteé seriamente ir.
Las condiciones de asistencia para esta fiesta, es ir ataviado con la indumentaria tradicional canaria.
Ni que decir tiene que la gente, busca, rebusca, hace y rehace unos trajes espectaculares. También tenemos la versión exprés que es pasar por el comercio adecuado, dejar 30-60€ y componerte un traje en un dos por tres.
Los trajes majoreros, tanto el de campo como el de gala, son espectaculares. Y hacerlos lleva su tiempo, su inversión, y su trabajo.
Mi propósito es ir componiéndolo poco a poco, aportando cada año algo nuevo a nuestra indumentaria. Este año fue la camisa, espero que el año que viene pueda tener la falda de paño, plisada en la cintura hasta la cadera. Que pesa un quintal, pero que por su caída merece la pena llevarla. En el caso de Emma, nos inclinamos por la versión exprés hasta que deje de crecer, porque de momento, de un año a otro el traje completo, le queda pequeño.
Aprovechando que mamá tenía el telar puesto, porque estaba calando un mantelito. Me la camelé ligeramente para que nos calara unas cositas a Emma y a mí.
Para Emma un denlantal, y para mí, el canesú de una camisa.
Así también aprovechaba el momento y sacaba las reglas de patronaje.
Mamá es una artista. Verla calar es como entrar en una especie de trance, donde solo eres capaz de seguir la aguja arriba y abajo, y tus chakras se alinean por obra y gracia del subir y bajar de esa aguja. Un espectáculo.
El calado estuvo listo en una semana, y el resto de las piezas en apenas tres días más tarde.
Tengo que decir, que mi camisa es la camisa más bonita que he tenido nunca. Y me están entrando unas ganas infinitas de ponerme seriamente con un telar y calarme un par de ellas más.
El Baile fue un completo éxito, con varias parrandas, mesas llenas de comida, y familias enteras ataviadas y disfrutando.
Emma disfrutó muchísimo, primero comiendo y luego bailando. Aunque a medianoche y como Cenicienta, el sueño la venció. Todavía ayer, me decía: me gustó muchísimo la fiesta de ayer mami.
Así que hasta el año que viene, que volveremos con mejores trajes y las mismas ganas.

domingo, mayo 10, 2015

Orientarse y esperar el viento









El jueves pasado se inauguró la Feria de Artesanía de Antigua. Este año el Ayuntamiento ha decidido cambiar el emplazamiento de la misma. Cuando recibí la noticia, (en lo que suele ser habitual en mí, que odio salir de mi zona de confort), me pareció un error. Y cuando fui a visitarla, me tuve que dar la consabida colleja por haber pensado tan negativamente en principio. Este año se celebró en las inmediaciones del Molino de Antigua, junto al museo del Queso Majorero. Así que la excursión nos sirvió para dar un paseo por los tres sitios: la feria, el museo y el molino.
La feria muy bien, con 100 artesanos más que el año pasado, lo que hacía un total de 300 puestos. La calidad y el nivel de los artesanos también ha mejorado muchísimo, lo que me hace muy feliz. Porque llevamos una rachita en que lo de ser artesano es un chiste y las artesanías una chapuza. Este año se ha notado mucho la diferencia. Mi puesto favorito, este año también, ha sido el de Pisaverde. También había varios joyeros que tenían piezas muy bonitas usando plata y piedra volcánica. Madera, cristal, cerámica, cuero y madera. Este año, como novedad había también varios maestros herreros, alguno incluso con una demostración de su taller de forja, haciendo herraduras.
El museo del queso está ubicado al lado del molino, en una casa de construcción típica canaria, con jardines llenos de cactus. Lo que hizo que Emma estuviera encantada paseando por allí. El museo me trasladó a la casa de mis abuelos, cuando era pequeña. Se me vinieron a la mente imágenes claras de mi abuelo ordeñando y mi abuela haciendo queso. Solo faltaba el olor para que fuera un viaje en el tiempo.
El molino, está restaurado, arreglado, y muy conservado. Preciosos, tanto el molino de gofio como el molino de agua. Qué importancia tienen los molinos en esta isla, y hasta hace bien poco, que poquito caso se les ha hecho.
Hay un video fantástico sobre el viento, y lo que podemos sacar de él. Fuerteventura es viento, que de ahí le viene el nombre. Y estamos perdiendo una oportunidad tremenda de coger lo que nada cuesta y lo que es inagotable.
Y voy despidiendo un fin de semana muy agitado. Con pan recién horneado, requesón de la leche de las cabras de mi tía-abuela, mermelada casera de tomate, un poco de crochet y de fondo: la telenovela.
Ya estoy lista para recibir lo que el viento de la nueva semana, me vaya a traer.

domingo, mayo 03, 2015

Reflexiones de ser mamá




El viernes Emma trajo de su cole su regalito para celebrar el día de las madres. Lo guardó cuando llegamos a casa, y me dijo muy seria que era para mí, pero que no me lo podía dar hasta el domingo.
Hoy se ha levantado con la energía de siempre, y ha saltado de la cama a buscarlo.
Una bolsita decorada por ella, un tulipán que también pintó ella, y una postal que dentro tiene las palabras que sabe escribir (mamá y Emma) llena de dibujos rosas y azules, porque según ella, yo soy rosa y ella es azul.
Todo muy bonito, y como es normal, muy especial. Aunque lo que más me ha gustado es su capacidad para mantenerse firme, sin dejarse llevar por la emoción de tener un regalo y dármelo sobre la marcha. Ha esperado hasta hoy, y ni siquiera días atrás cuando me dijo que estaba haciendo una sorpresa para mí, se le escapó nada.
Me dijo:
- Estamos haciendo una sorpresa para las mamás en el cole, pero no me preguntes porque no te lo puedo contar, es un secreto.
Me gusta esa capacidad que tiene para ser firme, aunque cuando es igual de firme para algo que no conviene (como tirarse del sillón, pinchar en las camas, o comerse todo el chocolate que encuentra..) no me parece tan bien. Emma es cabezota, es sesuda, tiene una lógica que me deja la mayor parte de las veces sin palabras. Y cada día, me pregunto cómo es posible que con lo pronto que se acaba (apenas un metro de altura) sea capaz de agotarme físicamente con tanta rapidez. Me resulta increíble la energía que tiene, y la necesidad de explorar todo lo que tiene alrededor. Su curiosidad es digna de estudio, y su memoria un prodigio.
Es capaz de echarme un pulso con cosas tan ridículas como comerse una zanahoria, o de estar llorando los diez minutos que dura la ducha,o cuando nos metemos en el coche para volver a casa desde NuestroNorte, que es capaz de estar con un llanto lastimero, que ni es llanto ni es nada, todo lo que dura el trayecto.
En estos cuatro años que llevamos juntas, he aprendido mucho, y probablemente me ha servido también para conocerme y conocerla. Asumir que es una persona independiente, a la que unas veces guío y otras veces acompaño, pero siempre manteniendo (o intentándolo) su independencia.
Yo no recuerdo cuando sentí la certeza de que mi camino en la vida pasaba por el trance de reproducirme, es algo que siempre he sentido o que he sabido. También tuve siempre claras, las circunstancias que acompañarían a mi maternidad.. casi todo ha sido así, como lo sentí desde siempre. Puede que por eso, todo sea más llevadero, o menos problemático.
Pero también es cierto que cuesta, y que hay problemas. No es fácil lidiar con según qué entornos, y también es complejo plantar cara a algunas batallas internas que siempre surgen en cuanto empiezas a educar. Lo de dejar mi vida en standby hasta que vaya a la Universidad prácticamente, lo tengo asumido, y no me genera demasiados conflictos. Es una especie de peaje que pago por ir en un camino donde la mayoría de cosas son flores.
Después de abrir el regalo sorpresa, hemos dado buena cuenta a un desayuno completo y sabroso, no creo que haya tomates más ricos que los de Tiscamanita; hemos leído todos los cuentos de mamás que tenemos, que ahora me doy cuenta que son tantos como los años que llevo celebrado este día. El último, el Mamá, de Mariana Ruiz Johnson, es precioso, versos cortos, e ilustraciones que van desde el embarazo hasta el niño que ya va solo por la vida, pero que siempre será el niño de mamá.
Me acuerdo de la canción de Luis Quintana, Antes:

... Antes, mi madre me decía: mi niño todo el día
pero eso sigue igual...

sábado, mayo 02, 2015

Todo parece estar bien, hasta que ¡sorpresa!




Es increíble como siendo de un lugar, llevando vividos más de 20 años en él, aún pase por sitios que creo que no conozco, o que de repente un día me resulten totalmente distintos a los recuerdos que tengo de esos mismos sitios.
Puede ser la luz, que cambia muchísimo con cada estación en esta isla, aunque probablemente sea yo. Dice Wayne Dyer, que cuando cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambian. Seguramente esta será la respuesta a mis dudas.
Así me pasó con el paseo de la avenida que discurre por el barrio donde crecí. De repente esta semana me encontré por allí, teniendo que hacer tiempo para resolver otro trámite. Y así, como por sorpresa, me encontré completamente sorprendida por una avenida increíblemente bella. El día gris, lo temprano de la hora, y mis ojos nostálgicos, me descubrieron una postal marina en blanco y negro. Fue uno de esos momentos de comunión con los elementos. Gracias a que tenía mi cámara en el bolso, pude traerme un poquito de ese instante mágico.
El blanco, gris, negro de la foto se vio de frente con las flores de los viernes, que esta semana fue el jueves por el día de fiesta. El amarillo chillón de estas margaritas extrañas que llenan de luz toda nuestra casa, aunque las coloque en un rinconcito.
Y así, cuando parecía que todo estaba en armonía, que el trabajo estaba hecho, y que la vida como las cosas está colocada, llega la sorpresa.
En una conversación sin sustancia con Emma, mientras hablábamos de lo que había hecho en el patio del cole, ese mismo día, me dice que se asustó mucho porque en el patio, dos niños de cinco, se pusieron a pelearse, y que casi le dan un golpe porque se empujaron y uno cayó muy cerca de ella. Al preguntarle por qué siguió cerca del conflicto si podía irse, me suelta tan pancha: que ella esperó a que su más mejor amiga viniera a rescatarla, porque su más mejor amiga siempre la rescata en el cole.
Me quedé perpleja. Y noté cómo empezaba a subirme la presión arterial.
Me he volcado para intentar inculcarle que no hay que esperar por nadie, que cada uno es responsabilidad de cada uno, y que uno tiene que salvarse solo, que nadie nos va a rescatar.
Los pensamientos se me liaron como un remolino en la cabeza, y las frases se me atoraron en la garganta.. de aquí al síndrome de la princesa esperando por el príncipe no hay mas que una débil línea.
Intenté serenarme, porque también sé que tengo que ponerme en su cabeza, tengo que explicarle las cosas para que las entienda. Y de nada vale que me ofusque, ni que me enfade o que lamente. Tengo que conservar la calma, y tratar de explicar.
Porque de entrada parece una tontería, pero yo he sufrido mucho, pero mucho mucho, hasta que comprendí que la única que podría salvarme era yo, que los rescates son pérdidas de tiempo y energía, porque el mejor salvavidas está en tus manos.
No hay que poner tu existencia y tu felicidad en las manos de otro.
La compañía es siempre bienvenida para compartir lo que pase, bueno o malo, pero no puede ser la causante de la alegría o la tristeza.
Como pude, traté de hablar, de hacerle ver que es necesario que ella tome sus decisiones, ya sea en qué remo jugar en el patio, o el momento de irse de algún sitio que pueda entrañar un peligro o una situación hostil.
Y también me he puesto deberes yo. Porque es probable que también tenga responsabilidad en este hecho. Siempre he procurado consolar el llanto, compartir la felicidad, y proporcionar seguridad antes situaciones que acarreaban cierto desasosiego. Pero empiezo a creer, que llegados a este punto de los casi cuatro años, debo dejar algo de margen para que ella misma empiece a solventar las pequeñas crisis que se le presentan.