domingo, febrero 22, 2015

Carnaval 2015















Yo no soy carnavalera. Cuando distribuyeron el gen carnavalero en mi familia, se lo llevaron todo mis hermanas, a mi hermano y a mi, nos dejaron este gen a cero.
Pero cada año llegan los Carnavales, y cuando era sola, me escabuía fácilmente de estas fiestas. De lo único que disfruto durante estos días, es de la Gala Drag.
Ahora ya no soy sola, y parece que mi pequeña saltamontes, tiene el gen en modo crecimiento.
El año pasado no se enteró de mucho. Este año desde finales de enero, me decía constantemente que quería el disfraz de Elsa (Frozen). Así que esta vez, no he podido escapar, y me parece que en los años siguientes tampoco. Pero las cosas están de mi lado, hay alrededor nuestro personas muy importantes y muy carnavaleras, así que me harán el trabajo fácil, y todos contentos.
En el colegio de Emma, nos citaron un día por la tarde para elaborar el disfraz que sacarían en el pasacalles escolar. El tema del carnaval de mi pueblo este año, era el espacio. Así que con el material que la profe nos listó y nuestra mejor predisposición nos fuimos al colegio. La verdad es que el "traje espacial" quedó bastante apañado, y el rato que pasamos todas las madres, abuelas, algún padre, y tías de los compañeros de Emma fue bastante divertido.
El pasacalles estuvo genial, porque era todo el colegio. Siempre se reparten, y los mayores van con los pequeños, para que ayuden a controlar a las pequeñas fieras. Había batucada y ganas de fiesta. Hasta los más pequeños, o sea la clase de Emma, iba bailando. Ellos lo pasaron genial.
El siguiente evento al que acudimos, fue al Coso, o sea, cabalgata carnavalera por excelencia. Este año había mucho frío, y también muchas menos carrozas. Me pareció algo deslucida, aunque los que acudieron tenían unas grandes ganas de fiesta.
De lo mejor que encontré: una comunidad amish, que no quiso perderse tremenda fiesta. Una comunidad amish, con la que estoy fuertemente emparentada. Me parece que es la parte de la familia que más disfruta del carnaval, y los premios a los disfraces de grupo cada año, es buena muestra de ello.
También me gustaron mucho los sobres de frenadol, están en todos lados en estos días.
Y finalmente la Gala Drag 2015. Tengo que reconocer que la ganadora de este año, dio un gran espectáculo, la Drag Valkiria. Aunque mi favorita era la Drag Bang Drag. Me encantó el traje, el número y el título de la fantasía. Pero sin lugar a dudas, el gran número fue el último, el de la Drag Grimassira Maeva, en la hora 2:18:50. Tenía motivos para ganar el año pasado, y este año estuvo a la misma altura de la actuación anterior.
Y con esto, y un pastel que tengo en el horno, hasta el año que viene fiestas carnestolendas. Tengo un año para asumir, que igual el año que viene me toca enfundarme un disfraz.

viernes, febrero 20, 2015

Stitch block cowl, o la mayor pesadilla de febrero







Hay veces que las cosas se atragantan, así sin más. Y eso fue lo que me pasó con este patrón.
Empecé bien, y el primer bloque lo hice bastante rápido. Seguí con el segundo, y ahí comenzó la pesadilla.
Una equivocación, dos, y tiro de la hebra.
Con el problema de que es harto difícil recuperar puntos con este patrón. Con lo cual, tiré de la hebra hasta el principio. Y de vuelta a empezar.
Comencé de nuevo, volví a alcanzar el segundo bloque, y volví a meter la pata.
Por suerte, esta vez supe deshacer el error. Volví a comenzar el segundo bloque, y volví a equivocarme.
Y así hasta casi diez veces.
Llego el momento en el que estuve a punto de dejarlo estar. Deshacerlo todo y volver a guardar las lanas hasta nuevo aviso.
Tenía en mi interior un cúmulo de sentimientos que no me dejaban pensar con claridad: frustración, enfado, hastío..
Era incapaz de volverlo a coger, e incapaz de seguir con otra cosa. La solución vino de la mano de un paseo por el muelle de mi pueblo.
Me he criado entre el muelle, el barco, los norays, y los cabos. Me siento en mi zona de confort en el muelle, donde huele a brisa marina, a gasoil, y también a pescado.
Me senté en un noray, mientras ElPatrón terminaba de acomodar unas redes. Y se me fue la pinza.
Ya se sabe que mis pensamientos son capaces de concatenarse de una manera totalmente absurda.
La cuestión es que volví a casa con el firme propósito de terminar el cuello, así fuera necesario que me convirtiera en Penélope tejiendo y destejiendo lo mismo hasta el infinito.
Iba a terminar este cuello, aunque luego no le diera ningún uso.
Y lo retomé. Y volví a equivocarme. Pero lo deshice sin pensar, de forma mecánica. Y seguí.
Y ya no me equivoqué más. El problema ahora, era otro.
Ya tenía el cuello completamente atragantado. Ya no lo veía tan bonito como cuando me decidí a tejerle, y además lo estaba encontrando enorme, y grande, y muy gordo. Las instrucciones marcaban una longitud de casi dos metros, lo que me parecía demasiado para mi. Según continuaba tejiendo, no me podía quitar la imagen de la cabeza de Lenny Kravitz y su bufanda. Pero ya me daba igual, la cuestión era acabarlo.
Tejí, seguí tejiendo. Seguí con el bloque tres, y lo terminé.
Lo uní. Y con ese aire de superioridad que da la ignorancia, lo estiré, le di forma, y me lo puse.
Ese preciso instante en el que me lo puse,  sentí hasta la música de campanillas. Igual que cuando el hada madrina convierta a la chica de las cenizas en Cenicienta: Shalakadula, chachicomula, bididibadidibu...
Oye, pues es bonito, y no queda tan grande.. Y qué calentito es... ¡Pero qué maravilla de cuello!.
Y así pasó de ser la pesadilla de febrero a convertirse en mi segunda piel. Probablemente no me lo quite hasta que llegue la primavera.

sábado, febrero 14, 2015

¿Cabra yo? Beeeeeeeee







Todo empezó el jueves pasado cuando fui a buscar a Emma a clase de inglés. Es uno de los pocos trayectos que puedo hacer andando, cosa que  agradezco e intento disfrutar. De pronto caí en la cuenta de este mimo que se abría paso entre la pared y el pavimento. Siempre me flipa la capacidad que tiene la naturaleza de imponerse, aunque tratemos de llenarlo todo de asfalto y hormigón.
Pero esta vez, mi atención no era captada por la naturaleza en sí, sino por lo apetecible que me pareció la planta. Supongo que en algún lado de mi cabeza se hizo una mala sinapsis, y me pareció apetecible porque me recordó a las acelgas, no sé, por pensar algo.
Afortunadamente, el resto de mis neuronas siguieron trabajando bien, y ni se me ocurrió tocarla, porque es una de las plantas silvestres más tóxicas que hay por estos lares, eso lo saben todas las cabras.
Pero, en mi cabeza ya quedó fijada la necesidad de verde, de hojas verdes, tallos, pencas, pequeños brotes,.. lo que fuera.
Y caí en la cuenta de que tengo una semana cabra. A mí me pasa, que de pronto me siento una auténtica cabra y solo me apetece verde. Que anda que no son bonitas las cabras que hay en la isla. Para muestra: dos fotos. Que se las he robado vilmente a mi primo de su Facebook. Porque ya sé que mi primo es un artista y saca unas fotos espectaculares hasta con el móvil, pero mucho tienen que ver que las modelos sean tan guapos. Cabras como ganado, porque los de las fotos, precisamente, son machos.
Cabra y ladrona, no sé qué más tengo hoy.
La cosa es que con esta, a estas alturas ya: necesidad,  de hierba, me fui al mercado esta mañana y me he puesto las botas. Acelgas, apio, lechugas, brotes de remolacha, rúcula, espinacas.. Me di el paseo por el mercado babeando.
Llegué a casa y lo mezclé todo con unos tomates cumato-cherry, un aguacate, un huevo duro y un buen trozo de queso palmero. ¡Qué rico es el queso ahumado palmero!
El cuerpo una vez más, es sabio, y me pide aquello que más necesita, sobre todo después de estos días de catarros, resfriados, y poco sol.
Después de recoger la cocina, y de guardar todas mis hierbas, me he puesto a bordar uno de esos miles de esquemas que pululan por pinterest, como recuerdo de hoy.
La grinch que había antes en mí que decía constantemente que "el amor era un rollo", se ha inmolado al entender que el amor es mucho más grande, y que abarca tantas cosas, personas, sitios..
Porque ¿qué iba a ser de nosotros sin amor?.. Como ya dijeron por ahí: el amor mueve el mundo, aunque la mitad de las veces no seamos capaces de verlo.
Así que no solo hoy, cada día: quieran y déjense querer.

sábado, febrero 07, 2015

Love is an open door







Hace un rato que he venido a subir las fotos al blog, para escribir el post. Mientras se cargaban, me he puesto en la tele con Emma. Ella está jugando con sus legos, y yo me he puesto a hacer zapping. He encontrado la peli Un pequeño cambio. Recuerdo perfectamente cuando se estrenó.
Septiembre del 2010, sin ilusiones, sin esperanza y con un corazón hecho añicos....
Cuando se estrenó la película, lo último que quería, era verla. En aquel momento de mi vida, era lo más cruel que podía ver.
Recuerdo perfectamente mis sentimientos cuando salí de aquella consulta médica en la que la doctora, muy amablemente eso sí, dio una patada a todas mis esperanzas e ilusiones.
Y sin la posibilidad de huir, ni de esconderme en MiNorte, ni de meterme en mi caparazón de mejillón.
Me pasé los siguientes meses, comiendo como una autómata, trabajando, tejiendo, viviendo sin vivir.
Solo tenía que esperar. Solo tenía que dejarme llevar por la inercia de los caminos del destino.
¡Ay! Mira que a veces la vida es puñetera, y graciosa, y tiene unos giros que ni en el mejor guión cinematográfico.
Y aquí estamos, casi cinco años después, con todo recompuesto, con las ilusiones en perfecto estado y casi todos los deseos cumplidos. Anda que no tiene guasa ni nada la cosa.
Quién me iba a decir a mí en aquel momento, que hoy estaría pasando frío en una casa que es hogar, con Emma a mi alrededor, cantando esta canción en bucle infinito e incluso haciendo la performance?.
Ahora miro a aquella Violeta del pasado y me dan ganas de abrazarla con un ea ea ea.. y decirle: no te apures, que todo esto va a pasar y te espera un futuro super chachi piruli. Hubiera sido la caña, y me hubiera ahorrado un montón de malas noches. Pero la vida es así, no tiene atajos.
Con todos estos pensamientos aglutinados en la cabeza, casi no le he prestado atención a la película.
Entre la película que no he visto, los recuerdos que me ha traído y ver a Emma por todo el pasillo entonando el love is an open dooooooooor, llevo una tarde de lo más divertida.
En otro orden de cosas, esta semana la empecé con un montón de listas de esas que me encanta hacer y que terminan en la papelera cada domingo, sin demasiados cambios. Esta semana, he cumplido y casi he podido tachar todo lo que tenía para hacer.
He terminado un encargo para una de las compañeras del cole de Emma, que viene a ser la sobrina política del Gurú, así que casi es de la familia. Gorro, manoplas y cuello inventado.
Todo lo he hecho con lana Katia Merino Classic. Un ovillo y un poco más he gastado.
El cuello está hecho con 33 puntos en montaje provisional, y con punto brioche.
A los 70cm, he desmontado el montaje provisional y he hecho un Grafting.
También he terminado el 3 color cowl. Lo he hecho con ovillos que tenía en casa, en mi propósito de seguir rebajando stash. El color gris en un ovillo de Katia Laine Nylon, el color oscuro son tres fibras de Habu (una merino, una de acero, y la otra es una fibra de noséqué, las tres hebras son finísimas). Y la de color rojo, es una Stop Bambini.. Y con esto, casi cinco ovillos menos.
El cuello es fácil de hacer, entretenido, y creo que le voy a dar mucho uso, ya que este frío parece que no se va a ir próximamente.
Ayer, y siguiendo con mi objetivo de este año para los viernes = Patchwork, seguí con los cojines del salón. Ya tengo dos completos. Faltan aún otros dos, que para cuando los termine, ya tendré que poner a lavar éstos.
Pero da igual, otro de los objetivos de este año es no estresarme por nada, ni por nadie tampoco.
Y ya de último, y para rematar con redoble la semana, estamos entrando sin freno en los carnavales. Sí, esas fiestas que me gustan tanto.. A medida que Emma crece, hay cosas que no voy a poder evitar, y una de ellas van a ser los Carnavales.
De momento en el cole, nos han mandado a hacer un antifaz. Yo, que soy alérgica a la purpurina. Voy a tener que ir a terapia para superar los próximos años.

miércoles, febrero 04, 2015

Angel Food Cake o bizcocho de roscón





Hace ya mucho tiempo que vengo con el ojo puesto en el Angel Food Cake. Este fin de semana, y previendo que no íbamos a tener mucha vida en el exterior, pensé que sería el momento propicio para hornearlo.
Tengo que decir, que ya hice un primer intento en Navidades, y que el resultado de dicho experimento fue un bizcocho muy esponjoso, un poco engorroso de hacer y totalmente incomestible.
Probarlo era un viaje directo a una subida de azúcar, fueras o no diabético. Horrible, terrible.
Me enfadé, claro. Primero con el blog de donde saqué la receta, y segundo conmigo, por no hacerme caso.
Desde que ví las cantidades de los ingredientes me parecieron un disparate, pero como el blog es uno de esos reputados, y famosos de la blogosfera, pues ahí que seguí yo, cual borrega, con las instrucciones al pie de la letra.
Después de tan desastroso experimento, no me quedaron ganas ningunas de repetir, pero dentro de mí, tenía una espinita clavada.
Como casi todo lo que tiene que ver conmigo, he dejado pasar el tiempo, y me puse a reposar yo y la receta. Hasta este fin de semana.
Lo primero que hice fue un trabajo de investigación de recetas, y me quedé finalmente con esta.
Yo no usé el molde específico para este bizcocho. El precio que vale me pareció elevado para no saber si ni siquiera me gustará el resultado. Lo hice en una quequera normal, y una vez sacado del horno, le di la vuelta al molde y lo dejé apoyado en su parte central, sobre una lata de aceitunas.
En cuanto a los ingredientes, puse lo que me pedía la receta exceptuando el sobre de gasificante rojo y azul, y lo que le puse fue un sobre de cremor tártaro.
Tengo que decir que me quedó perfecto. El merengue se montó sin problemas, y el sabor es estupendo.
A Emma le ha parecido uno de los mejores bizcochos de los que he hecho, y ahora todo el día me dice: tienes bizcocho de roscón?.
Acompañamos nuestro Angel Food Cake, con unas infusiones. Emma se ha aficionado a tomarse una también cuando por las tardes, yo me preparo un té.
Y, ahora ya sí, con la espinita sacada, sigo con mis rutinas diarias.
Entre ellas salir a caminar por las mañanas cuando dejo a Emma en el cole, me he limpiado las gafas de ver y con ello, estoy recuperando la capacidad de asombrarme con cada nimiedad que nos rodea.
Un cielo calimoso, o un cielo azul. Todo tiene su belleza, solo tienes que ser capaz de mirar.