jueves, junio 11, 2015

¡Cuidado! Fermentación en proceso







Yo no sé dónde y cuándo fue la primera vez que vi/leí algo sobre los fermentados. La cuestión es que este invierno por IG tres de cada cinco personas que sigo, estaba comprando botes y haciendo chucrut como si no hubiera mañana. Y yo que soy así, un poco culoveoculoquiero, me puse a investigar, al tiempo que salivaba.
Encontré buena información aquí y aquí. Y aquí un montón de recetas interesantes.
Empecé muy tarde a envasar. Allá por abril de este año, casi cuando las bajas temperaturas nos abandonaban. Decir bajas temperaturas aquí, es decir 15-20ºC, que a uno de Bilbao le va a dar la risa si lo lee. Pero es lo que tiene vivir en un clima subtropical.
La cuestión es que un día, a lo tonto, encontré en un supermercado local, una col china, y no me lo pensé.
Lo primero que preparé fue kimchi, con una receta inventada porque me faltaban la mitad de los ingredientes, y como olía tan bien, casi no lo dejé fermentar. Creo que me lo comí antes de tiempo, solo porque no podía aguantar las ganas de probarlo.
Ya en el carro me animé a hacer chucrut básico. Y me hice el firme propósito de no abrirlo al menos, hasta que pasaran 4 semanas. No sé cómo aguanté.
Entonces empecé a pensar que ya que estaba, debía hacer chucrut de col lombarda, y ketchup, y kimchi de nuevo.. Total, por ir teniendo la despensa llena.
El chucrut normal, fue perdiendo el tono verde para volverse algo más amarillo y se fue llenando el bote de jugos. El chucrut de col lombarda también fue perdiendo la intensidad de color, aunque no fue ganando tanto líquido como el otro. El ketchup lo tuve unos días a temperatura ambiente, y luego ya lo pasé a la nevera. Y el kimchi.. ¡ay! el kimchi. Los tres primeros días iba todo muy bien. Pero el cuarto día, un domingo por la mañana, empecé a oir un pssssssss, primero tímido, pero luego mucho más intenso. Me puse a caminar por la cocina aguzando los sentidos para identificar de dónde venía el ruido, hasta que me dí cuenta de que el sonido procedía de los botes fermentados. Con sumo cuidado levanté el paño que tenía puesto por encima. El bote que despedía aquel ruido era el de kimchi. Como si manipulara una bomba de protones, lo cogí y lo puse sobre el fregadero. El sonido cada vez era más fuerte. Respiré profundo, y agarré el cierre. Al intentar abrirlo, el bote me saltó de las manos. Y su interior se desperdigó por toda la cocina. Había kimchi en el fregadero, en la ventana, en el stor, hasta en el techo. Y por supuesto en mi cara, manos, cuerpo y pies. Todo era kimchi aquel domingo por la mañana.
Desde entonces no lo he vuelto a hacer, le he cogido como miedo. Y he aprendido una lección muy muy importante: no se debe llenar el bote hasta el borde, hay que dejarle hueco a los gases que desprende la fermentación, o en su defecto, abrir el bote cada tanto, para que no se acumulen esos gases.
Otra cosa que he aprendido, es el punto de fermentación. Con la temperatura que tengo en casa, el punto de fermentado que me gusta, se alcanza a las 4-5 semanas. Cuando ha pasado ese tiempo, lo he cambiado a botes más pequeños y los guardé en la nevera.
Quitando este incidente, el resto de fermentados ha sido un éxito.
He añadido el chucrut a mis perritos, a las ensaladas y a los sandwiches. Los beneficios los he notado bastante pronto. Normalmente ceno muy ligero, porque tengo digestiones muy lentas, que me provocan malestares nocturnos. Sin embargo, cenando cualquier cosa con chucrut, siento que digiero rápido y que mi estómago trabaja a buen ritmo. Vaya, que desde que lo como, me encuentro mucho mejor del estómago.
La terrible noticia, es que estoy llegando al fin de mis existencias, y ya hace demasiado calor para una buena fermentación. Así que tendré que esperar al próximo invierno para llenar mi despensa de botes.
Instragram me trajo los fermentados, y Twitter la limonada. ¡Pero qué útiles son las redes sociales!.
Cogí la receta de unos tweets y tengo que decir que es un win win.
Se infusiona un palo de canela y unos clavos, y azúcar al gusto. Se deja enfriar. Se exprime un limón (o varios, dependiendo del gusto personal, a nosotras nos gusta con uno), y se añade a la infusión anterior. En una jarra se pone el hielo, y el jugo del limón con la infusión. El toque de canela y clavo le da un gusto espectacular.

1 comentario:

glaramknits dijo...

ay, con lo que me gustan a mi los fermentados! Y me han dicho que son tan buenos en el postparto... Pero si a ti que eres mi guru de la cocina te explota uno, yo,que tengo tendencia a desgraciar la cocina cada vez que entro, ni lo intento. Me voy ahora mismo a comprar canela y clavo, que la limonada no se me resiste. Viva el culoveoculoquiero!