domingo, octubre 26, 2014

39







39. Aquí están. Aquí los tengo. De momento se parecen a los 38, y supongo que también a los 40, a los que aún no conozco pero que ya estoy camino para ir a su encuentro, aunque falten aún bastantes días.
39. Y no están mal, y parece que me siento cómoda en estas primaveras.
Y aunque parezca que todo es igual, hay sutiles diferencias. Unas casi inapreciables, otras muy circunstanciales. Les quiero dar a todos estos cambios la misma importancia.
Mis 39 llegaron y yo los recibí con flores. Con clavellinas de color rosa empolvado. Algún día alguien tiene que decirme quién es el autor de todos los nombres de estos colores imposibles: rosa empolvado, rosa talco, gris marengo, azúl petróleo, verde musgo.. Me fascinan los nombres de los colores... Anyway, que me disperso, esto parece que sigue igual, con 20, con 30 y con casi 40..
Desde por la mañana me dediqué a encender el horno, mientras contestaba llamadas y mensajes. Es bonito sentirse tan querida y arropada.
Horneé unos bollos de canela, porque sé que cuando mi familia viene a merendar a casa, es lo que esperan  encontrar, o galletas caseras o bollos de canela.
Días atrás, y mimándome haciéndome un par de regalos me hice con el libro de Alma Obregón, de tartas perfectas. Encontré una receta de la New York Cheesecake. Y la vi tan apetecible y con tan buena pinta, que me decidí a hacerla. Tengo que decir, que por fin, por fin, he encontrado la receta definitiva de la NYCheesecake. Es de-li-cio-sa.
Y los invitados dieron fe de ello, porque no sobró ni una miguita.
Llegada la noche, en silencio y sola, me dediqué a evaluar el día, y a darme un pequeño homenaje, sintiéndome tranquila. ¿Cuántos años soñé con sentir esta tranquilidad?. Tenía tan poca fé en que llegara el día en que me sintiera tranquila, en paz, feliz... Y llegó. Claro que me la tuvieron que traer. Siempre pienso que Emma no trajo ese pan que dicen que traen los niños bajo el brazo. Emma se lo comió antes de llegar (doy gracias por su apetito), pero a cambio me trajo esta maravillosa paz interior que tengo.
Y para darle las gracias por ello, nos fuimos a ver a Peppa Pig, que estuvo de visita por aquí. Este es otro pequeño detalle que me acompaña con el cambio de edad. En todos los saraos infantiles que llegan o pasan por la isla,  hago check-in. Y sin complejos.
Pero donde hay notables diferencias desde mi cambio de cifra es en mis rutinas faciales. He decidido que ha llegado el momento de usar carmín rojo, de ese de señora, de ese de mujer sin complejos. Y a juego las uñas.
Para la cara, tengo una crema con color de La Roche Possay, para atajar la rosácea que también me acompaña desde hace poco (pronto post sobre tan desanimante y angustiante tema); y para evitar el sol Heliocare 50 (mi imprescindible, en verano e invierno). De noche, he empezado a usar la crema antiwrinkle de La Prarie. Y por fin, he encontrado algo para mis escaramujos que me los deja de manera aceptable: una crema de peinado de Sebastian, es cara, pero por fin mis rizos lucen como a mi me gusta. Del maquillaje en sí, hablamos otro día, cuando me decida a hablar de la rosácea, que en mi caso, llevo tiempo sufriéndola en silencio.
Y después de cuidarme con estas nuevas rutinas faciales, no tengo miedo a decir que sí, que ya tengo 39 años. Que aquí los llevo, con un corazón que tiene cicatrices que ya no duelen, y que late tranquilo y acompasado. Y que vaya, que me sientan bien estos 39!



jueves, octubre 16, 2014

Whatever











Casi un mes sin tener más de diez minutos para sentarme aquí y escribir unas letras.
Mes que he estado sumergida en un montón de trabajo (léase con tono contento e ilusionado...). Una vez más las expectativas me han hecho pasar este mes con el humor un poco más bajo de lo normal.
Cuando Emma empezó en el cole, pensaba que tendría tiempo para hacer un montón de cosas, a saber: leer, limpiar, cocinar, tejer, nadar... Ahora lo escribo y todavía me da la risa.
El Universo hizo acuse de recibo a todas esas peticiones que yo había mandado, solicitando trabajo, y decidió enviármelo todo junto. Con resultado de no solo no poder hacer todo lo que me apetecía, sino que he estado hasta durmiendo una cuarta parte de lo que lo hago normalmente.
Ayer por fin, pude ir aclarando la mesa, e ir terminando con todo lo que tenía pendiente. Hoy me he sentido igual que cuando estaba en la Universidad y hacía el examen final. Al menos hasta que empezaban los nervios por ver la nota, tenía unos días de total relax y tranquilidad.
Este mes pasado, hemos hecho algunas cosas, y hemos aprendido otras.
Soy, por naturaleza, una persona poco paciente. Cuando iba empezando el verano, y después de algunos incidentes por culpa de mi poca paciencia, decidí que tenía que hacer algo. Mis formas de aprender no son lógicas para todo el mundo, así que bueno, lo explico. El 23 de Julio puse en remojo tres pipas de aguacate. Leí un poco en la red, y descubrí que es relativamente fácil sacar esta planta, solo que el ingrediente principal es la paciencia... justo lo que yo no tenía, y lo que más necesitaba. Supe que era mi MasterClass. Puse, como escribo, tres pipas en remojo, sujetas por sendos palillos. Durante el primer mes, aparentemente no pasó nada. El segundo mes ya habían claros indicios del desarrollo de las raíces.  Y así han seguido pasando los días. Lentamente.
Mientras tanto, hice natillas y bollos de canela. Creo que voy a pasar a la historia de mi familia, como la hija, hermana, tía, algún-día-espero-abuela que siempre tenía natillas y bollos de canela. Y es que la vida es más llevadera con estos dos platos. De hecho, creo que van a formar parte de mi recetario contra el desánimo, la apatía, y la depre.
Es un gran momento del día, merendar un bollo de canela, y aprovechar ese momento para leer. He vuelto a la biblioteca de mi pueblo, y dejándome llevar solo por las portadas saqué este libro. Han pasado 15 días y sigo en shock. Es el libro más horrible que he leído en mucho tiempo, qué digo tiempo, en toda mi vida. Es triste, oscuro, incluso cruel. Menos mal, que Emma no pareció entender el mensaje del libro, y que yo, después de sacudirme el espanto de la cara, lo llevé corriendo a devolverlo al lugar de donde nunca debió salir. No sin antes hacerle una foto, por si algún día me olvido, y me vuelvo a fijar en la portada.
Ni qué decir tiene, que este mes no ha habido tiempo para amasar, ni levados largos. Pero como pan seguimos comiendo, probé el pan sin amasado, sin levado, y sin casi trabajo, que se hornea en bolsa en horno frío. Es un auténtico descubrimiento, y el pan queda bastante bueno.
Por supuesto, tampoco ha habido tiempo para tocar las agujas, pero después de un sábado sin casi dormir, el domingo se hizo necesario buscar una actividad que distrajera mi mente de cualquier cosa que fuera el trabajo. Y me dí a la tarea de bloquear el haruni. Puedo afirmar sin miedo a la crítica, que el trabajo del bloqueo es directamente proporcional a los resultados que se obtienen con él. Cuanto más me cuesta estirar, poner alfileres, volver a estirar, reposiciones alfileres.. mayor es la magia del bloqueo. De tener un guiñapo de una lana suave, a tener un chal calado enorme y resultón. Contentísima con este resultado.
La semana pasada, donde ya tenía acumulado grandes dosis de sueño y malos humores, se hizo necesaria la vía de escape. El mar,.. para alguien que ha nacido en una isla, asomarse a ver la mar, es como afirmarse en que todo sigue en su sitio, que todo sigue girando, que todo pasará.. Y aunque no pude meterme en remojo, solamente tener dos minutos para contemplarlo en silencio, perdiéndome en el horizonte, fue suficiente para recargar las pilas y seguir adelante con el resto de semana.
El remate a la semana, la puso la merienda con mis chicas del Centennial. Para agasajarlas, hice un Banoffee Pie (cuando tenga más rato, voy a tener que hablar de Laura Vitale,  que si no la conocen, se las voy presentando.. Gracias Loli, como siempre, por traer gente tan guay a mi cocina). Fácil, rápido y súper rico.
Esa tarde tuvimos overbooking de visitas, y de la tarta no quedó nada para la noche.
Y, casi tres meses después de haber puesto las pipas de aguacate en remojo, siguiendo con su vigilancia y sus cuidados, las raíces son ya patentes, se empiezan a multiplicar, y hay una clara muestra de actividad.
La paciencia es el ingrediente clave, y no olvidar que some things take time.