domingo, septiembre 21, 2014

Gracias por todo, hasta por las letras tristes de las canciones








Si el otro día me cargué con las vitaminas que traen las aguas cristalinas de las orillas de la isla donde habito, hoy traigo cielos.
Cielos azules, nublados, nubosos, despejados. Cielos infinitos, cielos.. Sobre nosotras.
Y miramos hacia arriba, y mientras Emma busca formas, (juego que le divierte muchísimo), a mi me da por pensar, en lo grande que es el cielo, y en lo chica que soy yo.
Se hace raro, que todos los días lo tengamos encima de nosotros, y casi no lo miremos.
Y caigo en la cuenta, porque Emma (una vez más: Emma..) la semana pasada, descubrió que las nubes se ponían naranjas. Y se quedó parada en seco, imposibilitada para andar.
Con cara de asombro me preguntó qué era lo que estaba pasando, con mezcla de susto y sorpresa.
Pero durante la semana vamos deprisa, porque llegamos tarde a todo o a nada que realmente tenga importancia, pero corremos, porque si no no llegamos.
Y cuando me hizo esa pregunta, y ya era tarde para ir a no me acuerdo dónde, yo también me paré.
Le expliqué que era la hora en la que el Sol se iba, y por eso todo se ponía naranja.
¿Y a dónde se va?. Fue su respuesta-pregunta. Seguí explicándole, pero por las caras que ponía, me di cuenta de que no terminaba de entenderlo.
Este fin de semana, en MiNorte, sabía que tenía una tarea ineludible: enseñarle la puesta de Sol a Emma.
Nos sentamos en primera fila, y el cielo nos regaló una puesta de Sol limpia, naranja, con un Sol redondo y perfecto. 18 segundos de despedida. Emma quedó totalmente satisfecha, y sus dudas totalmente resueltas. La mejor foto de ese momento la tenemos en nuestro disco duro mental, porque la cámara se quedó sin batería.
Da igual, porque MiNorte es el mejor sitio para poder ver la puesta de Sol. Al día siguiente disfrutamos de otra, incluso más impresionante.
Y vuelvo a lo grande que es el cielo, y lo impresionante que son los espectáculos que nos brinda. Y de pronto, me dan ganas de abrir mucho los ojos, mirar al cielo, y dar gracias. Siempre gracias. Por el Sol, por la Luna, por el mar que nos baña cada fin de semana, por poder disfrutarlo llenas de salud.
Y entro casi en comunión con la naturaleza donde todas las gracias que doy me parecen pocas.. Y me hago el propósito de ser más agradecida, no solo de corazón, sino también de palabra. Me prometo decirlo más.
Y así, me encuentro saboreando un salmorejo de melón, y una ensalada de pimientos asados. Y siento la necesidad de buscar a las personas a las que un día, se les ocurrieron semejantes platos. Porque como ya he dicho infinidad de veces, uno de los ingredientes contra la depresión es el salmorejo. No existe un plato más simple y más mágico que el salmorejo.
Y a su altura está la ensalada de pimientos asados. Simples pimientos rojos, untados con aceite, un diente de ajo, sal y una hoja de laurel, asados durante casi una hora a fuego medio alto.
Ventresca de atrún, un huevo duro, unas aceitunas.
Y termino de limpiar los platos, y me siento totalmente en paz con el cielo, con el Sol, con mi estómago. Pongo el aleatorio del ipod, y suena: La vida aparte de Paco Cifuentes. Hacía años que no la escuchaba. Y es triste, y dura, y ahora mismo no me reconozco en la letra... pero sigue siendo una canción bella, por la que siento también la necesidad de dar gracias.

martes, septiembre 16, 2014

Cuídame






Hace unos años, cuando era una persona sola, que leía mucho, tomaba té constantemente, y sufría muchísimo (pero mucho mucho) por amor, me pasaba la semana esperando y deseando que llegara el viernes para salir corriendo hacia MiNorte.
Casi cinco años más tarde, hago lo mismo. Pero ya no sufro, ni bebo tanto té.
Todo ha cambiado, y en el fondo todo sigue igual.
Ya no estoy nunca sola. MiNorte sigue siendo mi refugio y mi fuente de energía.
El viernes, después de la primera semana escolar de Emma,  la recogí del colegio y tal como hacía entonces cuando salía de trabajar, pusimos rumbo Norte. La comida en tuppers, el bolso de la playa, unos juguetes y el punto.
Me hace tremendamente feliz que Emma se sienta tan bien allí, y que siempre tenga ganas de ir.
Este fin de semana, fueron las mareas del Pino. Siempre en esta época se llena la marisma,  y convierte la playa, en el mejor sitio del mundo para estar con un niño.
Fue la primera vez que Emma vio la marisma. Su cara al verla fue un puro poema. La marisma tiene una altura de entre 30-50 cm, lo que la hace perfecta para un niña de un metro. No existe casi peligro, y la sensación de poder ir y venir al agua ella sola, no tiene precio.
Retomando mis rutinas de entonces, el desayuno lo tomamos fuera. Esta vez fuimos al Mentidero Café. Una cafetería recién abierta, por una pareja conocida y encantadores. Nos tomamos un estupendo café y colacao y un pastel de chocolate con almendras delicioso. Todo casero, y todo agradable. Se convertirá en uno de nuestros sitios de desayuno.
De vuelta a casa, descubrimos que teníamos visita. Dice mi madre que este perenquén (al que ella odia abiertamente, por el miedo que le da) lleva ahí todo el verano, yo no lo había visto hasta este fin de semana, y por la tranquilidad con la que dejó hacerse la foto, creo que está medio domesticado ya.
Las mañanas pasan tranquilas entre el punto, y el jardín. He descubierto que Emma puede pasarse más de una hora regando, quitando hojas secas, mirando, e incluso hablando con las plantas. Lo que nos da cierta independencia a las dos.
Y las tardes después de la playa, son perfectas para dar paseos, por sitios que yo reconozco y que Emma descubre por primera vez.
Y así con tranquilidad, con paz y con alegría pasa el fin de semana. Y yo que sigo siendo la misma pero distinta, hay veces que me paro, y que me cuestiono si todo va realmente tan bien o es un espejismo, si estoy donde y como tengo que estar.. Y así, con la misma impronta con la que llegan las dudas, llegan las señales. Ayer, en uno de esos momentos de ¿es aquí y así donde tengo que estar?, en medio de una reunión en la que me sentía parcialmente ajena.. Sonó "Cuídame" de Pedro Guerra con Jorge Drexler.
Una señal clara y contundente.
Y las dudas, todas, se despejaron, porque en su momento, supe huir de quien maltrataba mi fragilidad.

viernes, septiembre 12, 2014

Vitaminas a media semana










yo, en realidad, no necesito más

lunes, septiembre 08, 2014

Emma y la Educación infantil



Cuando tienes una certeza, hay que seguirla como a un faro. Cuando tienes una idea clara de algo, también.
Hoy era el día marcado en nuestras agendas, el primer día que Emma iría al colegio, a estar con personas que no conoce, con niños que tampoco conoce, en un ambiente que tampoco conoce.
Bueno, realmente esto no es del todo correcto.
En abril se abrió el plazo de matrícula, y aquí la que escribe, estudió con detalle la oferta académica a la que teníamos acceso. De esa primera cribada, quité de en medio 4 colegios. Con la niña de mano, nos dimos una vuelta turística por los otros 5 que habían superado la primera fase. Después de la visita, y con las condiciones de cada colegio, nos quedamos con 3.
Y tuvimos la grandísima suerte de que Emma fue admitida en el colegio que fue nuestra primera opción.
Por cosas del azar, o de esas coincidencias de la vida, en Junio, cuando hacíamos las fotos para entregar la documentación, conocimos en el propio estudio fotográfico a la profesora de Emma. Y fue un amor a primera vista, tanto por parte de Emma como por la mía.
El colegio, una vez que publicó la lista de admitidos (a finales de Junio) nos convocó a los padres y a los futuros alumnos a una primera reunión, para que los niños se conocieran y para que conocieran el colegio. Ese fue el segundo día que me llevé a Emma llorando de allí. El primero fue al ir a formalizar la matrícula, que tampoco quería irse.
Después de eso, hemos ido varias veces, a entregar algún papel más, a ver las listas de la adaptación, y por último a llevar el material escolar.
Todas y cada una de las veces, se ha ido llorando.
Hoy, era el día C. Desde temprano andaba trasteando con la mochila, con el uniforme, con la botella del agua.
A media mañana, llegamos al colegio, ella dando saltitos, yo expectante.
Habían otros niños por allí, con los que se puso a correr en cuanto llegó. A los pocos minutos, la profesora abrió la puerta para hacerles entrar, y los 8 niños entraron casi sin mirar atrás. A Emma la cogí de pasada por la mochila (por fin le veo gran utilidad a la mochila de la cerdita rodaballo), para que me diera un besito, y decirle adiós, al menos.
Las mamás que allí estábamos, pusimos cara de  asombro-desconsuelo-risa.
No nos dijeron ni adiós. Estaban como locos por entrar.
Una hora más tarde, los recogimos. Con la misma cara de felicidad con la que entraron.
Cuando nos íbamos Emma tenía cara de disgusto, aunque no lloraba. Al preguntarle qué le pasaba, me dijo muy seria: mamá no me puedo ir todavía, no he estudiado nada.
Creo, que después de esto, poco puedo añadir a lo que ha sido su primer día de colegio.
Ha sido un éxito total. Ella no ha llorado, y yo tampoco.
Y todo esto me hace pensar, y me hace reafirmarme en el camino que me ha traído hasta aquí.
Emma pasó de mi barriga a mis brazos siendo un bebé indefenso, con solo 37 semanas. Han pasado estos tres años en los que la he acompañado muy cerquita, pero dejando el espacio suficiente como para que ella sola vaya descubriendo el mundo. Le he quitado alguna piedra del camino, y otras veces la he levantado para que alcanzara lo que quería. Le he dado teta hasta hace solo 4 meses.  Hemos tenido noches en vela, comida hasta en el pelo, pises por muchos sitios... Al mismo tiempo, he tenido que ser firme y no prestar atención a las muchas frases de: uy! cuando se separe de tí, lo que van a llorar... uy! cuando la destetes lo que les va a costar... Seguimos durmiendo juntas.
Crianza con apego, crianza respetuosa... Pues no sé, yo solo sigo mi instinto, y trato de ponerme en su cabeza de 3 años en cada situación. Sigo este principio como si fuera mi faro. Escucharla, entenderla, atenderla.
Yo lo que sé, es que Emma es independiente, valiente, razona, y aunque esto le cuesta un poco más, también escucha.. Y otra cosa que sé, es que me siento tremendamente orgullosa de ella, ayer, hoy, y seguramente mañana.

domingo, septiembre 07, 2014

Mi repro de los años '30











Ya está terminado. Por fin. 10 años desde el momento en que corté la primera tela, hasta que dí la última puntada.
En el año 2004, en un grupo de yahoo, descubrí a un grupito de mujeres que tenían la misma pasión por el patchwork que yo en aquel momento. De ese grupito, me traje a MiColegui, y a otro montón de mujeres con las que sigo manteniendo contacto.
Este proyecto surgió en ese grupo. Una de las integrantes había visto un quilt en un museo, y se decidió a reproducirlo, animándonos a hacerlo en diferentes estilos. Yo, me decidí a hacerlo en telas de reproducción de los años 30.
El 2004 fue un año de muchísimos cambios para mí, así que me dispuse a dibujar y cortar los primeros bloques en medio de una mudanza entre Gran Canaria y Fuerteventura. En esos momentos, las telas y las agujas se convirtieron en una maravillosa trinchera en la que esconderme, y durante el último semestre del año, le di bien duro a las manos. Y cosí gran parte de los bloques.
Seguí con ellos durante el 2005, y era el proyecto que llevaba conmigo, cuando me inicié como profesora en clases de patchwork.
A mitad de ese año, terminé de coser los bloques. Los 99 bloques que forman el top.
Seguí con el sashing. En el quilt original estaba compuesto por tiras de 2 pulgadas de ancho. A mí me parecieron muy grandes, y por mi cuenta y riesgo lo reduje a 1 pulgada.
Según mi diario de labores, a finales del 2005, estaba cosiendo el top. Y aquí vino otra mudanza, por fin a mi piso. Desde ese entonces hasta el año 2008 le di una puntada aquí y otra allí, y no me decidía a elegir ningún borde.
En 2009 me volví a mudar a Gran Canaria, y el top quedó olvidado en el armario de proyectos, en una bolsita. En el 2011, mientras preparaba el nido, para la llegada de Emma, hice inventario de proyectos a medias, para darme cuenta de que podía esconderme detrás de la gran vergüenza que me daba tener tantas cosas a medias. Hice una lista de prioridades, y fue entonces cuando este quilt tuvo la fortuna de subir un par de puestos y colocarse en una posición de preferencia.
En el 2013 (parece que la prioridad no fue tanta), elegí los bordes, y pude ponerle fin al top.
En mis propósitos del 2014, era el número uno. Empecé enero acolchándolo. Y llegué a Junio con el acolchado. Llegó el calor, y aunque solo faltaba ponerle el binding, se me hacía muy pesado ponerme con él.
Al venir de MiNorte, a finales de Agosto, ya no tuve más excusas. Sin casi darme tiempo a pensarlo, lo cosí, en dos noches, y bordé la etiqueta.
Es curioso, que cuando fui haciendo los bloques, había algunos que no me gustaban, pero como me decidí a hacer una réplica exacta del original, los cosí. Así hay bloques de lo más extraños en el top, como el de la piña, el de la gallina, el de la mano... las dos cruces.
Sin embargo, 10 años después, la composición se ajusta perfectamente a lo que he vivido en este tiempo. Tuve que decirle adiós a mis abuelos y a mis perrillos, mientras lo cosía (las dos cruces), hay un ancla: la gran importancia que tiene mi padre en mi existencia; la piña es de mi madre, que quiere comer piña constantemente porque "es muy digestiva"; el águila: la valentía; la gallina: la maternidad; la mano: saber decir stop...
Me encanta mirar ahora mi quilt, y buscar todas estas relaciones... Se ha convertido en un buen diario.
El top está compuesto por 99 bloques, y dos tiras de bordes. Es rectangular, y la medida final está en torno al 2.00x2.40. Está cosido y acolchado a mano. La trasera es una tela de algodón de Ikea del año 1996 (cuando empecé a hacer patchwork).
Ahora está colgado en la tienda de MiColegui, y en unos días, lucirá estupendamente en nuestra cama.
Empezamos Septiembre con una cosa menos en mi lista de pendientes.