miércoles, agosto 13, 2014

La energía de las cosas








Estos días, en MiNorte, estamos en casa de mis padres. Esta casa tiene ya la friolera de 30 años, y se ha ido componiendo en parte, con las cosas se han ido quitando de otros sitios. Es decir, la vajilla por ejemplo está compuesta con los platos que han ido quedando huérfanos de la primera vajilla de mamá, de la vajilla de abuela Eulogia, de abuela Teresa.. Y lo mismo pasa con los cubiertos, calderos, bandejas, etc.. Mamá en el momento en que habitamos la casa, equipó la cocina con todo nuevo, pero con el pasar de los años, y los devenires de la vida, la casa se ha ido recomponiendo con cosas de varios sitios. Y con ello, con la historia de la familia. Puede que me encante darle un toque de cuento y de magia a todo, o puede simplemente que en realidad así sea, pero es aquí, más que en ningún otro sitio, donde siento mis raíces.
En cualquier rincón del pueblo, veo a mis familiares, los que están y los que nos han dejado, incluso a aquellos a los que ni siquiera conocí.
Aunque estos días el pueblo se llena de turistas, aquí está también toda una parte de mi familia, y tanto los días como las tardes-noches, la casa es un paseo de gente que viene, que va, que pasa a saludar. Y es divertido, porque se recupera esa sensación de cercanía, y de vida de pueblo. Mi tío agricultor-ganadero, viene casi cada día, se toma un café, y nos trae leche, huevos, higos, tunos, moras... Otro de mis tíos, también viene, se toma otro café, y nos trae una bicuda recién pescada. Otro, nos llama por teléfono, y nos manda a que bajemos a su casa a buscar unas salemas, que las está terminando de arreglar..
Cada noche veo a mi madre hervir la leche de cabra que trae mi tío, y que solo comen ella y padre (para mí esa leche es demasiado fuerte), y veo cómo mi madre quita la enorme capa de nata que queda en la superficie. Recordaba haber visto en el blog de La vida a lo ancho, unas galletas de nata, así que allí que me fui a ver cómo eran esas galletas. Después de dos hervores de leche, he logrado reunir 200gr de nata, y siguiendo la receta de dicho blog, y después de un rato de divertido amasado con Emma, teníamos 60 galletas. No tenía cortapastas, así que improvisamos las galletas haciendo bolitas que luego aplastamos para darle forma redonda. He intentado buscar información en la familia, por si alguna de mis abuelas las hacía, pero por aquí no recuerdan comerlas de chicos.
Ahora cuando vienen las visitas y se toman el café les saco el tarro de las galletas, y la verdad, se les nota en la cara lo buenas que están.
Y mientras en mi cabeza recompongo o imagino la vida de mis antepasados, pongo las manos en piloto automático. Mi ten stitch blanket está a punto de ser terminada. He gastado unos 13 ovillos enteros y unos 8 medios ovillos. Le he dado un buen bajón a mi stash, y me ha quedado una manta la mar de gustosa para el próximo invierno. Es cuadrada y mide unos 1.30m, perfecta para el sillón. Al mismo tiempo he retomado mis rosetas, por fin termino la número 7, que llevaba olvidada en la caja como dos meses. Y la número 8 ya está en camino.
Y así con la nevera llena de alimentos frescos, recién cogidos o recolectados, las manos ocupadas y la cabeza en pleno movimiento, imaginando cómo podía ser la vida que llevó aquí mi padre, con sus hermanos, con sus tíos, con sus padres, no entiendo la urgencia que nos dio a todos por alejarnos de pueblo. ¿Será cuestión de la edad, o de la madurez?. Porque ahora mis tíos y casi mis padres, pasan más tiempo aquí que en otro sitio, y yo que siempre he tenido esta casa de fin de semana, empiezo a sentir la urgencia por alargar la estancia.

8 comentarios:

Sandra dijo...

Con el paso de los años, añoramos nuestras raíces y todo lo nuestro,me encantan tus historias, la manta está genial, un gran beso desde Tenerife.

Vicente Carrasco dijo...

Te das cuenta de que con el tiempo tú serás la tía o la iaia de las galletas?

Muchas veces recordamos con nostalgia a familiares y amigos sin darnos cuenta de que con el paso del tiempo llegará un día en que de la misma forma nos recuerden a nosotros, si Dios quiere...

glaramknits dijo...

Qué envidia! Antes mis veranos eran asi, viendo pasar el tiempo entre idas y venidas de familiares en casa de mi abuela. Ahora, apenas nos juntamos una vez al año.
Asi que no descartes que algún año nos sumemos al desfile y aparezcamos cada tarde a charlar un ratito y comer unas galletas. Si son de la "tía" Violeta, mejor. Cúanta razón tiene Vicente en su comentario! Yo ya te visualizo con unos años más llevando tu las riendas de esa cocina y adjuntando tus trocitos de vajilla

Manoli dijo...

Hola Violeta. Hasta ahora nunca me había parado a leer tus pots, pero esta tarde, que el sol está más bien tibio y no llama mucho a la playa, me he quedado un rato en tu blog.
He descubierto que es maravilloso leerte, que tienes una prosa y una manera de contar las cosas que invita a la lectura.
No sé si en mi ignorancia será mucho decir pero, me pregunto si no te dedicas a escribir. Quizá ya lo haces y yo no lo sé pero solamente haciendo un recopilatorio de tus entradas ya seria digno de leer.
Besos y que disfrutes de esos ratos en la casa y con tu peque.

SIONA dijo...

No sabes las ganas que tengo de verte amiga ...

Emma Ll. dijo...

Tu blog es fantástico. Hace tiempo que incluso siendo la que tampoco soy ahora, te sigo, me emocionas, me inspiras y me das una envidia enorme, porque quiero ser como tú cuando sea más joven...
Muchísimas gracias por estar ahí.

Lolita Blahnik dijo...

Tus post son siempre tan bonitos, pero que bien escribes!
No me canso de decirlo, ese pueblo es mágico!
Como me alegro de que estés disfrutando de tu familia y de las fiestas :)

Adijirja dijo...

Es lo que tiene hacerse mayor... nena... que añoramos con más fuerza lo que queríamos dejar atrás...