domingo, diciembre 29, 2013

Cosas que pueden pasar en una peluquería





Hace un frío y un viento bastante propio de la época, así que no es propio quejarse, ni malhumorarse, ni demás cosas que suelen hacerse cuando hay mucho viento y mucho frío.
Estamos resguardadas en casa, tomando chocolate caliente y pintando. Emma ha empezado a desarrollar una capacidad asombrosa para estar sola. Quiere estarlo, e incluso parece que por momentos lo necesita. Tiene todos los colores y su block en el suelo en medio de sus piernas, y mientras se aparta el pelo de la cara, pinta arcoiris. Me he predispuesto a coger un color para pintar yo también, y me ha mirado muy seria y me ha dicho: no no no mamá, tu vas a cocoser... chao mamá
Me he quedado con cara de no saber muy bien qué decir o hacer, mientras la miraba interrogante. Ella parece tenerlo muy claro: chao mamá.
Pues nada, pues bien. Me ha quedado muy claro que es lo que quiere. Así que me he venido al pc a llorar mi momento ombligo: mi hija ya no me necesita!!! Y me he puesto a descargar las fotos que he hecho esta semana, lo que me ha recordado una entrada que quería publicar desde hace algunos días.
En mi pueblo-ciudad, hay un montón de gente interesante, que quiere hacer cosas, y que no se conforman con ir al cine o subir las fotos al facebook.
En concreto, muy cerca de mi casa hay una peluquería, donde además de cortarte, teñirte y asesorarte sobre tu imagen, te ofrecen entre otras cosas: cuentacuentos, talleres infantiles, recitales, lecturas, y hasta conciertos en directo. Está claro que cuando la gente tiene inquietudes y ganas, da igual el escenario o el entorno. Ojalá le copien la iniciativa y mi Puerto, sea un mejor puerto en el que atracar.
El lunes pasado a las cuatro de la tarde, y en estreno mundial, LaBajista se fue allí con su bajo inseparable, sus chicos (guitarra y voz) y se pusieron a cantar - tocar. La novedad del momento fue que Ella se estrenaba como cantante. Yo (hermanísima de toda la vida) nunca la había oído cantar, y aún hoy, una semana después sigo con la boca abierta.
El repertorio estaba compuesto por canciones de todo tipo: Melody Gardot, Jamiroquai, Laura Branigan, Pearl Jam, José González...
Oir cantar a mi hermana This corner of the earth y Ain't no sunshine me puso los pelos de punta, y las lágrimas al borde de los ojos. Todavía hoy tengo esa sensación muy fresca en la retina y la memoria.
Hacía mucho tiempo que no iba a un concierto, y este ha sido una inmejorable forma de volver al circuito musical.
Seguramente me pillen las uvas y las campanadas antes de volver por aquí, así que Feliz año a todos, que la salud no nos falte, y el amor tampoco!

martes, diciembre 17, 2013

Santa Lucía y gingerbread cookies






Ya hace muchos años que aprovecho el puente de Diciembre, para sacar todas las cosas de Navidad y convertir la casa en un despliegue de luces, cascabeles, papá noeles y brillos.
Este año no fue la excepción, aunque sí que ha habido un cambio importante con respecto a años anteriores. Esta vez he contado con una manita ayudante muy colaboradora. A la voz de "mama yo te adudo", fue alcanzándome las bolas, las cintas, los lazos... Se fue llenando la casa de tal empalagamiento o espíritu navideño, que terminé poniendo a cantar a Michael Bubble todos los villancicos de su disco. Que por cierto, para mí, que soy antivillancicos (no me sé ninguno, no me sale cantar, no me terminan de motivar, y cuando lo intento, me termino pareciendo al anuncio de la loteria de este año: un esperpento).
Sin embargo Michel Bubble es más mi estilo, es Navidad con otra onda.
La cuestión es que nos ha quedado la casa la mar de festiva. Emma está entusiasmada con el árbol de Navidad, aunque yo me he apuntado en la agenda la necesidad de renovar adornos, y luces. Creo que ésto ya me lo apunté el año pasado, aunque debí perder el papel.
A la tradición de la colocación de adornos en el puente, le sigue otra que consiste en encender las luces el día 13, día de Santa Lucía. El año pasado las luces hicieron flus y se fundieron todas. Este año me fui rápidamente a mi chino de confianza a buscar otra guirnalda lumínica que colmara mis necesidades y expectativas. Me encontré con la terrible sorpresa de que no quedaban. Fui de chino en chino hasta que encontré unas que me parecieron adecuadas.
Al llegar a casa descubro que las luces de la foto de la cajita, no son las que están dentro. Para este momento, sobre las 18:00 de la tarde, y después de transitar por varios establecimientos con una niña de dos años fácilmente estimulable y con la energía típica de haberse bebido dos cocacolas, (aunque nunca las haya probado), di por abortada la misión luces. Saqué unas cuantas velas y un mechero, y esa fue la luz que encendimos el día de Santa Lucía de este año.
Para acompañar las luces, y el fresquete que ha hecho estos días, nos hemos puesto a hacer gingerbread cookies. Esta receta es una de las mejores que he probado. La única modificación que he hecho, es las especies. Desde hace algunos años tengo esta maravillosa mezcla que ya se vende así. Tiene la mezcla exacta de mi gusto, de canela, clavo, jengibre y cardamomo. Me encanta, y la suelo usar bastante.
Para decorar las galletas, he usado un tubito de azúcar de esos que vienen en los paquetes de adornos culinarios. Los que venden en el Lidl y traen azúcar con formas, y de colores, y algún tubo de azúcar líquida con color.
A mi parecer han quedado bastante buenas, y la probadora oficial que tengo en casa les ha dado su visto bueno, se las come de dos en dos.

sábado, diciembre 07, 2013

Un día estrellado








Ayer, MiColegui, hizo el día del UFO en su tienda. Nos animó a llevar cualquiera de nuestros trabajos no acabados a la tienda y que pasáramos el día allí, acabándolos, dándole a la máquina, la lengua, y a la cuchara.
A mi me pareció la excusa perfecta para acabar mi Lone Star, que llevaba 7 años dando vueltas por mis cajones.
Empecé el día desayunando un buen café y una porción de una tarta francesa de manzana, que preparé la noche anterior. Era la primera vez que hacía la receta, y una vez más, un resultado más que satisfactorio. Perfecta para paladares como el mío que prefiere el bizcocho a las cremas.
Salí corriendo a la tienda, pasando por casa de Maba para dejar a Emma.
Sin dilación alguna sacamos las máquinas de coser, y cada una se puso manos a la obra.
Mi Lone Star es otra de esas antigüedades que alojaba mi armario. Creo (no estoy del todo segura, empieza a fallarme la memoria), que traje las telas de Chicago en el 2005, y le metí el cutter en el 2006. Aunque la primera entrada gráfica que he encontrado en el blog es del 2008. Da un poco igual, en este punto. La cuestión es que por fin, ya está terminada. Me ha costado muchísimo coger carrerilla y darle el finiquito. Aunque al final, una vez más, la paciencia y la constancia es el quid de la cuestión.
Ayer, volví a coser en grupo, después de mucho tiempo dando puntadas en soledad. Es divertido coser en grupo. Oir conversaciones cruzadas, reírte con anécdotas y cuentos, cotillear lo que cosen las demás, dar y recibir ideas... Es casi una terapia.
Después de terminar de acolchar el quilt a máquina, y de jurar en arameo.. No pienso volver a acolchar a máquina mientras me acuerde (este año he acolchado tres quilts enteros a máquina: enough!!). Recogí a Emma y nos vinimos a casa.
Tuve que esperar hasta esta mañana para sacar fotos medio decentes, que anoche la luz no me acompañaba.
Al llegar a casa, el cielo nos dio una sorpresa. No puedo dejar de admirar el cielo que nos regalan estas tardes. Es impresionante. Y por cierto, por estas tierras, ni lluvia, ni vientos, ni ciclones ni huracanes.. Es como si fuéramos la excepción a cualquier previsión meteorlógica propia de esta estación.
El día terminó con una llamada de teléfono deliciosa, que hace se que me recoloquen los pulsos, y que me salgan estrellitas hasta de los ojos.