domingo, septiembre 22, 2013

La magia del pan llegó con el tiempo





Hace ya algunos años que sigo el blog de Ibán Yarza. Desde entonces tengo guardado un pdf de cómo hacer masa madre y cómo hacer pan. Releía sus apuntes como si fuera un tratado de alquimia. Y para adentro me decía: algún día.. algún día.

Tengo la firme convicción de que hay cosas en la vida que marcan su momento. Tu puedes emperretarte en tejer cierto patrón o en leer tal libro, y pasan los días y no consigues engancharte al libro, ni memorizar el patrón. Lo más común es tirar la toalla y dedicarse a otra cosa, que la vida es corta y cosas para hacer hay miles. La cuestión es que un tiempo más tarde, pueden ser días, meses o años, el mismo libro o el mismo patrón se ponen de nuevo en tu camino, y voilà... sale de un tirón!. Por ello, cuando algo que quiero intentar se me atraganta, lo dejo en espera... Tarde o temprano se alinearán los astros y será el día. En el fondo, y casi en general, el único ingrediente importante en la vida es el tiempo.

Así me pasó con el pan. Llegó el momento, y me puse a panificar. Primero con levadura artificial y luego con masa madre. Lo que me pasó, es que se cruzó en mi camino alguien a la que ya le voy debiendo unas cuantas cosas, entre ellas este virus panadero. Hay videos muy buenos de Ibán Yarza sobre los pasos a seguir, sobre cómo amasar, sobre ingredientes básicos... La verdad, hacer masa madre y pan, es algo casi mágico. Te obliga a tener paciencia, a ir haciendo paso a paso, a esperar los tiempos sin tener la urgencia del reloj marcando minutos, ni a estar pendiente de él.

He hecho masa madre de centeno, con unos resultados espectaculares en tan solo tres días; y masa madre de trigo que es un poco más lenta, pero con otro olor y otro sabor totalmente distinto. Los panes que he hecho con ella son increíbles. Se parecen tanto a los que compraba en la tienda de la esquina como un huevo a una castaña. He logrado ir haciendo una rutina panadera, y en mi congelador siempre hay pan para la semana. Será difícil que vuelva a comprar pan en esos negocios dónde el pan tiene dudosa procedencia.

En estos días en los que yo he metido sin miedo, las manos en masas de distintas texturas y olores, Emma ha hecho lo mismo. Estamos empezando a trabajar la plastilina. Tuve un primer intento de plastilina casera. No me gustó el resultado: huele, se ensucia, y se pone mal en poco tiempo. La mejor alternativa ha sido la plastilina de Imaginarium. Tiene buen tacto, no huele, y los colores son bastante brillantes.

Y en medio de todo esto, el verano que dicen que se fue, creo que hace mejor tiempo ahora que en Agosto, y hay que sacar las cosas de otoño, aunque solo sea por aparentar. Tengo unos días de poco movimiento de manos, no me apetece ni coser, ni tejer.. Pero en cambio, me he reconciliado con el bordado y el punto de cruz.. Y con los libros. De nuevo vuevlo a leer de forma constante. Una vez más, las cosas eligen su tiempo de ser.

Y este tiempo esta siendo de pan, de hilos, de John Mayer y de recuerdos que se fueron y que ni con un tremendo esfuerzo de concentración, vuelven... Para todo hay un tiempo, hasta para olvidar.

sábado, septiembre 07, 2013

No subestimes el poder de un mecánico





Hace siete años que conduzco como una flecha mi querido coche. De él he hablado aquí y aquí .
Me ha dado pocos disgustos, y muchos kilómetros a la espalda.
Respondió muy bien cuando un desaprensivo se saltó un stop y me empotró en una casa, y también se portó muy bien en dos años de conducciones por las autopistas grancanarias.
Y desde hace unos meses, notaba yo que no era el mismo. La cosa se puso muy seria cuando camino de Costa Calma, con unos 40º fuera del mismo, quise adelantar a un coche de licencia y por mucho que apreté el acelerador, no subió de 2.500rpm y no alcanzó más allá de los 80km/h.
Este no era mi coche, que apenas rozaba el acelerador se lanzaba como un rayo.
Entonces llegó ElPatrón, y me convenció de que era urgente pasar por el taller.
Y llegas allí, con las manos temblorosas, pensando más en el importe de la factura que tendrás que abonar que en el problema en sí.
Ahora los mecánicos no abren el capó, ni pegan la oreja al motor, ni toquetean por aquí y por allá. Ahora es todo mucho más rápido. Conectan a tu coche un ordenador, dan contacto a la llave, y el ordenador empieza a volverse loco, a enseñar lucecitas por todos lados, a emitir pitiditos...
Yo cada vez más nerviosa sin saber muy bien dónde ponerme.
Ocho fallos de motor, O-CHO..
Los ojos inquisitivos del mecánico mirándome como si le debiera algo antes de empezar a hablar, son algo que me va a costar olvidar. Detrás de esa mirada, vino el dedo acusador, y la retahílas de: este coche no se puede tratar así, esto es un buen coche que no está siendo cuidado y bla bla bla..
Yo a estas alturas del diagnóstico, estaba pegadita al suelo pidiendo perdón, y hablándole muy bajito, le pedí un presupuesto, acompañándolo de muchos porfavores.. Un pastizal, el presupuesto de la reparación de las ocho averías era un pastizal.
Dudé un momento, y le pedí la llave para irme a casa y meterme en la cama a pensar cómo solucionar la papeleta. Y es entonces cuando el mecánico me miró, entrecerrando mucho el ojo derecho, y diciéndome: quieres ver lo que le pasó a un coche exactamente igual que el tuyo con el mismo problema?? y cuánto le va a costar ahora al dueño arreglarlo?... Acompáñame... Pero yo que tú, no movería este coche de aquí, a no ser que se le arreglen las ocho averías...
Y fui y miré el otro coche, y ahí estaba todo lleno de mugre, y grasa, y tornillos rotos, y camisas rayadas, y pistones partidos...
Así las cosas, no me quedó más remedio que irme a casa andando, y decirle adiós a mi coche, hasta nuevo aviso, porque cuando un mecánico te dice que no muevas el coche, tu le haces caso.
Me lo han devuelto esta semana, arregladito, con su motor que hace suavemente bruuumm brummm, que acelera que es un peligro, y con el motor perfectamente limpito, tanto, que se puede comer en él.
Y a esto me he dedicado estos días sin coche, a cocinar, y a recrearme en los últimos platos con melón y sandía... Y además me he tomado unos vinos, que me han sabido a gloria bendita. Ha sido la única forma que he encontrado de olvidar la mirada acusadora e inquisitiva de mi mecánico.

domingo, septiembre 01, 2013

Guardando Agosto a buen recaudo





 


Estamos en casa, con todo ordenado, con las listas: listas; y preparadas para encarar Septiembre de manera optimista y que no acabe con nosotras.
Para quien como yo, se haya pasado la mayor parte de su vida estudiando, Septiembre es como empezar el año. Claro que ahora no tiene la novedad y la ilusión de las nuevas libretas, los bolígrafos, y todo el material escolar que me hacía olvidar un poco lo bien que había sido el Agosto en MiNorte.
Ahora Septiembre se envuelve de lavadoras que poner, ventanas que sacudir, y nevera que llenar. Ahora entiendo un  poco mejor los agobios de mamá cuando volvíamos a casa.
Este Agosto, y como siempre, me fui cargando costuras, agujas, lanas, hilos.. Menos mal que ahora con el kindle, no voy cargando también un montón de peso en libros, claro que los libros los llevé. Tres o cuatro que tenía especial interés en leer..
Nada, no toqué nada. Absolutamente nada.
Trabajar de mañana, alguna que otra tarde noche, y ya. Eso fue lo que hice por y para mí exclusivamente.
El resto del tiempo lo tenía repartido en comer los ricos tunos que traía TíoJuan; el café de mamá tempranito con los papás y ElGurú; la playa, mi playa, mi querido océano...; pescar tortugas y mariposas; y sentarme en la acera, a ver cómo se encendía la luz naranja de las farolas cuando todavía Lorenzo no se había despedido.
Tengo la sensación de que me fui con un bebé y volví con una niñita. Ayer la escuchaba en el coche, ya me va hablando, frases enteras que ella sola conjuga, con su sujeto, su predicado, su verbo y sus complementos. Al llegar a casa decidió que no volvería a bañarse en la nañera chititita, sino en la naaande como mamá; me pide la tuchaya y el teñeor para comer ella sola... El tiempo que se me escurre de la mano como arena.
Ya estamos metidas en la rutina, la dulce rutina, que durante más de un mes hemos tenido alterada.
Alterada, bonita palabra para definir muchas cosas, la rutina, el pensamiento, las ideas..
Va siendo hora, de que coja según que cuernos y empiece a desaparecer toros.


Bienvenido Septiembre