viernes, agosto 16, 2013

La hora de los besos





La hora de los besos
en la playa
después del salitre y la arena
y antes de la fruta y las galletas
Una ronda de besos
que se posan en todas partes:
las manos
la frente
el brazo
el pecho.
Me regala besos
y no hace falta que diga más

viernes, agosto 09, 2013

Coroneles, madres, y paseos con queso






El sábado pasado, y de forma extraordinaria, La Casa del Coronel, abrió sus puertas, para que un conjunto de artesanos textiles pudieran mostrar sus diseños y productos para la difusión y venta de los mismos.
Aprovechando que estábamos por el norte, y que una de las artesanas es familia directa nuestra, nos fuimos a echar la mañana del sábado.
La Casa del Coronel, que no debe ser confundida con La Casa de los Coroneles, es una construcción típica canaria que ha sido restaurada recientemente. Tiene la particularidad de que la casa cuenta con dos propietarios: uno particular y otro municipal (o sea que parte es del Ayuntamiento y la otra parte es de una familia). La parte municipal es la que está restaurada y se le ha dado un uso, a mi parecer, muy acertado. Todos los martes y jueves se realiza un mercado tradicional, en el que puedes encontrar desde verduras, hasta cerámica, pasando por panes, quesos, aceites, dulces, calados...
Este sábado, la muestra estaba compuesta por bolsos, pareos, pulseras, gorros... Todo bastante trabajado y bonito. También había una pequeña muestra de quesos bastante curiosa. Queso al curry, a la pimienta, al romero.
Cuando veo algo así, mi primera reacción es rechazarlo. El queso es queso, y el curry es para cocinar. Pero luego me antepongo a esto y me decido a probarlo. La realidad es que el queso al curry me encantó, y me pareció el aperitivo perfecto para cualquier tardecita de verano, con una copita de vino y unos trocitos de bizcocho de Tiscamanita. Pensé incluso, en la perfecta compañía para disfrutarlo, y entonces me decidí a comprar un trozo. Aquí lo tengo, esperando a que llegue mitad de mes y con él, mi ex-room-mate de la Galia, y podamos darnos una de nuestras charlas trasnochadas.
La historia de la casa, del Coronel y su madre Sebastiana Cabrera, que si mis capacidades de atar cabos siguen bien afinadas, está enterrada en la iglesia de La Oliva, me dan via libre para imaginar un montón de historias al más puro estilo de Cien años de Soledad. Lástima que yo no sepa bien dónde buscar o no contar con historiadores cercanos que puedan arrojar más luz a todas mis curiosidades sobre esta familia de mi tierra, pero todo eso tendrá solución en pocos años, cuando mi ahijado se haga historiador y por fin el Archivo histórico de Fuerteventura, entre en funcionamiento. Entonces yo cogeré mi pluma, y me saldrá una novela histórica-mágica-romántica-, que se leerá más que los folletos de ofertas del Mediamarkt.
Estos paseos me encantan, porque nos dan pie a ir descubriendo el mundo, despacito y con lo que tenemos a mano. Emma va identificando las cosas que nos encontramos: flores, perros, gatos, niños.. Y en cuanto se pone en el suelo se arrodilla a buscar bititos.
Hemos pasado a otra etapa del porteo. La compra de la Manduca, fue un acierto completamente. Después de usarla durante unos 9 meses delante, sigue siendo útil para el peso (10.5kg) y la edad de Emma, pero ahora a la espalda.
Hasta entonces, seguiremos visitando lugares e imaginando.

martes, agosto 06, 2013

2 años, y lo que se aprende con una tarta






Ayer lunes, mi pequeña mariposa acuática cumplió dos años. Dos-años. DOS AÑOS.
Es que aún no me lo creo. Parece que el tiempo no ha hecho más que darme esquinazo todas las veces que le he pedido, más bien implorado, un poco de lentitud, un time-out, un descansito para poder respirar a fondo y atesorar ciertos momentos. No, el tiempo no para. No se para, para mi.
Dos años, llenos de un montón de cosas, que al dar la vista atrás, me parecen todas estupendas y maravillosas. Me repito muchísimo, pero es que no lo puedo expresar de otra manera. Criar, educar, acompañar a descubrir la vida, es una aventura ma-ra-vi-llo-sa.
Para celebrarlo de manera oficiosa (la celebración oficial, será cuando estemos todos los de casa), tenía pensado una tarta casera pero con apariencia típica de cumpleaños.Tenía especial interés en probar la receta del bizcocho genovés de la Thermomix, y también otra receta que encontré por la red de cómo hacer buttercream en Thermomix.
En mi cabeza todo tenía una apariencia muy bonita, un sabor delicioso, y un entorno estupendo.
Pero una vez más, la vida sorprende, cambiando las imágenes que tu tienes en la cabeza por otras menos favorecedoras y propicias.
Lo primero que se torció, fue que Emma el domingo estaba resfriada. Puedo contar con los dedos de una mano las veces que se ha resfriado en su vida, y las veces que ha tomado cualquier antitérmico. Hemos tenido la gran suerte de que no ha tenido grandes fiebres.
Así que el domingo por la tarde cuando le puse el termómetro y vi los 39.2 casi me da un síncope. Apiretal al canto y esperar. Por el medio, tenía algún síntoma de resfriado, pero poco más. Cada seis horas la temperatura volvía a subirle. Así hasta las 3:00 am del lunes, momento en que tomó la última dosis de apiretal. Le hizo efecto y se quedó fresquita fresquita, por con esos ojos tristes y la mirada vidriosa, típico de un catarro.
Entre termómetros y achuses, horneé un bizcocho genovés. Volví a repetir el proceso, y horneé otro más.
Derretí chocolate con nata, al Baño María. Los uní, y me encomendé al cielo para meterle la mano a la buttercream. Se cortó. Siguiendo la receta, que se anunciaba como: buttercream en Thermomix INFALIBLE.. Si ya, infalible.
Seguí mi instinto, y volví a intentarlo. Y oh! maravilla! recuperó la cremosidad. Le pregunté a Emma, de qué color quería su tarta, a lo que respondió: assssuuuuuuuuul. Así que estaba claro.
Decoré como Diosmedioaentender, y voilà!
De este horneado-montaje he aprendido varias cosas, y como a mí me encanta hacer símiles, me sirven para aprender de la vida: lo primero que necesito es un molde más pequeño para que me salga un solo bizcocho que pueda cortar por la mitad (para sacar a una niña adelante, un buen entorno es fundamental); los bizcochos genoveses se emborrachan, no hace falta que sea con alcohol, pero sí hay que regarlos para que se conserven esponjosos y jugosos. Eso lo ponía la receta pero yo decidí saltármelo (hay que escuchar a mamá.. que aunque no tenga la base científica para explicar muchas cosas, casi siempre tiene razón). La receta de la buttercream perfecta, no existe, pero se puede ir apañando (hay que seguir el instinto propio, casi siempre te lleva a buen puerto).
Y así, diciéndole ella adiós al resfriado, y yo dándole la bienvenida con un hola, que tal, te quedas a dormir?, hemos celebrado estos dos años.