sábado, mayo 25, 2013

De ceras, paredes, letras y libros




Parece que hemos ido digiriendo la etapa en la que estamos y en la que hemos entrado como un elefante en una cacharreria: a lo bestia, de sopetón y haciendo mucho ruido.
Hace quince días que Emma viene acusando un cambio en su existencia diaria. Los niños crecen, es algo natural, y yo he ido acatando y experimentando sus cambios día a día.
Durante estos quince días, pareciera que mi niña se ha ido transformando en otra.
Siempre le ha costado bastante conciliar el sueño, lo que ha supuesto para mí grandes quebraderos de cabeza, y requerido grandes dosis de paciencia y cansancio.
Aún así, y después de estudiar muchísimo su rutina interna, hemos podido ir cuadrando la manera de que se acueste cuando realmente tiene sueño. Lo que ha pasado estos días atrás es que se ha negado a dormir.
Se levanta bien temprano, sobre las siete de la mañana. Y más o menos a la una y media, después de almorzar, se dormía una siesta de aproximadamente una hora. Pues estos días ha sido imposible. Sobre las dos de la tarde el cuadro era el siguiente: niña con pataleta - madre desquiciada, y ni rastro de la siesta.
A las siete y media de la tarde, la irritación es por cualquier cosa, y el sueño la vence (irremediablemente) casi antes de cenar. La noche, que para ella ha empezado bien pronto, pasa sin muchos despertares, los justos para mamar y seguir durmiendo.
A la semana de este proceder, yo, o sea, la mama desquiciada, está rozando ya la locura no transitoria.
Porque conformen pasan los días y no dormir la siesta, a esta hora, en la que el sueño viene a visitarla y ella se niega a recibirlo, el mal humor se instala en ella, y cualquier cosa le parece mal, con la consiguiente perreta.
Ella, mi niña, la que no ha llorado nunca más que por los justitos golpes... y yo, perdiendo la objetividad de forma muy peligrosa.
Qué fácil es dejar de confiar en una misma, y en ella, cuando el cansancio empieza a hacer mella.
Y entonces llegó el momento crítico: jueves dos y media de la tarde, niña llorando sin motivo aparente, mamá en estado de shock.
Las pocas neuronas que me quedaban en movimiento se iluminan, y llamo al teléfono de la esperanza, que con voz dulce, y paciente me indica de forma clara los movimientos a seguir para soportar y sobrellevar el momento vértigo.
Y pasa... y pasó.. Y sobrevivimos.
Salimos a la calle, cogimos aire, dimos un paseo, nos recreamos en el cielo, las nubes, los pajaritos, y las hojas...
Llegó la noche, y llegó el sueño. Momento que yo aproveché para hacer un estudio de lo que pasaba y encontrar soluciones. Algo llamado The Terrible Two, me explicó muchas cosas, aunque realmente hay ciertos aspectos con los que no estoy de acuerdo. Creo que lo principal es que mi bebé está dejando de serlo conforme pasan los días, y que así debo asumirlo. No forzar es una buena premisa para acompañarla a crecer dia a día.
La base está en la distracción y las actividades, dentro y fuera de casa.
Las ceras y la pared conforman un lienzo maravilloso. Requiere de vigilancia para que el lienzo no se extienda a toda la casa, pero creo que la tranquilidad bien merece el sacrificio de una pared.
Hemos descubierto unas canchas de fútbol-baloncesto, que a media mañana están vacías, y que son el lugar ideal para correr... Correr sin límites, hasta que nos cansemos. Nunca pensé que correr sin acotar el espacio fuera tan beneficioso para el carácter de los niños.
Los libros de la biblioteca municipal han sido un descubrimiento muy valioso.
Y así ha ido pasando. Y así va pasando.
Pero no todo ha sido terrible. Nos han venido a ver desde París, alguien que nos quiere mucho mucho, y ha venido cargado con unos libros maravillosos... que nos tienen ocupadas mirando sus dibujos bastante rato cada noche.
Y cuando el sueño llega, y Emma duerme... A mí me ha dado por estudiar historia.

domingo, mayo 19, 2013

Visitando rincones con mucho salero









Después de una semana terrible, que aún debo digerir para poder contarlo, nos levantamos temprano (una vez más durante la semana) el sábado. La MamáPollo, nos informó de que era el día de los museos, y por lo tanto se podían visitar de forma gratuita. Se me encendió la bombilla ipsofácticamente.
Hacía tiempo que quería visitar el Museo de la Sal, y después de desayunar y hacer las tareas básicas, nos pusimos en la carretera con rumbo las Salinas.
El día estaba algo fresco y un poco nublado, pero yo confiaba en que pudiéramos disfrutar de un paseo agradable sin mucho frío. Y así fue.
El Museo está muy bien. El camino que lleva hasta la entrada es un puro camino de Fuerteventura, con veroles, tuneras, siemprevivas y piedra cal. Me gusta que se haga jardín con lo que tenemos, con lo que somos. Esa costumbre de poner césped en una isla que no llueve, que es desértica  y que por tanto, el agua debería ser tratada como oro, me parece de un mal gusto digno de catetos-nuevos-ricos. Aquí hay picón, piedra y arcilla, y de esos colores deberían ser nuestros jardines, sobre todo los que dependen del Cabildo o Ayuntamientos (punto positivo para el museo).
No sé qué tienen las Salinas que me gustan tanto. Creo que la primera vez que miré  las salinas para ver algo distinto a lo cotidiano fue a través de la película Mararía. Y de pronto, en algo que formaba parte de mi paisaje natural, encontré una belleza escondida que me resultaba del todo cautivadora.
La visita al museo se me hizo corta. Hay mucho para leer y para ver, pero con LaMariposita de la mano, se hizo imposible. Ella estaba más interesada en salir afuera y correr por en medio de los trastones de piedra.
Tenía la esperanza de que pudiera llevarme un folleto con toda la información recopilada para poder leerla en casa más tarde, pero no fue posible: no existían tales folletos más que los de uso dentro de la instalación (punto negativo para el museo). Al final de las salas, hay un video explicativo, de cómo se saca la sal del agua. Explicado por un lugareño al más puro estilo majorero.
Ver la sal tan blanca en montañitas sobre las paredes de piedra negra, es una imagen preciosa. Por momentos parece nieve. Es curioso que después de ver el fondo de tierra de las "minipiscinas" de donde se saca la sal, ésta sea tan blanca.
Al final del paseo entre las salinas se encuentra el esqueleto de una ballena. Se ve desde la carretera cuando pasas con el coche, y ya impresiona. Está completo y muy bien conservado, pese a estar a la interperie. A mí me hubiera dado para estar dando vueltas alrededor del esqueleto por lo menos un par de horas, para ver bien los huesos y sus formas.. Pero Emma tenía otras intenciones. Con lo que queda patente que tendremos que volver dentro de un tiempo, a ver si conseguimos que mis intereses y los suyos se pongan de acuerdo.
Ya he dicho del gusto de esta niña por el agua. Pues después de esta visita queda confirmado que empiezo a preocuparme. No puedo perder ni un nanosegundo su mano. Desde que ve agua quiere salir corriendo hacia ella, y le da igual que tipo de agua sea. Lo mismo le da una piscina, que mar abierto, que una palangana con agua. Hace unos días paseábamos por el muelle, y tuvo una intentona de bajar por la escollera del paseo para irse al agua.. Pues ayer en las salinas igual. Pretendía colarse por debajo de la cuerda que hacía de valla para ir a tocar el agua.. En fin, que como dice cannnela me equivoqué con el nombre, no es una mariposita, es una sirena, con todas las letras.
Cuando ya nos íbamos empezaron a disiparse las nubes y a salir el sol tímidamente, lo que nos dío para sentarnos en uno de los bancos de piedra que miran al mar y tomarnos un tentenpié de lechita que nos dejó satisfechas para emprender el camino de vuelta a casa.

sábado, mayo 11, 2013

Artesanías para celebrar que ya no hay muertos en mis armarios







Llevo todo el mes de Mayo, con la lista de los 21 días. Tengo que decir, que estoy muy contenta de haberla hecho y de haberla puesto en marcha. He revuelto la casa del revés, por zonas y por días, así que la organización es más llevadera de esta manera. Al mismo tiempo, he sacado muchas cosas, unas han ido a la basura, otras al reciclaje y otras han vuelto ordenadas a los armarios. Está siendo una revolución considerable de materia física y energética... voy encontrando muertos en el armario. Esos que guardé sin casi asegurarme bien de que no tuvieran pulso, y ahora al remover salen agonizantes.. No veo TheWalkingDead, pero estoy segura de que los muertos de mis armarios pugnan por salir de sus escondites como los personajes de esta serie. La diferencia es que yo ahora no soy la misma que los guardé. Ahora peso casi 5 kg más, tengo otras prioridades, y lo que es más importante, tengo la cordura y claridad que no tenía antes. Ahora, con la mano y de un solo golpe, he acallado el más grande de los quejidos. Así, incluso, ha llegado algún mensaje, real, (cosas de las sincronías) casi al mismo tiempo que yo sin despeinarme me deshacía de los muertitos, y de la misma forma: sin despeinarme, he silenciado el mensaje también.. Ay! quién me lo iba a decir.. La cuestión, es que ya mis armarios no huelen, porque ya no hay muertos en él.
Y con esta seguridad que da el andar libre de equipaje, hemos puesto rumbo al cento-sur de la isla, y hemos visitado la 26º edición de la Feria de Artesanía, del pueblo que mi mamá.
La feria este año está llena de joyeros, o esa fue mi primera impresión. Me llama la atención la cantidad de diseñadores de joyería que tenemos en las islas. Hay piezas de plata con picón (lapilli) que son una auténtica maravilla. Otras combinan cuero con cristal de murano, otras son simplemente de plata muy trabajada... Todo esto se vería mejor si yo me hubiese acordado de sacar la cámara en el momento en que los veía, pero así funciona mi memoria ahora, con casi 25 minutos de retardo.
También habían caladoras, cesteros, artesanos del cuero, alfareros.. Unos cuantos puestos de muñecos de trapo... en fin todo un despliegue de artesanía.
Allí estaba MiColegui con todas sus cositas preciosas, como siempre. Ver todo expuesto así, siempre hace que se me contagie una especie de fiebre y me den muchas ganas de coser, de cortar, y de usar todo lo que están en esos armarios que ahora están ordenados. Dedicados al patchwork, habían dos stands más:  Pimpi y Yolanda, que tenían un stand muy country. Realmente me gustó mucho todo lo que tenían expuesto. Y Bianca, con su puesto predominantemente azul, y sus quilts geométricos. Tenía un tapiz de un faro que me dejó con la boca abierta. La verdad es que todo es patchwork, pero todo es muy diferente, cada una tiene un estilo muy marcado y muy característico.
En la entrada al recinto hay colocados dos molinos de agua en miniatura. A mí me pareció un buen fondo para una foto de LaMariposita. La coloqué, me aparté ligeramente y en lo que encendí la cámara, ella localizó el ruido del agua y en un nanosegundo metió la mano, para el momento que disparé, ya tenía mojada media camisa.. No hay remedio para esta niña. Siente una atracción incontrolable por el agua.
Y al final, y para mi sorpresa, en la carpa de alimentación, me encontré con un obrador alemán, que solo vende en mercadillos, y que tenía estos fabulosos pretzels. Ya tengo la ruta de mercadillos que siguen para poder seguir degustando sus dulces.