lunes, marzo 25, 2013

Y si todo se trata de cuidar y acompañar?







Este fin de semana he hecho dos cosas fuera de lo habitual: el sábado me metí en la cama a las 8:30 de la noche, después de un día sin siesta y con un cansancio infinito. Aprovechando la hora del planeta y con la mariposita durmiendo ya, apagué todas las luces, y me acosté con una mini lampara a pilas y mi libro. Terminé de leer Astrid y Verónika. Tengo ideas confusas acerca de la opinión que me ha creado. Aunque tengo varias conclusiones: todos los libros de escritores nórdicos que he leido tienen páginas oscuras que lees deseando que acaben, aunque quieran escribir una historia de amor y amistad, siempre hay pinceladas de novela negra . Aún así, me encantan. La descripción de las estaciones, de los escenarios... Han hecho de este libro una lectura sosegada y deliciosa.
Y el domingo por la mañana después de un sueño reparador, terminé de ver Intocable. Que por cierto, me ha encantado. Me ha hecho reír, y se me han asomado las lágrimas a los ojos, más de emoción que de tristeza.
Después de la peli y el libro, en mi cabeza está la misma conclusión: y si todo se trata de cuidar de alguien? de acompañarlo? de escuchar y de preocuparte por su confort?. No creo que haya nada más satisfactorio que esto. Y con esto en las neuronas, me ha dado por sacar recuerdos, y hacer balance.
En una vida donde el amor de pareja ha pasado a la inexistencia por elección, la amistad y el cariño sincero han pasado a ser algo muy valorado por mí.
Hubo una época  en que tuve una amiga. Mayor que yo.. Siempre tengo amigas mayores que yo.
No hace tanto que fue.. Sin embargo, tengo que rebuscar recuerdos.
Fue alguien importante. Acompañante en diversas situaciones, guardiana de secretos, cómplice en circunstancias complicadas.
Y el tiempo pasó.
Yo me reproduje, ella desapareció.
Me acuerdo de ella, a veces, de vez en cuando. Y no alcanzo a entender, a veces pienso que no entiendo porque no quiero. Porque tal vez, la explicación sea más dolorosa que la ignorancia del tema.
Y mientras tanto cuido de la mariposita, y me preocupo por mamá, y por el patrón y el planeta neptuno, y por el gurú, y la bajista y la peque, (que ya puede conducir... ), y me siento feliz, porque tengo mucho por lo que dar gracias y por lo que sentirme completa.


sábado, marzo 16, 2013

Colores contra ideas revueltas


Hoy sábado nos hemos levantando temprano, no por nada en especial, sino porque a nuestros cuerpos les ha parecido suficiente el descanso, y han abierto los ojos. Nuestros cuerpos, que no mi cerebro, que le ha parecido un descanso del todo insuficiente.
Con un cerebro medio dormido, me meto en la ducha, y de ahí a preparar los desayunos. LaMariposita pide un cuento, para pasar el rato hasta que me siento con ella a desayunar.
Mi cabeza sigue dándole vueltas a varios asuntos. Cosas que no me deberían ni siquiera de perturbar, sin embargo lo hacen. Esto de la maternidad, es lo que tiene. Que ya no puedes mirar para otro lado cuando las cosas externas se ponen de un color que no te gusta. Antes había temas en los que prefería no meterme, total tampoco tenían que ver del todo conmigo y mis vivencias. Ahora, mi cabeza me obliga a tener una opinión contrastada y fundada de cualquier cosa. De forma inconsciente me preparo para el momento en que  LaMariposita me pregunte sobre cualquier tema que se le ocurra o le perturbe y yo no me quede en blanco.
Y en estos caminos poco recomendables para transitar un sábado por la mañana con la cabeza a medio gas y cara de pocos amigos, me obligo a no juzgar, y a pasar por encima de situaciones que tengo alrededor y que me parecen muy poco acertadas. Me obligo a decirme que cada cual es libre para hacer lo que estime oportuno, y a vivir su vida de la forma que más le convenga.. Pero qué puedo hacer cuando alrededor mío, veo mamás que valoran las bondades de los bebés en función de las horas de sueño que les regalan, que empiezan a darles de comer  cereales con miel del hermano mayor, a bebés de apenas cuatro meses, y que les parece que el dr. Estivill merece un altar en cada casa... Me cuesta controlarme, me cuesta morderme la lengua, y dejarlo correr...
Supongo que ellas deben sentir lo mismo cuando me ven a mi.. Con un control total sobre los horarios, sobre las comidas, sobre las rutinas, con la manía de llevar a a mi niña pegada a mi constantemente, con la locura que irradio al plantearme no escolarizar a la niña, y con la intención de no buscar otro trabajo distinto al que ahora mismo tengo.... Y entonces me tranquilizo, porque yo sé que a nosotras nuestra forma nos funciona. Desde que tuve el positivo en mis manos, y la certeza de que Emma venía, no he hecho otra cosa más que concienciarme y emplearme a fondo por prepararme para vivir lo que estoy viviendo. Y esto es lo único que me importa y me sirve. Los niños vienen sin manual, y allá cada uno. Que cada cual lo haga como mejor le venga, o como Dios le de a entender.
Y así, respirando profundo, y buscando tranquilidad, me pongo a dar color al día, y a planear la agenda.
En mis agujas, un  Milo para LaMariposita.
En mi corazón, un propósito: no juzgar.
En mi cabeza: un recordatorio: no volver a regalar cosas hechas por mis manos... ver una colcha hecha por mi, con telas con mimo escogidas, con puntadas pensadas..., ser utilizada como alfombra, es una imagen  que me va a costar olvidar.
Y escuchando a mi querido flaco, nos vamos a exprimir un fin de semana con amenaza de tormenta.

lunes, marzo 11, 2013

Centrifugados estomacales y grandes propósitos






Este fin de semana he vuelto a padecer un "algo no identificado" de estómago. Lo vuelvo a relacionar con comer porquerías, o mejor dicho beber, ciertas porquerías. La primera vez que me pasó fue hace exactamente un mes, y fue después de beber una cerveza de malta (cosa-mas-mala). Al día siguiente el estómago es como una lavadora de las antiguas que en pleno proceso de centrifugado se sale por la ventana. Y todo para afuera, en sus distintas y posibles formas.
Esta vez, y desterrando de forma contundente la cerveza de malta de mi dieta, me bebí otro brebaje imposible: cocacola zero y sin cafeína. Qué pienso cuando compré estas dos latas, es un puro misterio. Pero a Dios pongo por testigo, de que otra porquería de éstas no volverá a entrar en mi nevera.
Después de un día a vómitos y demás, solo quedaba salir pitando para casa de mamá, y dejar que ella nos mimara con manzanita asada y papa sancochada, mientras dejaba descansar mi cuerpito hecho una miseria en uno de los sofás. Este tiempo de absoluta incapacidad de hacer nada, lo dediqué a terminar de leer la saga de Harry Potter. Después de tres meses viviendo con ellos, entre encantamientos, maleficios y maldiciones imperdonables, el sábado por la tarde quedé como huérfana y sintiéndome nada especial, un muggle vulgar y corriente.
Así que para combatir este sentimiento de anodina normalidad, me dispuse a hacer pequeñas cosas extraordinarias, y así contribuir a sentirme un poco mejor, terminando cosas pendientes (mi eterna montaña).
Mi pared de marcos queda más llena, añadiendo un bordado más. Tenía este bordado hecho desde que nació LaMariposita, hacen ya 19 meses. Pero no tenía claro cómo enmarcarlo. Después de unos viajes por Pinterest, encontré el marco y forma perfecta. Estoy super contenta con el resultado.
De todos los quilts que tengo a medias, el que más me apetecía terminar es este. No quiero hacer recuento de cómo ha ido pasando el tiempo a medida que lo he ido haciendo, porque fácil fácil, pasan 6 años. La cuestión es que ya está casi a puntito.
En un alarde de valentía, lo he metido a la máquina, y ya está acolchado. Me queda un remate que aún no está hecho porque no estoy del todo segura. Pero estoy convencida de que le daremos la bienvenida a la primavera arropadas con él.