viernes, abril 29, 2005

Reencuentros

Hoy he leído esto.
E inevitablemente me he sentido identificada. Porque hubo una época en mi vida en que compartí un montón de cosas con un amigo. Un té, yo con leche él con limón. Un montón de horas en clase, el almuerzo en el aparcamiento de Teleco, con la banda sonora de la SER que nos daba su coche, muchas charlas.... Y luego llegó su novia, que más tarde fue su mujer
... Y luego trabajamos, durante dos años, juntos en la misma oficina de proyectos, situación que me permitió seguir viéndolo a diario. Meses más tarde nació su nena, que pude conocer cuando tenía casi un año. Me imaginaba, cuando estábamos en Teleco que esta niña podría ser una cuasi-sobrina... Finalmente, ha sido una desconocida más.
Como yo lo soy para su mujer. La única diferencia es que ella ha decido concentrar en mi persona todos sus miedos, todos sus odios, todos sus celos...
Resultado: Hace casi un año que no veo a mi amigo. Hace casi dos meses que no hablo con él. Y me he dado cuenta hoy, de que la esperanza de que nos encontremos, pasa casi por encima de un divorcio...
Extraño sus historias, sus reflexiones, sus comentarios.... su acento y su forma de hablar.
Extraño a sus hermanos cuando se reían de mi, al llamar por teléfono.
Extraño escuchar la cadena SER con él, y comentar todo lo que oíamos.
Extraño incluso los exámenes de dibujo, organización, resistencia, mecánica....
Extraño su comprensión, su mirada de aliento, y su " si es que soy un cacho de pan con ojos"; "corre más que zapatillas", o "¿qué mas quieres?: pan, plátanos y perras p'al cine???"..
Extraño mirar sus ojeras cuando trabajaba de noche.
Extraño poder consultarle cualquier cosa que se me ocurriera.
Extraño no contarle mis cosas, mis miedos, mis risas....
Le extraño sobre todo, porque él me enseñó y demostró que la amistad sincera y de corazón entre un hombre y una mujer es posible.
Me da rabia pensar que toda esta situación es producto de unos celos enfermos, padecidos por una persona que no quiere dedicar dos minutos de su vida a analizar si quiera, si pudiera estar equivocada.

jueves, abril 28, 2005

Lavaensa: Buenos días!

De 07:00 am a 15:00 pm, cada día, entre otras cosas, he de contestar al teléfono.
Y no entiendo una cosa, si yo digo:
-Lavaensa, buenos días.
¿Ustedes entienden Parada de Taxis?, o ¿Asociación de Taxistas?, o ¿Transporte de algún tipo??.
Porque resulta que en algún lado por ahí, el teléfono de mi oficina consta como parada de taxis, y claro la gente llama reclamando un servicio. Pero yo respondo, alto y claro:
-LAVAENSA, buenos días; y el interlocutor me responde:
-Oiga, venga a la calle tal el número cual!. A lo que yo respondo:
-No, mire, esto no es la parada de taxis.
La mayor parte de las veces me encuentro con contestaciones como:
-¿Cómo que eso no es la parada de taxis, si me acaban de dar el número? (con una voz bastante impertinente); a lo que mi aguijón de escorpión se me pone a punto para contestar:
-Pues se lo han dado mal, y esto no es la parada te taxis, y no tengo ni idea del número.
La voz al otro lado sigue siendo borde, y me dice:
-Pues a mi me acaban de dar el número.
Respuesta: -Señora, que le digo que esto no es y que se lo han dado mal!!!! Y haga el favor de colgar que me está ocupando la línea, con la de llamadas importantes que recibo yo al día en esta oficina!!!.
Cuelgo. Cuelga.
Dos minutos más tarde, suena el teléfono, el mismo número. Contesto:
-Lavaensa, buenos días!.
-Oye, eso no es la parada de taxis???.
-No señora, este número no es.
Dos minutos más tarde, suena el teléfono, el mismo número. Contesto:
-Lavaensa, buenos días!.
-Parada??.
-No, está equivocada.
Dos minutos más tarde, suena el teléfono, el mismo número. Contesto:
-Sí?
-Mire, puede venir un taxi a la calle tal, al número tal?.
-Sí señora, espere en la calle, que ya sale para allá.
Y es que llega un momento en que me desquicio.

domingo, abril 24, 2005

Dos majoreras en Chicago


Con MaryC. Posted by Hello

En el John Hancock Center, con toda la ciudad y el lago Michigan detrás.  Posted by Hello

viernes, abril 22, 2005

Ando por aquí

Ya sé que hace un montón de tiempo que no me siento y pongo por escrito la cantidad de locuras que se pasan mis neuronas...
Ha sido por algo bueno, que luego se ha convertido en no tan bueno.
Me he ido de vacaciones, con lo cual los días previos estuve con el culo a dos manos, como se dice vulgarmente; mientras estuve en el destino (que de momento no desvelaré para hacer un poco la puñeta) no tuve ocasión ni tranquilidad para sentarme y decir algo; y ahora que he vuelto... ni el trabajo ni las clases me dan tregua.
Este fin de semana seguro me tomaré unos minutos para escribir algunas cosas que he pensado.
No está bien eso de irse y volver a la francesa, no no.. Por cierto, que me ha pasado un incidente con una francesa que...

viernes, abril 01, 2005

Mi tiempo

Hace días sucedió algo pequeño, sin importancia, sin trascendencia: Perdí mi reloj.
Me lo quité para ducharme y ya no lo vi más. Mi reloj es viejo, de color plateado, con destellos en color oro. La esfera de color blanco, da la sensación de claridad al mirarlo, las agujas de color dorado se ven nítidamente dentro de ella. No tiene segundero, lo que recuerdo que la primera vez que lo ví, me produjo una sensación de desilusión. Me gustan los relojes, y ver cómo se mueven sus agujas. Antes creía que esto era sólo cuestión de debilidades, tengo debilidad por las telas, los zapatos, los libros... y los relojes. Hoy sé que no es debilidad o cuestión de gusto. En esta atracción encierra mucho más...
Siento necesidad de medir el tiempo, de controlarlo a cada hora, minuto, segundo.
Mirando periódicamente mi reloj, puedo saber muchas cosas, pero sobre todo sé donde está yendo mi tiempo.
Desde que perdí mi reloj, me he dado cuenta de que mi tiempo se va, y yo no sé a dónde. Cuestión que me produce bastante frustración.
Tengo, normalmente, acotadas mis actividades de ocio por tiempo, para no restarle tiempo a mis obligaciones... desde que he perdido mi controlador, mis ratos de ocio se han visto aumentados considerablemente, y mis ratos de obligaciones, reducidos. De forma que lo que al principio me causaba estrés, por no saber qué hacía con mis minutos, mis segundos, y mis horas, ahora se ha convertido es pura felicidad, ahora dedico el tiempo que quiero a lo que me apetece, porque ya no tengo tiempo que dedicar, ni tengo tiempo que perder, ni tengo tiempo de parar... no tengo tiempo.
Antes me gustaba mirar a mi escuálida muñeca y ver mi reloj plateado en ella, ahora me pierdo en la profundidad de los poros de mi piel, en el hueso, en el azul de mis venas... Mi muñeca ahora solo lleva un aro plateado que me acompaña desde hace mucho tiempo, ¿tiempo?... no lo sé, ya no sé lo que es el tiempo.