lunes, septiembre 06, 2004

Ese músculo que late

Llevo varios días pensando. Pensando profundamente, y ¿saben qué?, no llegué a ninguna conclusión.
He estado pensando en la necesidad que tengo como ser humano, como persona, de la compañía de otro ser humano, de otra persona.
Desde que tengo uso de razón, estoy estudiando. En la infancia, era porque si no sabías leer y escribir eras como un borrego; los que sean de mi generación recordaran aquel maravilloso programa de televisión llamado "La bola de cristal", había un sketch en el que salía un rebaño de borregos, y decían: "si no quieres ser como estos, lee"; aquello se me clavó en la mente, y desde entonces devoro libros, lo que me ha sido muy útil para desenvolverme en la vida, para ser más curiosa y preguntar por todo.... pero no encontré en ningún libro la solución al desamor, a la dependencia de otro ser, a la necesidad de otro cuerpo... no obstante, no pierdo la esperanza de encontrar este gran secreto en algún volúmen que me quede por descubrir.
Luego pasé al bachiller, ahí la razón para seguir estudiando era seguir aumentando tus conocimientos, no encerrarte en la isla primero y en el archipiélago después. Tampoco durante estos años conseguí que los demás dejaran de hacerme daño con algún comentario, y tampoco pude eliminar mis necesidades de que me AMARAN, así con letras en mayúsculas.
Más tarde, llegó la hora de decidir qué iba a ser en la vida, como iba a dejar de depender económicamente de mis padres para desenvolverme yo sola, (qué bien sonaba esto!!!), y estudié, y me peleé con ecuaciones y fórmulas; y en mis ratos libres intentaba encontrar la solución a esos ratos melancólicos, a ese sentimiento de extrañar a alguien. Siempre sin frutos.
Finalmente, hay que estudiar para ser un buen profesional, para poder destacarte del montón de iguales a tí.... Y en este punto me encuentro, y ahora , me pregunto ¿Y todo esto para qué?, sigo siendo la misma persona frágil y sentida, que una palabra más alta que otra le hace daño; la misma que necesita que le digan que soy la flor del corazón de alguien; la misma que busca en los ojos del que tengo en frente la complicidad, el amor. La misma que cada noche mira a la Luna y le pide fuerzas y protección.
Toda la vida me la pasé estudiando, soy una buena profesional, y aún no encontré la medicina que he de dar a este músculo, feo y redondo que late dentro de mi metro y medio. Este músculo al que no le afectó que le dejara de alimentar y al que sin embargo la indiferencia, la soledad, y la angustia, hacen que de un momento a otro decida que ya no puede seguir latiendo.
A ver si alguien ha encontrado la medicina, me ofrezco voluntaria para fabricarla y darla gratuitamente a todos esos músculos que laten sin compás.

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