martes, febrero 20, 2018

Ponte tu mejor disfraz...











Después de la gran experiencia del año pasado, tengo que confesar que este año esperaba los carnavales con otro espíritu, y otras ganas. 
Como novedad el Ayuntamiento puso la guagua del Carnaval, que estuvo saliendo por el pueblo dos veces cada día. Se dio la casualidad que nuestra calle estaba dentro del itinerario, y si yo ya estaba animada, la guagua me remató. 
Me pasé los días expectante, pendiente al grupo de whatsapp, a ver si se lanzaban a organizar la cabalgata de este año, y se dio la circunstancia, de que el grupo estaba de lo más mohíno. Pasaron los días, y ya me veía yo viendo la cabalgata pasar, sentada en la acera, comiendo pipas, como los años anteriores.
Y siguieron pasando los días.
Entonces, los alumnos de la ESO del cole organizaron una fiesta carnavalera para los alumnos de primaria. Y ahí si que pasó algo. Todo el mundo se puso a sacar un disfraz para llevar a los niños a la fiesta, y yo creo, que ahí la purpurina hizo su magia. Cuando llevamos a las niñas a la fiesta había otro espíritu y otras ganas. 
No faltó más. Mientras las niñas bailaban al son de Celia Cruz, las madres fuimos a comprar materiales y complementos. 
Cuando llegó el día del pasacalles del cole, nosotras teníamos ya el disfraz del grupo prácticamente terminado. Emma decidió este año repetir el disfraz del año pasado, y tan contenta que fue disfrazada de Poppy.
Mientras esperábamos ya el día de la cabalgata, yo disfruté de mi cita obligatoria en estas fechas. Yo creo que no me he perdido ni una sola de las Galas, de los 21 años que se lleva haciendo. Es maravillosa. Cuánto arte, cuánta purpurina, y cuánto equilibrio.
Y llegó. Llegó el día del gran coso.
Este año la alegoría del carnaval de mi pueblo era: Los locos años 80. Y nosotras aprovechamos la ocasión para disfrazarnos de rockeros-punketas. Tules de colores, pelucas de crestas, ojos negros, y mucha purpurina.
Yo he notado muchísimo lo que los niños han cambiado en un año. El año pasado aguantaron poco rato caminando, este año, llegaron hasta casi la mitad de la cabalgata andando, y tocando sus guitarras. Nosotras lo pasamos bien, pero ellas se volvieron locas con sus guitarras de cartón y goma eva.
Cuando llevábamos recorrida casi la mitad de la Cabalgata, la carroza que iba delante de nosotros se rompió. Al principio fue como WTF y ahora qué??.. Pero nada que unos rones y un montón de mascaritas no pudieran solucionar. Allí arrimaron hombro un montón de gente disfrazada, y apartaron la carroza para que el resto de la cabalgata pudiera continuar. Esto no es Bilbao, pero casi.
Y llegamos al recinto ferial, ateridas de frío, pero contentas al máximo.
El domingo, le mande repórter fotográfico a mi compadre, que se encuentre allende los mares, muertito de la envidia, porque el lleva la purpurina en el adn. Al ver las fotos me dijo asombrado: para que luego digan que la magia no existe.. todo es posible.. y si no mírate. Tú carnavalera!!!
Y pues sí, tiene mucha razón: Todo, todo, todo... puede pasar.
Y si es con purpurina, mejor.

viernes, enero 26, 2018

Abrigadas y orientadas







Estamos de batalla. Una grande, y dura. Queremos echar definitivamente los virus de nuestros cuerpos y nuestra casa, pero éstos malditos se agarran como garrapatas, y aprovechan cualquier rendija para volver a hacerse trinchera.
Estos dias soy como una marine, y voy cargando con agua, gorro, chaquetón, bufanda y hasta guantes. Tengo a Emma la mayor parte del tiempo como un muñeco michelin, y lo único que se oye cuando salimos/entramos de casa/colegio/actividades, es mi voz (al estilo Silvester Stallon): la boca cerrada Emma, que no entre aire!.
A veces dudo de la efectividad de todas mis estrategias, pero no puedo dejar de hacerlo.

Mientras, voy tachando los días, esperando con ansias la primavera. Y ya se nota, poquito, pero se nota.
Ayer veníamos en el coche, y se lo comenté a Emma: mira, ya los días se están haciendo más largos; la semana pasada cuando hicimos este trayecto a esta misma hora, ya era de noche; sin embargo hoy, aún no ha anochecido.
A lo que ella contestó: sí, aún se ve día por el oeste.
Literal.
Yo no sé orientarme si no es con un mapa. Y ella, ahí como si fuera girl-scout.
Cuando recuperé el habla, le dije: ¿tu sabes dónde está el oeste?.
- Sí, claro, es lo que está a mi izquierda.
Seguí muda, a lo que ella contestó, para darle mayor valor a sus conocimientos:
- Y por donde está la mar, es el Sur.
Casi freno en seco. Me demostró perfectamente que sabía orientarse. Y siguió explicándome.
- Me lo dijo abuelo.

Y ahí ya, lo entendí todo. El pobre abuelo, que tuvo que tirar la toalla conmigo, ante mi total incapacidad para aprender, se ha resarcido con la nieta.
Bueno, yo no sé orientarme, pero tengo otras capacidades en valor, como mantenernos calentitas a base de caldo y prendas de lana, lo que está muy bien, porque juntas completamos un equipo prometedor.
Tenía muchas ganas de enseñar estos jerseys. Tiene casi un año, los dos, y los hemos usado una barbaridad. De hecho creo que es mi jersey preferido estos días.
El patrón está muy bien explicado, y la adaptación a la talla de Emma fue bastante fácil, partí de un jersey básico, y acomodé el patrón a los puntos que tenía. Lo tejí con drops alpaca, que ha pasado a ser una de mis lanas favoritas. Y todos los detalles, ya sabes donde encontrarlos.


lunes, enero 08, 2018

Sin miedo a volver a empezar










En la vida de una tejedora compulsiva, como me defino sin complejos, existen dos grandes problemas: donde guardar el stash lanero, cómo gastar los restos de lana.
El primer problema lo he ido solucionando comprando cajas de almacenaje, e inventariándolas cada tanto para saber qué tengo. Si, ese es un problema derivado del primero, llega un momento en que guardas tanto y tan bien, que pierdes la noción de lo almacenado.
El segundo problema requiere más atención. Las lanas que tienen un grosor intermedio, las destino a rebecas o jerseys de aprovechamiento. Y consiste en hacer un jersey o chaqueta con un patrón básico, normalmente top-down, multicolor y multicalidad (porque no tengo pudor ninguno en mezclar merino con algodón, con lana virgen). Tengo que reconocer que el resultado de estos aprovechamientos, suelen ser prendas imposibles, que pondrían a prueba el TOC de cualquiera, pero que por contra, se convierten en las prendas que más nos ponemos, que más usamos, y con las que nos encontramos extrañamente cómodas y felices. Misterios del mundo tejeril.
La otra solución a los restos, cuando éstos son más finos, son las mantas. Tengo una especial predilección por hacer grandes trabajos partiendo de la nada. Supongo que por eso me entusiasmó el patchwork desde el principio. Básicamente hago lo mismo con las lanas.
Hace ya unos cuantos años, cuando ya tenía una buena bolsa de restos de calcetines, empecé a hacer grannies a ganchillo. Aquí tengo que hacer un inciso, aunque puedo trabajar sin problema con el ganchillo, no me estimula de la misma manera que las agujas, sin embargo, de vez en cuando me gusta hacer algo de crochet. Pues bien, ahí que me puse a hacer cuadritos. Y uno, y otro, y otro más... y llegué a tener casi 150 cuadradillos. Y llegados a este punto, llegó la cuestión de cómo los iba a unir. Y entonces me desmotivé. No tenía ninguna idea de cómo hacerlo que quedara de mi gusto.
Así que tiré por la calle del medio: busqué una caja grande, los guardé, y quitándolos de mi vista, solucioné el problema. Por lo menos, de momento, ojos que no ven, corazón que no siente.
Y el tiempo pasó, hasta que hace pocas semanas mi queridísima Loli sacó la última manta que había hecho. Para la que usó la técnica del domino knitting square, y se me encendió la bombilla.
Corrí a buscar un resto, y veloz como un rayo hice los primeros cuatro cuadrados.
Descubrí lo bien que se unían, lo bien que quedaba, y lo mucho que me solucionaría el problema de unir tantos bloques para hacer la manta y gastar los restos.
Pero ahi llegó el gran dilema: empezar de cero con los nuevos restos, o deshacer todo lo hecho ya.
Y entonces me dejé reposar. Hice un caldo en crockpott. Es uno de mis técnicas para darme tiempo.
Metes todo junto, le das al botoncito, y esperas. Pero tienes que esperar de verdad. 12 horas haciendo chupchup. Y tienes que dejar pasar ese tiempo para poder saborear un caldo delicioso.
Ese tiempo de reposo me sirvió para tomar la decisión. Había llegado el momento de tirar de la hebra. Sin miedo, con decisión, y con mucha energía. Hay veces que deshacer es una gran victoria. Y emprender nuevamente la tarea con las ideas más claras, y con mayor optimismo, sabiendo que el resultado esta vez sí va a ser el bueno.
Y esto amigas, es aplicable a cualquier asunto de nuestra vida.
Así que ahí estoy, tirando de la hebra al mismo tiempo que voy tejiéndola nuevamente.

domingo, diciembre 31, 2017

Adiós 2017








Se me hace raro hacer balance de este año, raro y complicado. Ha sido un año centrifugador. Por momentos ha parecido que era estupendioso para en apenas horas o días, convertirse en un tsunami.
Hace ya tiempo decidí que siempre, en medio de cualquier acontecimiento, tenía que centrarme en buscar el agujerito de la sonrisa. Así que aunque no ha habido grandes catástrofes este año, sí que ha habido momentos de pequeños terremotos emocionales... Pero, en medio de todo, he encontrado el motivo para justificar cada hecho. ¿He aprendido algo?.. Yo diría que sí, que algo he aprendido, aunque me temo que aún me queda mucho por seguir aprendiendo.
Este año han pasado not-so-bad-staff, pero he sufrido algunas decepciones. Decepciones con personas, que nunca dejan de mentir... la gente miente mucho. También alguna traición, un par de pequeños puñales traperos que aunque he conseguido quitarme, no he conseguido que cicatricen las heridas, y que aún, depende del momento (del tiempo, supongo) duelen un poco.
He tomado la decisión de alejarme de personas, por lo menos emocionalmente, porque por mucho que quieras, hay personas que no cambian, y que el contacto con ellas no me hace bien. Salud para todos, trae la distancia. Otras han decidido alejarse, supongo que pensarían que  la tóxica para sus vidas, era yo.. bien. No hay rencor. Cada uno debe hacer lo mejor que considere para sí mismo.
He sido mucho Penélope este año, y aunque he trabajado como hormiguita, me ha tocado deshacer. Mucho. Más de lo que nunca pensé. Volver a la casilla de salida.
Y lo he hecho. Casi con el piloto automático. Como con la lana: he cerrado los ojos y he tirado del hilo. Luego, tomando distancia, he visto como los acontecimientos tenían un sentido, y se iban armando como un puzzle. He entendido lo de  los tres puntos no conectados de Steve Jobs.
También he callado. Mucho. Hasta quedarme afónica, parece una paradoja, pero no lo es. Cuando guardo demasiadas palabras, éstas se convierten en astillitas que se me clavan en la garganta, y me dejan afónica.
Durante la mayor parte del año he tenido la sensación de "oye qué fácil", para momentos más tarde darme cuenta de que solo había visto la superficie del asunto, y que lo que inicialmente parecía easy-peasy, no lo era para nada en realidad. Y la mayor parte de las veces me quedaba parada con cara de WTF.
Pero en medio de todo esto, ha habido muchos momentos familiares de gran disfrute. Mucha playa, muchas excursiones, cielos espectaculares...
Mucha música y baile, casi cada domingo, después de la plancha, nos hemos dado nuestra sesión de baile dominical. Bailar hasta perder la respiración casi. Qué gran ejercicio.
Hemos cocinado y comido riquísimos platos. Algunos los hemos compartido con gente que queremos, otros los hemos disfrutado en la intimidad de nuestro piso... el piso... ese que pronto dejaremos. Porque creo que lo más importante que ha pasado este año es que hemos encontrado nuestra casa. Queda mucho aún por dejarla como nos gustaría, pero ya la tenemos. Y con ella hemos cerrado un capítulo largo y doloroso, y que muchas veces no he llegado a entender.
Yo volví a yoga y encontré una maravillosa coach. Conocí a Ana Albiol, y también a Diana13soles.
Y ambos encuentros me ayudaron a pararme y volver a revisarme.
He leído muchísimo. 43 libros. Estoy muy contenta de haber encontrado el tiempo para leer tanto. También he escrito, cada día. Inicié el año con varias libretas para agradecer, desear, y resumir... y hoy escribiré en ellas la última página.
He repartido pocos pero sabrosos abrazos, y me he sentido muy abrazada también.
Lo mejor de este año es que hemos tenido una buenísima salud.
Estos últimos días, como es habitual, los he dedicado a poner en orden mis listas, a preparar nuevas libretas para este año, y a sacar los proyectos parados a los que les quiero dar prioridad. Como el Centennial Quilt, que lleva a medio hacer 10 años. Estos días lo he retomado con gusto, descubriendo cuanto me gusta coser a mano.
He tejido, no tanto como me gustaría, pero he conseguido acabar un par de chales, otros pocos pares de calcetines, y unas rebecas para Emma y para mí. Y todo esto lo he hecho viendo series. Este año he amortizado muy bien Netflix y Movistar+.

2018 te espero tranquila, paciente, y con el deseo de seguir encontrando ratitos para hacer y dar lo que más nos gusta. Trátanos bien.
(Si quieres traernos dinero-trabajo-abundancia económica, no nos va a importar)

sábado, noviembre 25, 2017

Ja!



The Devil whispered in my ear
"You're not strong enough to
withstand the storm"

Today I whispered
in Devil's ear
"I am the storm"



and I am watching you


Gracias Patri, por recordármelo.

domingo, noviembre 05, 2017

Naranja de noviembre








Primer fin de semana de noviembre, y tenemos ya el final del año en pista.. tempus fugit
Ayer de pronto, sentí frío. Algo que no sentía desde yo que sé, ¿Abril?. Pues ayer, después de comer me senté a leer un rato, (Diana Gabaldón está teniendo la culpa de que teja poco y de que no cosa nada), mientras Emma iniciaba uno de sus  múltiples juegos de pinypones. En eso estábamos, cuando de pronto me dio un escalofrío, suave, leve.. pero lo suficiente para echar de menos una mantita ligera. Me fui al armario y saqué una. En cuando me la eché por encima vino Emma a cobijarse conmigo. Supongo que esto es el otoño aquí.
En estas latitudes no podemos esperar más que un poco de frío (poco) y ¡ojalá! algo de lluvia. El resto va a tener que correr de tu cuenta, o de tu imaginación más bien.
En esta casa no podemos quejarnos de la dotación de imaginación que nos tocó. Y pensando en noviembre y en pintar nuestro otoño, el color estaba claro. Todo al naranja.
Lo primero, la corona de la puerta. Aprovechando que la saqué, hice una breve ordenación en la caja donde las guardo, y pude comprobar que tengo 6 coronas adornadas, y la estructura de otras dos a la espera de ideas felices. Me puse contenta pensando que nuestra nueva casa tendrá al menos dos puertas donde poder colgarlas al mismo tiempo. Punto más para la casa nueva!
Lo segundo, pasar por la frutería y comprar kakis. En serio, ¿hay en este tiempo una fruta mejor?.
Días atrás compré dos calabazas para poner en casa por Halloween, que no es que haya demasiada celebración por aquí, pero cualquier excusa me vale para adornar la casa un poco y vestirnos de fiesta.
Pasado el día, las abrí, las limpié y al horno. Ahora tengo boles de puré de calabaza asada, para unas cremas, y para un par de pumpkin pies. Es probable que intente incluso, algún pumpkin latte.
También saqué nuestro tablero de dar gracias. Y empezamos a llenar los sobres desde el día uno. Este año hay una grandísima novedad, y es que Emma está escribiendo ella misma sus tarjetas. Yo, para mí, que esto es ya un motivo suficiente para dar gracias por todo el mes. Pero, le paso su tarjeta y disimulo, mientras me limpio las lagrimillas. Es el tercer año que hacemos este ejercicio, y es divertido, necesario, y muy enriquecedor. Pruébenlo!
De último, retomé unos calcetines que casualmente tienen muchos naranjas. Estoy leyendo muy despacito la Making de este trimestre, porque intento alargar lo posible este placer.
Y para placer, las duchas con gel de vainilla y calabaza de TheBodyShop, que terminan con una bodybutter de la misma línea (Loli infinitas gracias!). Cómo huele señoras, cómo huele. Hasta Emma me ha pedido que se la ponga algunas noches. Es un olor de ahmmmmmm. Si tienen una tienda cerca, entren y dense un capricho (por cierto, que no me patrocinan ni nada).
Y con esto y poco más, no albergo duda alguna de que nuestro otoño es posible que sea corto, pero será muy anaranjado.

lunes, octubre 23, 2017

Mañana




Mañana cumplo 42. Y es algo bastante extraño, porque tengo la sensación de no haber tenido 41. Todo este año, he dicho tengo 42, y luego rectificaba: ¡ah, no no, que son 41!, es como si algunos números no terminara de asociarlos con mi persona. No tuve 41 y voy a estar dos años teniendo 42.
Por ahí, en alguna de mis múltiples libretas tengo una lista con 42 deseos por cumplir, pero hoy me bastaría con poder sentarme delante de la mar y dejarme ir. Necesito recargar pilas, con urgencia. Y tu pensarás que  decir esto un lunes, es una total incongruencia. Pues no, porque me he pasado el fin de semana trabajando ¡ay! la vida del autónomo. Venga va, que no me quejo, que por lo menos, lo que hago me gusta bastante.
Recargar pilas para mí es sinónimo de agua. Baño de mar, observación de la mar, respirar mar.
Ayer por la tarde, después de estar todo el día sentada, puse música y me levanté. Emma como siempre que oye salir música del ordenador, sabe que mi jornada laboral ha terminado, y viene corriendo a unirse.
Sin hablar y sin estar premeditado, salimos saltando por el pasillo al ritmo de Estalactitas.
Por la noche, cuando ya estaba metida en la cama, y me puse a pensar en lo que realmente quería para este próximo año, me di cuenta de que era justamente eso, que no se nos quiten nunca las ganas de bailar. Porque esto también me recarga pilas.
Y hoy, es el último día que tengo 41.