jueves, abril 23, 2015

El día de dos de mis cosas favoritas







Se celebra hoy el día del libro. Una de mis cosas favoritas en el mundo mundial.
Desde hace unos años, se ha extendido la costumbre catalana de acompañar el libro de una rosa.
Y así se juntan, dos de mis cosas favoritas. Los libros y las rosas.
Hoy estamos resguardadas en casa (desde hace ya tres días) porque Emma tiene un resfriado de cierta importancia. Cuando creí que había dejado atrás a los virus invernales, llegaron los primaverales. Así que hoy, hemos bajado todos nuestros libros de las estanterías, les hemos quitado el polvo, y hemos leído algunos.
De nuestra biblioteca, estos días los siguientes son los preferidos de Emma. Aunque si tiene que elegir uno solo, sin duda es el de Bienvenidos a Mamoko. Es un libro sin letras casi, pero con infinidad de historias distintas. Es un libro para imaginar, para jugar, y para pasar un buen rato juntas o a solas.
A mi personalmente me encantan los libros de Mónica Carretero, las historias son geniales, y las ilustraciones no me podrían gustar más.
Y de último, los cuentos más bonitos que he leído nunca son los de Oliver Jeffers, con ilustraciones curiosas, pero lo que realmente importan son las historias, que de verdad son bonitas, de esas de tocarte el corazón.
Terminé Las flores no sangran de Alexis Ravelo, y quedé encantada. Sus libros me transportan a una ciudad que fue la mía, y que ahora siento en la distancia, aunque ya no soy yo. Genial escritor de novela negra. Y ahora estoy leyendo a Dulce Chacón, en La voz dormida, y el Elogio a la lentitud de Carl Honore. También estoy releyendo a ratos a Sabines... Eterno Sabines. Es el primer poeta que se me viene a la mente siempre.
Y no por quedarnos en casa, nos hemos quedado sin rosas... Tenemos dos mini rosales nuevos. A los que trataré de no matar próximamente.
Y tu, ¿qué lees?

martes, abril 21, 2015

Amígdala a puntito de colapsar












Va llegando mayo, esa época del año en la que sufro una especie de colapso cerebral, y mis sentidos buscan de forma compulsiva algo en lo que enredarse. Me pasa cada año, así que a estas alturas de mi vida, ya voy reconociendo los síntomas. Así que como soy capaz de predecir lo que pasará en las próximas semanas, ando con cautela, para poder prevenir consecuencias.
Intento pasar esta época, con cuidado, sin profundizar en nada. Porque como profundice, sufriré esa especie de neurosis obsesiva que me llevará a investigar, a leer, a escribir, y a poner las neuronas a punto de la extenuación a base de múltiples sinapsis.
Y es difícil, porque en cada cosa que acometo, siento como una atracción muy fuerte para adentrarme más. Es como estar en la fase uno del enamoramiento, donde estás un poco espídica, un poco tonta, y un poco pesada con lo mismo, o sea una combinación terrible, hasta para mí misma.
He vuelto a colarme en un jardín municipal para robar unas ramitas de lavanda. Casi me pilla el jardinero, otra vez, así que solo he cogido unas poquitas. Va siendo el momento de comprar una mata y tenerla en casa, porque ya tengo una edad para estas cosas. Y entonces busco los tipos de lavanda que hay, los cuidados que necesitan, las formas de cultivarlo... Y ahí mi amígdala entra en funcionamiento: DANGER DANGER.. Así que cierro google y me voy a la cocina.
Soy una completa fan de las empanadillas, aunque las hago muy poco, porque no me quedan especialmente bonitas, y lo de estar friendo tampoco me entusiasma. Pero para casi todo hay solución, el horno y el repulgue.
Y como tengo el horno encendido aprovecho y horneo unos hojaldres de dulce de leche.
Para matar la espera del horno, y para quedarme dentro de la zona de control, repaso la nevera, y pongo en marcha una mermelada de fresas. En una casa nunca hay suficientes conservas.
Y es el tiempo de espera, y me pongo a mirar  Sigo buscando y entro en pinterest, a ver de qué cosas increíbles se pueden hacer empanadillas, y mi amígdala me vuelve a advertir: DANGER DANGER.
Segundo aviso en menos de tres horas, realmente estoy mal. Es como si Cupido me hubiera disparado una flecha, cosa nada rara, porque ya sabemos la horrible puntería que tiene, y debo mantenerme quietita porque corro el riesgo de enamorarme de una silla..
Y así es, me surge la posibilidad de visitar el museo de la Cilla, y ahí está, esta formidable silla.
Me vuelvo a casa, intentando no moverme mucho, porque tengo la amígdala a punto de la combustión espontánea por la cantidad de trabajo que le estoy dando, y cae en mis manos el último libro de Alexis Ravelo, y veo que ha empezado la segunda temporada de Outlander... y aydios!
Escucho otro mensaje de mi amígdala, el último: renuncio.
En fin, voy a ir pensando que soy un caso sin remedio. Así que me relajo, y disfruto de este momento de absoluto embelesamiento por casi todo lo que me rodea.

sábado, abril 18, 2015

Feaga 2015












Hoy nos hemos levantado temprano, hicimos una tortilla de papas, y una ensalada de pimientos asados, y nos metimos en el coche, con cuerpo de excursión. Nos ataviamos con crema y gorras, tuppers y botellas de agua. Totalmente preparadas.
Desde ayer le dije a Emma que hoy haríamos una excursión, y se puso emocionada y nerviosa. Tanto, que anoche le costó más de lo normal conciliar el sueño. Me produce una ternura infinita estas situaciones. La inocencia con la que afronta cada nueva situación, y la emoción contenida que supone experimentar todo aquello que está vestido de diversión.
Recogimos a LaBajista y a ElGuitarrista y pusimos rumbo Sur. Feaga 2015, era nuestro destino.
Este año, el tiempo estaba más fresco, cosa que agradecimos de entrada, porque con el calor y la gente, se hace bastante pesado seguir la feria. Pero el viento se fue poniendo más fuerte a medida que pasaban las horas, y tuvimos que abortar nuestra idea de comer al aire libre.
Cada año, los animales tienen mejor aspecto, y están mejor ubicados. Ya no queda casi nada de aquel recuerdo de la feria que tengo de cuando era pequeña, de animales (bastante apestositos) hacinados y con una terrible cara de tristeza.
Hoy había muchos menos animales, pero de mejor presencia.
Vimos ganado caprino, ovino y vacuno. Muchas especies distintas de gallinas, algunos camellos, y otros tantos burros.
Sigo entusiasmada con las ovejas canarias de lana, que este año había más ejemplares que el año anterior. Y también descubrí con asombro las ovejas más típicas de aquí, la especie pelibuey.
Me gustó mucho el stand del cabildo de Lanzarote, con una muestra clara de todos sus productos típicos, imitando las antiguas tiendas de aceite y vinagre, tan comunes hasta hace pocos años. En este stand tenían una gran cesta con chícharos, que es una legumbre también muy común en las islas. Hacía mucho tiempo que no los veía. Cuando era pequeña los odiaba con todo mi estómago, sin embargo hoy me dieron ganas de comer un caldo de chícharos. Igual va siendo el momento de que los vuelva a comer.
Y como en toda feria agrícola ganadera que se precie, no podía faltar un espacio dedicado a la maquinaria de ayuda, como pueden ser tractores, arados, y demás aparejos. Algo que no conocía y que me llamó mucho la atención, fue la técnica hidropónica de forraje. No me parece muy bien engañar a la semilla para hacerla crecer más rápido, pero desde luego me parece mucho mejor darle esta comida a la cabra en lugar del pienso, que a saber qué contiene.
Al final del paseo está el vivero de flores, preciosas flores, y de donde me traje dos rosales mini y un jacinto. Y donde MiMariposita, que se ha convertido en la chica de los cactus, se quedó extasiada con todos los que había. Le entusiasman los cactus, con sus pinchos y sus flores. De cualquier forma y de cualquier clase. Y como sabe que yo voy con la cámara a cuestas a todas partes, se sienta y me dice: mamá sácame una foto aquí con estos cactus tan enormes!.
Ha sido una gran excursión, que esperamos repetir el año próximo.

domingo, abril 12, 2015

La Casa de los Coroneles














Me pasa últimamente que me enamoro con cierta facilidad. La particularidad de mis enamoramientos estriba en que no lo hago de personas. Creo que de la única persona de la que estoy y estaré profundamente enamorada es de Emma.. Anyway, me pasó hace dos años con la Asuncionita, el año pasado con el carnero en Feaga, y ahora con La Casa de los Coroneles.
Me quedo muy corta en descripción, si solo digo que la casa es ma-ra-vi-llo-sa. Y en el fondo, no hace falta añadir mucho más, las fotos hablan por sí solas.
Estuvo durante décadas abandonada, hasta que hace ya otra década más, se materializó la restauración. Creo que ha sido un buen trabajo, porque por lo menos ahora está cuidada, mantenida y vigilada. Aunque en el tiempo se han perdido objetos y datos importantes, como la pajarera que había en el patio.
Me llamó especialmente la atención el comedor de la casa, la despensa, y las cuadras, que están en la parte baja de la casa.
Los suelos y los techos de madera, el ancho de los muros (más de 50 cm), las ventanas revestidas por dentro, la escalera de piedra de Tindaya, los dinteles de madera.. Eché de menos una vitrina con algunos utensilios de la casa como piezas de la vajilla, de la cocina, o artículos personales de los habitantes de la casa.. Probablemente no se conserve nada.
La visitamos ayer por la tarde. Temprano y casi sin más visitantes. Ahora mismo la casa acoge tres exposiciones, dos de pintura, y una sobre la Masonería. También hay una sala donde se expone la historia de la casa, así como la de sus habitantes. Muy muy interesante, aunque Emma estaba más interesada en ver los cuadros que en dejarme leer. Así que no me quedará otra opción que volver para poder satisfacer todas mis curiosidades. Existe en estos momentos, una ruta teatralizada, que también tengo marcada en la agenda.
Si están de visita por el norte, no deben perdérsela.
Una vez más mi cabeza une pensamientos y saca conclusiones. La casa en el tiempo en el que estuvo abandonada de la vigilancia administrativa local, estuvo sometida a saqueos, y abandono. Y esto me lleva directamente a enlazarlo a la educación que tenemos. Tanto a la académica como a la moral. Y no le echemos culpa a que no había dinero para mantener la casa, por ejemplo, para cuidar algo que es de todos, y que es nuestra historia. No hace falta tener dinero para eso. Solo hace falta estar educado y ser respetuoso. Algo que nos sigue faltando.

jueves, abril 09, 2015

Naturaleza viva











Ha pasado ya una semana que se acabaron las vacaciones, y sigo con pereza de todo.
Pasamos la Semana Santa, o parte de ella, en NuestroNorte.
Me he deleitado viendo como han ido saliendo los bulbos que planté hace tres semanas, hemos disfrutados de las flores que hay en el pequeño jardín, y hemos estado en la playa hasta que se ha ido el agua. Aunque para Emma, eso no era inconveniente.
En el jardincillo se han dado cita todo tipo de animalillos, desde sarantontones hasta perinquenes. Uno de ellos se dio un banquete a base de una mariposa, en el preciso instante en el que fui a sacarle la foto.
La naturaleza es un espectáculo asombroso.
Este año ha llovido bastante, para lo que suele llover en esta isla, y se nota en todas partes. Las piteras están enormes, y esas plantas, cuyo nombre desconozco, que salen en las dunas de la playa, están en su punto máximo esplendor. Cargadas de flores y de sarantontones.
Y entre medias, yo aproveché para leer, avanzar mi big granny y seguir gastando ovillos, y darme algunos lujos.
Cada día estoy más convencida, de que necesitamos más espacios verdes, y menos espacios de asfalto, hormigón o corchos de esos horribles con los que se forran los parques infantiles, que a mí me dan fatigas solo de verlos.

domingo, marzo 29, 2015

Instrucciones para atorrijarse






Desde que ví a Ibán Yarza con David de Jorge presentando los Semlor, me declaré fan total de estos maravillosos bollos. Y también del "atorrijamiento", como acción de atorrijar o como el estado de atorrijarse.
Ya hice los bollos, pero cuando fui a rellenarlos, me encontré escasa de avituallamiento y energía.
Tenía una cuenta pendiente con ellos. Hoy, domingo de Ramos, con una hora menos, e iniciando la Semana Santa, tenía la excusa perfecta.
Desde que me levanté los tenía en la cabeza. Hice un breve inventario de ingredientes, y tenía de todo, así que manos a la masa.
Lo primero que hice fue ambientar la cocina, y le di a la reproducción aleatoria de mi música.
Mezclé harina, huevos, leche, mantequilla, azúcar, levadura y cardamomo (mucho cardamomo) con la compañía de Fede. Empecé a mezclar y llegó ese momento incómodo en que tienes la mano totalmente pegajosa. Pero me puse a cantar:

yo que bajé, al infierno en bicicleta
yo, que bailé con el diablo un rock and roll...

... yo que inventé la palabra fortaleza..

Y me vine arriba con la masa. Y le di su amasado y su reposo. Y la masa empezó a desprender un olor maravilloso de harina y cardamomo.
Seguí amasando, con movimientos rítmicos y constantes. Y vino la canción del Flaco para darme la razón..

vine de lejos, tuve nostalgia
en mi equipaje no entraron lágrimas.
vine de lejos, bebiéndome el miedo
haciendo turismo por cuerpos amargos...

el tiempo en el que abrí, las puertas de lo que vendrá.

Llegados a este momento, se puede decir que había un gran ambiente en la cocina, además de un aroma espectacular, aunque era el momento del primer reposo.
Emma sintió total atracción por el olor y a lo bien que yo me lo estaba pasando, así que se me pegó como una lapa, a la voz de: Bailemos, mamá. Y la reproducción aleatoria del spotify le concedió el deseo.
Normalmente bailamos mucho con Jorge, y casi tenemos una coreografía para esta canción. No perdimos ni un segundo en lanzarnos por nuestra cueva a girar con la música.
Con el ritmo a tope, metí las almendras en la thermomix, y las trituré a máxima potencia. Le añadí la leche y el azúcar, y lo puse 3 minutos a velocidad 3, con temperatura 37º. Quedó una especie de mazapán de comérselo a cucharadas.
Pasó la primera fermentación, le dimos forma a los bollos, y volvimos a dejar en reposo.
Emma estaba muy metida en faena, y la música se nos estaba viniendo un poco abajo, así que hicimos trampa, y buscamos una canción que nos volviera a levantar los pies del suelo.
¿Qué pongo Emma?. Mamá mamá, pon la canción de Olivia. Olivia, mi sobrina, de 13 meses, es una completa fan de esta canción. La oye y por ella como si se para el mundo. Deja de hacer lo que quiera que esté haciendo y a bailar.
Y nosotros, hoy, hemos hecho lo mismo.

don't believe me, just watch

Y los bollos creciendo, y nosotras bailando.
Suena el reloj de la cocina, confirmando el instante de abrir el horno.
Solo 12 minutos de horneado. Y todo listo para rellenar.
Primero, vaciar los bollos, una niña al lado que se encarga de comerse todas las miguitas, incluso calientes. Segundo, una cucharada generosa de mazapán. Tercero, otra cucharada de nata. Y cuarto, tapar con su tapita.
Al final, azúcar glas por encima.

Y llega el momento del día. El momento del atorrijamiento. Se calienta un poco de leche en un pequeño bol. Y se mete el semla dentro. Esperamos unos minutos, que son ideales para escuchar esta canción y ponernos en situación. Darnos unos mimitos y decirnos que nos queremos. Yo a ella y ella a mí.

con la ilusión magullada,
que duro sería vivir
sin la emoción de tus alas..

El semla atorrijado. Nosotras en el cielo, cucharada a cucharada.

cerrar la luz y dormir
acurrucada contigo

Y como suelo decir, benditos fueron todos los muertos de mis armarios, si al final, lo que me esperaba, era esto.