A lo tonto y a lo muy rápido ya estamos en medio de Junio y en medio del año. Sinceramente, estoy deseando dejar atrás a esta primavera loca, que nos ha traído días grises, vientos, y muchas revolturas.
Este mes de Junio está siendo un poco toca-moños. Y no por nada en concreto, gordo y preocupante, están siendo un cúmulo de pequeñas cosas insignificantes que están mermando la alineación de mis chakras.
Resulta, y aún me estoy preguntando el cómo, me ha salido una herida en el pecho, ese que Emma toma a cada rato y que ha hecho su perfecta labor en todo este tiempo.
Emma tiene 22 meses, y seguimos con lactancia materna. La experiencia ha sido maravillosa para las dos. Ella está sana y alimentada, y yo me siento tremendamente ¿realizada?. No sé... no sé que calificativo usar que defina plenamente lo que ha sido amamantar.. Digamos que me hace sentir bien, muy bien.
No he tenido problemas de grietas, ni de malas posiciones, ni de dolores, ni nada de nada en estos 22 meses, pero héteme aquí, que tengo, ahora mismo, la madre de todas las heridas. En fin, que cada vez que mama veo las estrellas, el firmamento... Es más, creo haber descubierto alguna que otra galaxia en estos días. Sé que va a pasar, estoy convencida de ello, pero mientras tanto, ando dolorida y apesadumbrada.
Lo que oigo alrededor es más o menos lo mismo: y no será ya la hora del destete??
Y después de pensarlo, lo tengo claro: Pues no.
Me niego a que esta experiencia termine de esta manera tan traumática. Con dolor para mí, y sin poder darle leche a Emma cuando me la pide. Voy a dejar que esto pase, y luego, cuando ella lo crea oportuno, dejaremos de lactar.
Ahora mismo duerme de esa guisa, es lo que tiene no dormir siesta, que a las ocho está fritita en cualquier posición imposible.
Hoy hemos ido a la biblioteca del Centro Insular de nuestro pueblo. Emma me ha acompañado, y se ha portado estupendamente. Me ha hablado bajito, y se ha sentado en el suelo al tiempo que yo iba sacando libros para llevárnoslos a casa. Ha sido ella la que ha elegido cuáles quería coger. De entre ellos, está éste. Ni lo miré bien allí. Cuando llegué a casa me llevé la tremenda sorpresa.
Es bonito, muy bonito, aunque con un mensaje un tanto turbador. Yo que soy así de naturaleza turbada, lo he encontrado muy revelador y he maldecido el hecho de no haberlo encontrado antes en mi vida. Hubiera sido un libro de cabecera, y me hubiera ahorrado algún que otro disgusto.
La cuestión es que no lo creo en absoluto, un libro apto para infantes. Así que de momento me lo quedo yo, y disfruto de la lectura y las ilustraciones, que me parecen preciosas.
De resto estoy cosiendo. Un bloque al día, de noche, y casi cuando se me caen hasta las pestañas. Pero me he puesto una meta, y ... pues, así soy de cabezota. Mis chicas del Centennial tienen los suyos prácticamente listos. Así quedará el mío también cuando termine de coser los 6 bloques que me faltan para completar los 56 que tiene el top. No es complicado, solo hay que tener un poquito de orden y destreza.
Con todo esto entre manos, y el ánimo un poco decaído, veo como la orquídea que resucité con grandes dosis de vitamina B, está perfectamente, con raíces llegando ya al fondo de su maceta. ¡Ay qué ver! con lo complicado que me parecía cuidar de una orquídea.. Ojalá todo se redujera a grandes dosis de vitaminas.
